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Tragedia en el deporte

Hallado el cadáver de Blanca Fernández Ochoa en la sierra de Guadarrama después de 11 días desaparecida

La policía investiga si la esquiadora se cayó y se golpeó por accidente, según fuentes de la investigación

1567596684_309463_1567607966_noticia_fotogramaBlanca Fernández Ochoa sostiene sus esquíes en alto tras ganar la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos, el 20 de febrero de 1992. En vídeo, cronología de la búsqueda de la esquiadora. MIKE BLAKE (REUTERS) / VÍDEO: EPV

Tras días de intensa búsqueda se cumplieron los peores presagios. El cuerpo sin vida de la esquiadora y medallista olímpica Blanca Fernández Ochoa, de 56 años y madre de dos hijos, fue hallado en el pico de La Peñota, cerca de Cercedilla, en la sierra de Madrid, según fuentes policiales que han explicado que el cuerpo fue identificado por la ropa.

La policía investiga si se cayó y se golpeó por accidente, aunque no descarta otras hipótesis, según fuentes de la investigación. El sargento de la Guardia Civil Francisco Borreguero, que estaba fuera de servicio pero trabajaba como voluntario en la búsqueda junto a su perra Xena, de tres años, ha sido quien ha hallado el cuerpo. Borreguero y Xena forman parte de la Unidad Cinológica Central.

La deportista estaba en paradero desconocido desde el 24 de agosto, cuando fue vista entrando y saliendo del Hipercor de Pozuelo de Alarcón, donde compró un poco de queso. Ese mismo día, un vecino de Cercedilla de 40 años vio a Blanca Fernández Ochoa dirigiéndose hacia la zona donde este miércoles ha sido encontrada; habló con ella, quien le aseguró que se dirigía a esa montaña, aunque no llevaba mochila.

Este mismo vecino, que alertó a la policía de esta información, vio en ese encuentro cómo la esquiadora le daba un beso a la estatua de su hermano Paco y se santiguaba ante ella, según fuentes de la investigación.

Esta escultura, en la que el medallista olímpico aparece con los brazos en alto celebrando un título, se levantó en Cercedilla hace 13 años, poco antes de su muerte.

1567596684_309463_1567607579_sumario_normal_recorte1Lola (izquierda), la hermana de Blanca Fernández Ochoa, tras confirmarse que el cadáver encontrado por la Guardia Civil es el de la esquiadora. DAVID FERNÁNDEZ (EFE)

Los familiares comenzaron a inquietarse el 24 de agosto por su ausencia, por la falta de noticias y porque no llevaba consigo el teléfono móvil.

Fernández Ochoa se había trasladado recientemente a vivir con su hermana Lola y su cuñado, ya que la que hasta entonces había sido su casa familiar, un chalet en la localidad madrileña de Las Rozas, había sido vendido tras el divorcio de su segunda pareja. Sus hijos, Olivia y David, vivían con su padre.

El pasado domingo, 1 de septiembre, después de que la Policía Nacional, a cargo de la investigación, alertara en su cuenta oficial de Twitter de la desaparición de la esquiadora, apelando a la colaboración ciudadana, otro vecino de Cercedilla advirtió a Luis Fernández Ochoa, hermano de Blanca, de que el coche de la deportista, un Mercedes clase A de color negro, se encontraba estacionado en el aparcamiento de excursionistas de Las Dehesas, a dos kilómetros del pueblo.

Desde ese momento, ese lugar con aspecto de merendero se ha convertido en el puesto de coordinación de la búsqueda. En el coche fue hallado un pequeño bolsito que ella solía usar con su DNI, su carné de conducir y 15 euros, además de unas chanclas en el asiento del copiloto.

El rastreo, que arrancó el domingo, ha sido el mayor en medios técnicos y efectivos desplegada en la historia de la Comunidad de Madrid. En él han participado 100 agentes de la Policía Nacional, otro centenar de la Guardia Civil, 25 bomberos, 60 voluntarios de Protección Civil y 11 agentes de la Policía Local.

Además, para las batidas del terreno también se han desplegado drones, helicópteros, perros entrenados para la búsqueda de personas y caballería. “Es un terreno muy complicado, escarpado, de vegetación muy espesa, con ríos, afloramientos de rocas, mucho helecho que impide la visibilidad incluso a corta distancia”, explicaban dos agentes del GEO (Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional) tras subir hasta la mitad de uno de los Siete Picos, la montaña más emblemática de Cercedilla (6.948 habitantes)y la preferida de la esquiadora. “Hay muchos lugares del sotobosque impenetrables para los drones”, añadían en referencia al empleo que se hizo de siete de esos aparatos.

Dos portavoces de la Policía Nacional confirmaron al filo del mediodía a los periodistas congregados en Cercedilla que los equipos de rescate habían hallado un cuerpo, y que tanto el grupo de investigación de homicidios y desaparecidos así como la policía científica iban a inspeccionar la zona donde estaba el cadáver.

Además, los dos portavoces aseguraron que la familia Fernández Ochoa ya había sido informada. Sus allegados recibieron la noticia junto al puesto de mando. Fue un mazazo visible para ellos.

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Los Fernández Ochoa son una saga de deportistas y una institución en Cercedilla, un pueblo de la sierra de Guadarrama, donde Francisco, Paquito, Fernández Ochoa tiene un monumento en la puerta del Ayuntamiento, tras ser campeón olímpico de Sapporo 72. Y donde su hermana Blanca recorrió las calles a sus hombros tras ganar una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Albertville en 1992.

Tras poner fin a su carrera deportiva, Blanca Fernández Ochoa se había aficionado a otros deportes como el golf y había hecho sus pinitos en algunos programas de telerrealidad.

En los últimos tiempos se ganaba la vida como entrenadora personal a domicilio, como su hermana Lola, aunque su situación económica era “muy precaria”, según confirmaron fuentes de la investigación y de su familia: “No disponía de tarjetas de crédito y solo tenía una cuenta con cero euros”, dijo su cuñado, Adrián Federighi.

El cuerpo de la deportista Blanca Fernández Ochoa será trasladado al Instituto Anatómico Forense de Madrid donde se le practicará la autopsia que determinará la causa de su muerte.

Y es previsible que se celebre un multitudinario funeral en su memoria. “La lástima es que no pueda ver ella lo que la gente la quiere”, decía su hermana Lola estos días, al bajar de rastrear esas montañas que la han visto nacer, crecer y morir.

Vía: El País

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