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Opinión

Estrellas del Béisbol: Apodos

Concuerdo con los expertos que opinan que la ofensa está más bien en la manera de pensar, tomar o reaccionar ante una palabra o frase que quien la pronuncia.

Por Héctor Barrios Fernández

www.beisboldelosbarrios.com

Como dice Don Armando Fuentes Aguirre “Catón” en sus leídas y gustadas columnas: “lejos de mí dar lecciones de moral, buenas costumbres, urbanidad o algo por el estilo.”

Concuerdo con los expertos que opinan que la ofensa está más bien en la manera de pensar, tomar o reaccionar ante una palabra o frase que quien la pronuncia.

Suele suceder que si el receptor no se da por aludido, el disgustado resulta ser el autor de la supuesta palabra o frase que lleva la intención de ofender.

Lo comento así porque de manera general en los deportes y en particular en el béisbol, los apodos son parte del lenguaje y de las costumbres que se practican.

Me recuerda a un niño al que su mamá lo quería alertar sobre una situación y a la distancia le gritaba por su nombre sin lograr su propósito, lo repitió tres o cuatro veces hasta que la madre desesperada le gritó ¡“Totoooo”!, fue hasta entonces que el niño reaccionó prestando atención.

Le dice una persona a otra: “No me enoja lo que me dices, sino la risita que me diriges.”

Me dice un amigo que dentro del idioma español, tan hermoso y con tanta riqueza, las palabras más empleadas o para no errar, de las más recurridas son las palabras “madre y pedo.”

Su significado o intención depende de cómo se empleen, dónde se digan, su tono o el significado que le quiera dar el escucha.

En mi comunidad, como seguramente sucede en otras, he conocido beisbolistas con apodos como: “Burro, Negro, Pájaro, Copetes, Zurdo, Gordo, Panadero, Chato, Guapo, Viejito, Marro, Payo, Cachora, Perro, Mocoso, Roñas y cientos más.

No he tenido noticias de que alguno de ellos se dé por ofendido al escuchar su apodo, algunos por cierto se escuchan bastante fuerte, inclusive ciertos peloteros piden que se les nombre así en lugar de su nombre de pila y hasta pueden sentirse orgullosos de su sobre nombre.

Otros son más reconocidos por su apodo que por su nombre.

En lo particular me ha sucedido que escucho o leo por ejemplo, Jesús Díaz y tengo que poner a trabajar a toda velocidad mis neuronas porque de momento no doy “pie con bola,” pero cuando me dicen Jesús “Chanquilón” Díaz la cosa cambia o tal vez me suceda con Ramón Hernández, pero si me dice Ramón “el Abulón” Hernández, el asunto cambia, qué tal Jesús Ríos o Jesús “Chito” Ríos.

Y es que en el béisbol mexicano, estadounidense, caribeño y de muchos países, los apodos son parte del béisbol.
“El Superman de Chihuahua” Héctor Espino, “La Roca de Empalme” Ronaldo Camacho, Jorge “Charolito” Orta, Ramón “Diablo” Montoya, Roberto “Musulungo” Herrera, Ramón “Tres Patines” Arano, Manuel “Vizconde” Lugo, José Luis “el Borrego” Sandoval, Fernando “el Pulpo” Remes, Jorge “Chorejas” Bravo, Pedro “Charrascas” Ramírez, Fernando “el Toro” Valenzuela, Adrián “Titán” González, Eduardo “Tin Tán” Jiménez, Héctor “la Malita” Torres, Luis “el Chicote” Ayala, José “Peluche” Peña, Miguel “Chile” Sotelo, Francisco “el Rostro de la Reforma” Barrios y así ha habido, “Avestruces, Pollos, Manos de Ceda, Kirikis, Piyuyos, Zacatillos, Chicles, Cochihuilas, Manitos, Clippers, Estrelleitas, Tiburones, Panteras” y nos podemos pasar mencionándolos todo el día.

Hasta me da la impresión de que son pocos los que se salvan de que les “cuelguen” un apodo.

En Ligas Mayores no se quedan atrás: George Herman “Babe” Ruth, “el Bambino,” “el Sultán de Swat,” Ted “the Kid” Williams, Stan “the Man” Musial, Joe “el Descalzo” Jackson, Lawrence “Yogi” Berra, Lou Gehrig “el Caballo de Hierro,” Félix “el Rey” Hernández, David “Big Papi” Ortiz, Randy “la Gran Unidad” Johnson, Dereck “el Capitán” Jeter, Pablo “Kun Fu Panda” Sandoval, Ron “el Pingüino” Cey, Mordecai “Tres Dedos” Brown, Brooks “Aspiradora” Robinson, “el Expreso” Nolan Ryan, Bill “el Hombre Espacial” Lee, Mark “el Pájaro” Fidrych, Jim “Pez Gato” Hunter, Wade “Come Pollos” Boggs, Dennis “Lata de Aceite” Boyd, Jimmy “Cañón de Juguete” Wynn, Ozzie “el Mago de Oz” Smith, Mickey “el Cometa” Mantle, Greg “Profesor” Maddux, Willie “Watusi” McCovey, Willie “Say Hey Kid” Mays, Hank “Martillo” Aaron, Steve “Señorito” Garvey, Johnnie B. “Dusty” Baker.

Así nuestra galaxia podría dar la vuelta al universo y no terminaríamos de mencionar todos los apodos dentro del béisbol.

Algunos se escuchan muy cariñosos, otros no tanto, algunos ingeniosos, seguramente colocados de acuerdo con la personalidad, el físico, los hábitos de cada persona o vaya Usted a saber.

Si Usted amable lector es de las personas que no acostumbran a utilizar los apodos en ninguna parte ni circunstancia, mis respetos.

Por el contrario si es de los que los utiliza, como es costumbre en este y otros deportes, también mis respetos.

Los apodos son parte del lenguaje, las costumbres, el folclor y el colorido del béisbol desde que el béisbol existe y si el apodado no dice lo contrario y hasta se siente cómodo y orgulloso de su apodo, adelante.

Es válido y permisible.

Un manejador le proponía a un umpire: “si los lanzamientos en la frontera de la zona de strike y bola, los vas a marcar strike, está bien o si los vas a marcar bola, está bien, siempre y cuando seas constante y no decidas de acuerdo a qué jugador o equipo está en su turno al bat.

Algo así sucede al utilizar o no utilizar los apodos.

Lo menciono porque en una ocasión un respetable y ameno cronista me dice: “No, yo no acostumbro a mencionar los apodos de los jugadores.”

Pensé: “Bueno, pues que bien.”

Siguió con su crónica y dice: “ahora a batear viene José Luis “Borrego” Sandoval,” fruncí el ceño y me pregunté: “bueno, en qué quedamos.”

En ocasiones en muy difícil desterrar una costumbre muy arraigada.

Espero sus amables comentarios en: info@beisboldelosbarrios.com

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