
Por: Pedro Almonte
Tengo el concepto, (simplemente emosional) que todo aquel que ha portado en su pecho, la bandera dominica, representando el pais en playas extranjeras o ha llevado el uniforme de su pueblo o hasta del propio barrio, en mi opinión, -sin dudas una opinión impractica-, es para su pais, para su pueblo, para su barrio, un inmortal.
Pero en la práctica en la lógica común eso no puede ser, es un imposible, pues todos lo que hemos practicado, dirigido, escrito, construido algo para el deporte, no podemos tener la categoría de inmortal en verdadera magnitud.
Eso sucede en cualquier actividad humana, un inmortal, tiene que ser, un fuera de serie, un distinto, un sumador de números y de calidades, en fin un trascendente, incluyendo tambien, el tema de un buen comportamiento social.
Si fuese por fanatismo deportivo, ni siquiera habría tiempo/ espacio para escogerlo en pueblos y barrios de tantos que existen.
Ni siquiera los atletas, dirigentes, de alta competición (selecciones) y demás capítulos, podrían ser todos inmortalizados.
La «tabla» con que se debe midir la inmortalidad deportiva debe ser, de una dimensión corta, comprimida, analítica, abierta a enlongarse en el futuro, poco a poco, exigente, en lo posible incomprometida, libre de emosiones y de afiliación política dirigencial, pues así, sin ninguna dudas, entraría la politica a decidir.
Es por eso que, tanto el Pabellón de los inmortales del Deportista Dominicano, asi como tambien, los distintos Comités de inmortales, existentes en los pueblos, deben ser conformados por hombres probos sociales, honorables, resistentes a toda desviación del buen comportamiento social, que tengan una dimension incluso en ese sentido, muy por encima del mismo individuo a ser evaluado como inmortal.
Una sugerencia a los diseñadores de programa de gobierno:
Los inmortales, de los pueblos o deportistas destacados, que deambulan por ahí, con hambre, lleno de necesidades y enfermedades, le sugiero abrir un capítulo presupuestario para que tengan una ayuda especial, mas allá de la tergeta superate, que su sudor, dejado en los escenarios deportivos, igual que las estrellas mas destacadas, inmortalizadas en el Pabellón de la Ciudad Capital, sean recopensados con un » chin» mas. Los pueblos, también tienen sus inmortales y los pueblos, tambien existen.



