Aguascalientes, Ags. (Prensa Rieleros) .- El 12 de julio de 1978, el Estadio Alberto Romo Chávez fue testigo de una de las más grandes hazañas del beisbol mexicano. Horacio Piña, lanzador derecho de los Rieleros de Aguascalientes, alcanzó la perfección: 27 enemigos enfrentados, 27 retirados en fila, ante los poderosos Diablos Rojos del México.
El último out, un dominio sobre Antonio Villaescusa, selló la victoria 3-0 y consagró a Piña como leyenda.
Su precisión quirúrgica desconcertaron a cada bateador. No hubo concesiones. No hubo errores…la defensa rielera acompañó impecable, y cuando llegó el out 27, el estadio explotó.
La pizarra final: Rieleros 3, Diablos Rojos 0. El “Ejote” Piña había logrado la perfección.
Piña nació el 12 de marzo de 1945 en Matamoros, Coahuila, y su trayectoria lo llevó del polvo de los campos mexicanos a los escenarios más grandes del mundo.
En 1968 debutó en Grandes Ligas con los Indios de Cleveland, y durante ocho temporadas jugó con Cubs, Nationals, Rangers, Atlethics, Angels y Phillies, sumando 23 victorias y 23 derrotas, 358 entradas lanzadas y un ERA de 3.25.
En 1973, con los Atléticos de Oakland, se convirtió en el primer mexicano en ganar un anillo de Serie Mundial, lanzando tres entradas en el Clásico de Otoño ante los Mets de Nueva York.
Cuando los Rieleros de Aguascalientes debutaron en la LMB en 1975, Piña fue uno de los pilares de aquel naciente equipo.
Su liderazgo en el montículo transformó al club. De la humildad del debut al sueño del campeonato, Horacio Piña fue el corazón del pitcheo hidrocálido.
En 1977, ganó el título de efectividad con un impresionante 1.64 de ERA, y en 1978, su temporada más gloriosa, logró 21 victorias por solo 4 derrotas, con un asombroso 1.94 de efectividad.
Ese año, los Rieleros conquistaron su único campeonato de Liga Mexicana, con un cuerpo de lanzadores de lujo: Horacio Piña, Cecilio Acosta, Porfirio Salomón y Ángel Moreno.
Han pasado más de cuatro décadas y nadie ha repetido lo que Horacio Piña hizo aquella tarde de julio en Aguascalientes. Su nombre sigue siendo sinónimo de maestría, disciplina y orgullo.



