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Tenis de Mesa

Juan Vila: raquetazos con sangre cubana

Testimonio de un amigo dominicano, presidente de la Unión Latinoamericana de Tenis de Mesa.

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Juan Vila, Foto: Calixto N. Llanes
Por: Eyleen Ríos López (eyleenrios@inder.cu)

LA HABANA, Cuba.- UN TATARABUELO emigrado a Santiago de los Caballeros plantó la semilla cubana en quien muchos años después sería un exitoso jugador de tenis de mesa y un enamorado de esta Isla, tan cercana a la suya.

Juan Vila Reynoso es el máximo ganador de medallas en su deporte en Juegos Centroamericanos y del Caribe, y fue en La Habana 1982 donde consiguió las primeras de ese listado.

Esa coincidencia se repite una y otra vez en su vida. Siente a la capital cubana como propia, disfruta caminar por sus calles y quizás por azar una cubana le “robó” el corazón hace 15 años y le ha regalado dos hijos que le hacen un hombre feliz.

Actual presidente de la Unión Latinoamericana de Tenis de Mesa (ULTM), Vila tuvo desde joven el don de la dirigencia. Asegura que siempre se ha preocupado por los demás, y por apoyar el deporte no solo como jugador. Por eso no es raro que haya encaminado sus pasos en esta dirección.

Recientemente estuvo en La Habana y no solo como federativo. Se le vio raqueta en mano, como reviviendo sus mejores épocas, durante el Campeonato Latinoamericano Máster.

En medio de sus ocupaciones accedió a un intercambio con JIT que no pudo ser lo extenso que deseábamos. Faltó mucho por contar, detalles que traer desde el recuerdo, pero lo importante fue acercarnos a su prolífica vida.

La Habana es un sitio recurrente en su vida, sobre todo desde los juegos regionales de 1982

Cierto, porque logré mi primera medalla de oro y se la ganamos a Cuba. Para nosotros fue algo grandioso. El sueño de cualquier atleta es representar a su país en juegos multidisciplinarios, y el techo nuestro eran los Centroamericanos y del Caribe.

Venía de ganar la Copa Latinoamericana en febrero de ese año, pero se me presentó una eventualidad… Quería terminar mis estudios universitarios y descuidé un poco los entrenamientos.

Vine muy cargado, pero fue una experiencia grandiosa. Era mi primera vez en unos Centrocaribes y la rivalidad con Cuba rosaba lo extraordinario.

¿Por qué se decidió por el tenis de mesa?

Me encantaba el baloncesto y jugaba tenis, pero era pequeño y flaquito… A tiempo dije: no, mi deporte es el tenis de mesa. Tenía 10 años, sabía lo que quería y lo hice en serio. Estuve en la selección nacional desde 1975 hasta 1989.

¿Qué le dejó el deporte?

Humildad, mucha humildad. Esa grandeza que vives cuando estás en plena forma, pero que luego va bajando hasta que dejas de ser atleta, te convierte en una persona normal.

¿Difícil el momento del retiro?

He sido un hombre feliz, pero ese momento es muy difícil. Asumir el reto de dejar el deporte es difícil. Me retiré siendo el número uno de mi país, pero no tenía resultados internacionales y estaba fuera de época.

¿Compensa la felicidad que deja el deporte?

Esa felicidad no tiene precio. Cada triunfo es diferente. Por ejemplo, ganarle a los chinos es algo indescriptible. Otro momento importante, ya no como atleta, sino como papá, ocurrió cuando mi hijo Juancito ganó la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez. Son felicidades diferentes, orgullos distintos.

¿Y los malos momentos?

También los viví. Con 18 años de edad tuve que ponerme un yeso debido a un sobrehueso. Pensé que mi vida atlética iba a pasar. Fue algo muy triste en mi carrera. Pasé 45 días con aquello y no sabía si podía volver.

¿Ser deportista sentó las bases para luego dirigir la federación de su país y la ULTM?

Eso nació conmigo. Desde pequeño tenía vocación de servicio, de líder, de dejar lo que estaba haciendo para dedicarme a otras cosas dentro del mismo deporte. Con 15 años me propusieron la secretaría general de la asociación de mi ciudad y dije que no. Podía colaborar, pero no era mi tiempo. Desde entonces me veían preocupado por asuntos más allá de ser atleta.

¿Qué se necesita para triunfar en el deporte?

Trabajo y fe en lo que haces. Y cuando digo fe significa saber levantarte cuando te caes. Aquí son más las derrotas que las victorias y tienes que sobreponerte. La vida me ha enseñado que no basta el talento. A veces vale más la persistencia. La fe es vital para lograr un objetivo extraordinario.

¿Cuál es su mayor satisfacción?

El deber cumplido, ser el atleta masculino con más medallas en el tenis de mesa de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y en los Panamericanos. Se trata de un orgullo personal y sobre todo para mi país. Siempre jugué pensando en mi patria y eso me llena de satisfacción: saber que aporté al deporte dominicano.

¿Hacia qué dirección encamina sus pasos la ULTM?

El plan estratégico planteado va a comenzar a dar frutos dentro de 8 a 10 años. Se aprecian destellos, como el brasileño Hugo Calderano, número seis del mundo, y la puertorriqueña Adriana Díaz, quien aparece entre las primeras 25 del ranking.

El objetivo radica en crecer controladamente, con planificación y no fruto del azar. Nuestro gran reto es acercarnos a Europa y luego a China. En estos momentos resulta muy difícil alcanzar el nivel asiático.

China, Japón, Corea… tienen sistemas que debemos imitar, pero todavía no llegamos a eso, no tenemos una estructura que nos permita crecer así. Lo importante es que estamos abriendo el camino.

¿Se dedicaría nuevamente al tenis de mesa?

Esa es mi vida. No me arrepiento de nada. Soy un hombre feliz porque he estado vinculado 49 años al tenis de mesa. Ha sido una vida intensa y no la cambio. Junto a eso está mi familia, mi esposa Noema Mena, sostén durante los últimos 15 años. Ella ha compartido todas mis decisiones.

Vía: JIT

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