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Opinión

Historia del Periodismo

El 22 de septiembre de 1852 culminan los manejos para restringir la libertad de prensa y en enero del 53 Arista dejó la presidencia y de nuevo aparece en escena Antonio López de Santa Anna, obvio del Partido Conservador.

Mariano Arista.. Fuente Externa

(XV)

Por Jesús Alberto Rubio

A Mariano Arista lo postularon en la Ciudad de México El Monitor Republicano, El Guardia Nacional, El Monte-Cristo y El Clamor Público; en Guadalajara, La Voz de la alianza; en Matamoros, La Bandera de México; en Veracruz, el Arco Iris, entre otros de diversas ciudades.

En ese proceso, El Demócrata, fundado en la ciudad de México en marzo de 1850 por Francisco Zarco, presenta los nuevos puntos de vista liberales y promueve la candidatura a la presidencia de un civil, Luis de la Rosa, y encabeza la protesta contra la nominación militar, lo que le valió su arresto –igual que a Antonio Pérez Gallardo– y por lo tanto el periódico desapareció el 8 de agosto.

Zarco también fundó Las Cosquillas, de sátira política y a pesar ser miembro del Congreso, también fue perseguido por decir que Arista preparaba un golpe de estado.

El 22 de septiembre de 1852 culminan los manejos para restringir la libertad de prensa y en enero del 53 Arista dejó la presidencia y de nuevo aparece en escena Antonio López de Santa Anna, obvio del Partido Conservador.

Hubo libertad de expresión, pero…

Lo que llama la atención de este periodo fue que los periódicos disfrutaron por un breve tiempo una absoluta libertad de expresión, multiplicándose así el número de órganos informativos de los más variados matices.

Sin embargo, el 25 de abril de 1853 una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue la expedición de la Ley Lares sobre la libertad de prensa, una de las más opresivas que había conocido México.

Por fortuna, a la caída de Santa Anna al triunfo de la Revolución de Ayutla, la prensa recobra su libertad.   

Don Juan Álvarez   

En este periodo asume la presidencia el general Juan Álvarez, quien luego sería sustituido por Ignacio Comonfort.

En esta etapa de la historia del país los periódicos continúan siendo instrumentos de propaganda de tendencias o grupos políticos, aunque hay los que informan de manera independiente al gobierno y las facciones.

En esta escena de nueva cuenta circulan con fuera El Siglo XIX, El Monitor Republicano, El Heraldo, La Pata de Cabra, Los Padres de Agua Fría, El Pensamiento Liberal, entre otros, la mayoría de corte liberal.

En la provincia, aparecen La Revolución, de José María Virgil, Las Garantías Sociales (Mérida), de Barbachano, El Constitucional (Guanajuato), de Marcial Moreno, entre otros.

El 28 de septiembre de 1856, ante el desbordamiento de la prensa, dictó una ley provisional de imprenta, medida solicitada por los periodistas, y que era restrictiva, prohibiendo atacar a la religión católica y la forma de gobierno, además de obligar a que se firmara todo escrito público.

El respeto de Juárez a la prensa

Benito Juárez se distinguió por su respeto a la libertad de prensa.

Por ello, no extraña que en 1857 a través de un Congreso Constituyente consagrara el derecho de expresarse libremente, estableciendo la libertad de imprenta.

El Benemérito de Guelatao nunca cerró periódico alguno; menos censuró, persiguió, reprimió o encarceló a periodistas.

Como buen liberal, veía en la imprenta un medio de propaganda política eficaz.

Durante su período presidencial (1858-1872) mejoraron las condiciones de libertad de expresión ya especificadas en la Constitución Política.

A su arribo a la presidencia se da por primera vez un largo periodo de libertad de imprenta y proliferan los periódicos, incluso, muchos de ellos con caricaturas.

Un claro ejemplo fue La Orquesta, parte de una prensa liberal que mantiene su independencia ante Juárez desde un principio.

Respalda casi todas sus medidas políticas (el combate al clero, el Estado laico, el matrimonio civil, etcétera) pero está en contra de casi todas sus medidas económicas, como el deslinde de las tierras comunales indígenas.

Algunos autores coinciden en que se llegó a abusar de esta prerrogativa, por lo que abundaron publicaciones que en lugar de informar con veracidad, se centraron en la confrontación de puntos de vista entre liberales y conservadores en un lenguaje muy arrebatado.

El 31 de mayo de 1863, ante el avance de los invasores franceses, Juárez salió de la ciudad de México hacia San Luis Potosí, en tanto que otros republicanos se marcharon en distintas direcciones.

De hecho, la Intervención francesa puso a prueba a la naciente prensa liberal.

Desde la llegada de la escuadra tripartita a Veracruz, los periódicos liberales llaman al pueblo a alinearse en torno a Juárez y hace una guerra propagandística de gran nivel en contra del invasor.

Sin embargo, los franceses entran a la capital en junio de 1863, desconocen al gobierno de Juárez, pero respetan las Leyes de Reforma.

Los invasores nombran una junta de gobierno de 35 miembros notables y un ejecutivo que regiría a la nación de manera provisional, decidiéndose por una forma de gobierno monárquica de tendencia moderada, hereditaria y con un emperador que tendría que ser un príncipe católico.

La corona se ofreció al archiduque de Austria, Fernando Maximiliano de Habsburgo, quien aceptó el cargo de común acuerdo con su esposa Carlota Amalia de Bélgica.

Es del conocimiento público que los monárquicos mexicanos, les hicieron creer que el pueblo los esperaba con los brazos abiertos.

En abril de 1864, Maximiliano acepta la corona de México. Se embarca y llega a Veracruz en mayo y el 12 de junio entra a la Ciudad de México.

Curiosamente, el gobierno de Maximiliano respeta las Leyes de Reforma; él mismo era un hombre liberal, lo cual le causó los primero problemas con los sectores que le habían ofrecido la corona: los conservadores, los monárquicos y el clero.

Su gabinete lo integró con liberales moderados.

Pero el Imperio tiene grandes contradicciones: mientras Maximiliano quiere que circule la prensa, el ejército francés ejerce la censura y fusila al que ofende al nuevo poder.

El emperador Maximiliano resulta ser un liberal que busca un gobierno europeo moderno y permite una prensa libre, así como la circulación de periódicos nacionales que resisten al invasor francés.

Los grandes periódicos serios como el Monitor Republicano, de García Torres, y el Siglo XIX, de Francisco Zarco, El Telégrafo, El Instructor, cierran durante ese periodo. 

Ignacio Cumplido, editor del Siglo XIX, decidió cerrar su periódico, lo que explicó a sus lectores: “Las circunstancias nos quitan la pluma de la mano y nos hacen renunciar al propósito que teníamos de mantener hasta el último momento de esta capital un periódico defensor de la independencia, de la libertad y del progreso de la República”.

Su alteza serenísima tuvo a bien dictar una ley de imprenta que imponía penas a los escritores por cualquier falta y exigía depósitos cuantiosos en dinero a los editores de periódicos. 

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