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Esquiar en Arabia Saudita, una huida hacia adelante en el deporte

«Es algo dramático para nuestro deporte», lamentó  el subcampeón olímpico de descenso, Johan Clarey,

Imagen distribuida el 26 de julio de 2022 del proyecto futurista Neom, a orillas del mar Rojo, en Arabia Saudí. Fuente Externa.

Lausana (Suiza) (AFP).- Recibida con estupefacción, la elección de Arabia Saudita como sede de los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029 obedece a una doble lógica: la utilización de las competiciones deportivas para tener foco internacional y la huida hacia adelante de las organizaciones, que cada vez tienen más problemas para encontrar países anfitriones.

En lo referente a competiciones de nieve es difícil imaginar una diferencia más espectacular que la que separa el japonés Sapporo (sede de los Juegos Asiáticos de Invierno en la primera edición de 1986 y la más reciente, la de 2017), y el desierto montañoso de Trojena, a 50 kilómetros del litoral del Mar Rojo, donde no se vio nunca a nadie esquiando.

«Es algo dramático para nuestro deporte», lamentó  el subcampeón olímpico de descenso, Johan Clarey, al medio francés RMC, mientras que el secretario general de la Federación Internacional de Esquí y Snowboard, Michel Vion, admitió estar «sorprendido» por la decisión del Consejo Olímpico de Asia (OCA).

A finales de 2021, Dubái (Emiratos Árabes Unidos) había acogido pruebas de eslalon clasificatorias para los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín-2022, bajo la cúpula refrigerada de un inmenso centro comercial, mientras había 30 grados centígrados en el exterior, rompiendo ya las fronteras del esquí alpino.

Pero ello adquiere ahora una nueva dimensión con el proyecto saudita en pleno calentamiento climático, tanto por el impacto energético que puede tener el plan para 2029 como por el desvío de recursos locales a esos Juegos en lo referente al agua o la preparación para la competición de unas pendientes todavía vírgenes.

– «Efecto anuncio» –

Ver a Arabia Saudita mover sus peones en el tablero de ajedrez del deporte mundial no es una sorpresa tras sus inversiones recientes en la Fórmula 1, los rallies, el ciclismo o el fútbol. En ese último deporte, por ejemplo, fondos sauditas adquirieron el emblemático Newcastle inglés y el país prepara una candidatura compartida para tratar de ser sede del Mundial-2030.

Pero cada proyecto persigue un objetivo diferente y el de los Juegos Asiáticos de Invierno es «sobre todo económico», explica a la AFP Raphaël le Magoariec, especialista en geopolítica del deporte de los deportes del Golfo en la Universidad de Tours (Francia).

Catar y Emiratos Árabes Unidos fueron pioneros en la región en la llamada ‘diplomacia deportiva’ y ahora Arabia Saudita se suma porque Riad «quiere principalmente dar protagonismo a su ciudad del futuro», Neom, subraya este investigador.

Ese complejo de varios centenares de miles de millones de dólares, impulsado por el poderoso príncipe heredero Mohamed Ben Salman, es por ahora únicamente una espectacular maqueta. Sus promotores piensan en una inauguración en 2026, con pistas de esquí abiertas todo el año, un lago artificial y casas y hoteles de lujo.

«Hay grandes incertidumbres sobre la nieve y sobre la realización global del proyecto», advierte Raphaël Le Magoariec.

Desde un punto de vista climático, la extrema debilidad de las precipitaciones (menos de 50 mm por año según diversas fuentes) excluyen la hipótesis de la nieve natural, incluso en pleno invierno.

Pero «en este momento», la concesión de sede los Juegos Asiáticos de Invierno tiene «sobre todo un efecto anuncio» que debe ser analizado «en un contexto completamente regional», indica Le Magoariec.

– Falta de candidatos –

Siendo sede de esos Juegos Asiáticos de Invierno de 2029, el reino saudita «no busca hablar a un público europeo» sino a las clases altas de Oriente Medio, Rusia, India y China, en «una lógica neoliberal y desprovista de reflexión sobre el medioambiente o los derechos humanos», insiste.

Por contra, la elección del Consejo Olímpico de Asia puede sorprender teniendo en cuenta que las organizaciones deportivas se preocupan cada más por su reputación teniendo en cuenta el impacto social y ecológico de sus competiciones, escrutado al milímetro por investigadores y ONG.

Pero la falta de aspirantes llevó a la OCA a elegir el proyecto saudita. «Consideraron que mejor ir a Arabia Saudita que a ningún sitio», resume Pim Verschuuren, especialista de geopolítica del deporte en la Universidad de Rennes II.

La crisis de las candidaturas no solo afecta a Asia. Las poblaciones locales se preguntan cada vez más sobre los enormes costes de eventos mastodónticos, algo que es todavía más evidente en el caso de las citas invernales, con características y necesidades muy concretas.

«La cuestión es saber qué organización será la primera en reducir el tamaño y el impacto de su evento para poder cumplir criterios de sostenibilidad», subraya Pim Verschuuren.

Via: metrolibre.com

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