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Siempre con la Verdad

Julio King Domínguez: trabajador admirable

En esta semana, la familia mauriciana despidió a uno de sus hijos más queridos, a un trabajador admirable que, de sus 62 años de existencia, brindó amorosamente 50 al glorioso Club Mauricio Báez: Julio King Domínguez, llamado cariñosamente Kimorris.

Julio King Domínguez (Kimorri). Fuente Externa

Ramón Rodríguez

Saber que es ley de vida que tarde o temprano, tendremos que abandonar este mundo, no nos aturde tanto, que tener que ver partir a seres queridos, en plena capacidad de seguir aportando a esta sociedad que se degrada raudamente.

En esta semana, la familia mauriciana despidió a uno de sus hijos más queridos, a un trabajador admirable que, de sus 62 años de existencia, brindó amorosamente 50 al glorioso Club Mauricio Báez: Julio King Domínguez, llamado cariñosamente Kimorris.

Fue muy doloroso ver a cientos de personas de todas las edades y diferentes extractos sociales, dar muestras de dolor y expresar las virtudes que adornaron a Julio Kimorris, hermano del presidente del Club Mauricio Báez, José Boyón, Domínguez, quien manifestó en su palabras de agradecimiento, que llevó a ‘’kimo’’ al Mauricio a la edad de 12 años.


La muerte siempre será un misterio insondable. Nos resistimos a perder lo que amamos, olvidando que estamos llamados a perdernos nosotros mismos. Es ineludible acudir al razonamiento del Nobel de Literatura Albert Camus, sobre el ‘’sinsentido de la vida’’.

A pesar de sus quejas, Camus siempre admitió que si algo tiene sentido es el hombre. Y en ese aspecto, Julio Kimorris, justificó con creces su estadía en esta tierra, pues aportó su talento, sus enseñanzas y su disciplina a lo más puro que tienen todas las sociedades del mundo: los niños.

Dentro del inmenso dolor que provocó la partida física de mi primo Kimorris, también hubo espacio para aprender algunas cosas: el dinero no da importancia, la notabilidad la adquirimos con nuestras buenas acciones en la tierra. Julio King era absolutamente humilde y por eso, lo despedimos como un grande, como él se lo merecía. Hubo testimonios de su ejemplar conducta: como jugador, árbitro, técnico, educador, excelente padre, buen hijo, gran hermano y excelente amigo.

Hay otra enseñanza que no debe pasar desapercibida, y es el impacto positivo de las instituciones deportivas y culturales en los jóvenes. Julio Kimorris fue una creación en todo el sentido de la palabra, del Club Deportivo y Cultural Mauricio Báez. Ahí se formó desde niño y adquirió la disciplina que le sirvió toda la vida para ser un hombre ejemplar.

Nos enseñó Mario Benedetti, en su poema:’’ Alegría de la tristeza’’ que la alegría y la tristeza van de las manos. Los mauricianos celebramos con júbilo que la membresía, además de reelegir a José Boyón Domínguez como presidente, escogió a varios jóvenes en la directiva y a otros en comisiones de trabajo, pero sólo bastó una nefasta llamada telefónica para que nuestra alegría se invadiera de tristeza.

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