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Infraestructura Deportiva

La niña de la fundita de agua

Cuento corto sobre los inicios de Marileidy Paulino.

Por Pedro Almonte

Hubo una vez, en tiempos no muy lejanos, que una niña pueblerina, viendo sufrir a su familia de grandes necesidades y teniendo ella como triple don, la espiritualidad, la voluntad y la fuerza física; un día conversando con su madre le dijo….. mamá -a modo de recibir su permiso y bendición- mamá, quiero irme a la ciudad grande, le prometo que mi comportamiento será el mejor y que volveré realizada, hecha toda una triunfadora.

La Madre, como toda madre, comprensiva, sin hacerle saber la nostalgia que su ausencia provocaría, asintió y lo único que le dijo fue… hija, te pongo en las manos del altísimo, creo en ti y se desde ahora que, al darte la bendición, te deseo todos los éxitos que una niña como tu mereces.

Te recuerdo que, vivir fuera de su casa materna, no es tarea fácil, se te presentarán cientos de adversidades, pero segura estoy que todas las vencerás.

La niña, emprendió el viaje tan sólo con una mochila con sus pocas pertenencias, pero en ella y su pensamiento, llevaba el amor a Dios y su férrea determinación.

Desde que llegó a la gran Ciudad, tan sólo con el pasaje de ida, no del regreso y su mente enfocada en el progreso, se incorporó de inmediato a la práctica deportiva, probó más de una disciplina deportiva, que junto a su propia disciplina personal y fuerza física proporcionada por sus genes, la fueron perfilando como una futura campeona.

Al ser humano, que viene de los estratos humildes, los desprecian,  en muchas ocasiones hasta por su color de piel, por eso para sobresalir, ella tuvo que hacerlo de la manera más superlativa, y la niña de la fundita de agua y el yanikeke, como proteína, lo logró.

Convirtió el desprecio, la desatención y la mala alimentación, primero en oro de metal y sudor mundial y luego en oro y metal olímpico, al punto de bajar del trono literalmente a 206 países que componen el olimpismo mundial, con sus números de nuevo records olimpico, acompañado de un gran contenido de vicisitudes, sudor y lágrimas.

¡Grande Mariledy! vociferaban los distintos grupos enardecidos de su pueblo, reunidos en carreteras, calles, callejones, balcones, acompañados del susurro de las olas del mar bravío del Caribe, al verla pasar con una sonrisa de triunfo y timidez.

La niña de la fundita de agua, unió y alegró todo su país, y cumplió con lo que le ofreció a su progenitora y a su pueblo, sobre todo, convirtió el brillante oro, en un metal humano, sin ninguna vanidad, esa es la niña de la fundita de agua, que había convertido con sus piernas y gallardía, el oro brillante, en humildad pura.

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