Por Elwin Peña “El Súper Profe “
Por décadas, una de las debilidades más persistentes en la selección nacional de baloncesto de República Dominicana ha sido la ausencia de un auténtico tirador perimetral, un jugador capaz de abrir la cancha de manera consistente y castigar a las defensas con el triple.
Si bien se ha contado con grandes talentos ofensivos, el perfil del “especialista” en el tiro exterior no ha sido una constante en la historia del combinado nacional.
Basta con repasar los nombres que han dejado huella en esta faceta para dimensionar el vacío: Vinicio Muñoz, leyenda dominicana y referente tanto por su liderazgo como por su capacidad anotadora, fue uno de los primeros jugadores en destacarse como un tirador confiable desde larga distancia. Francisco García, con experiencia en la NBA, elevó el estándar con su eficiencia perimetral en la década pasada, siendo probablemente el último gran especialista que vistió la camiseta tricolor.
Tras ellos, la selección ha recurrido a piezas que, sin ser necesariamente francotiradores, podían encestar triples con cierta regularidad. Luis Flores sobresalió por su habilidad ofensiva completa, incluyendo el tiro de tres puntos. Víctor Liz, líder y referente reciente, ha mostrado rachas de efectividad, pero sin consolidarse como un triplero puro. Manuel Fortuna “Mañé”, otro histórico escolta, aportó momentos clave, aunque su fortaleza principal no siempre fue el triple.
Incluso las apuestas más recientes han evidenciado esta carencia: Andrés Feliz, armador de gran capacidad de creación y buen tiro en media distancia, o Lester Quiñónez, con experiencia en la NBA, no han logrado establecer la consistencia desde la línea de tres que la selección tanto necesita. Gerardo Suero, líder anotador en la Liga Nacional de Baloncesto (LNB) y considerado por muchos como uno de los jugadores más explosivos del país, también ha mostrado altibajos, sumados a incidentes disciplinarios que complicaron su relación con el cuerpo técnico.
En este contexto, surge la pregunta que hoy genera ilusión y expectativa: ¿Es Koby Brea la solución definitiva?
Brea, producto del baloncesto universitario de los Estados Unidos y considerado uno de los tiradores con mayor proyección en la región, aporta un perfil que hace tiempo la selección no disfruta: un escolta natural con mecánica depurada, confianza y volumen de lanzamientos. Su llegada coincide con un momento en que el baloncesto FIBA exige cada vez más amenaza perimetral para competir al más alto nivel.
Además, la evolución de la base de jugadores promete un futuro alentador. Desde la NCAA vienen talentos que pueden seguir robusteciendo la capacidad triplera:
• Josué Grullon, con reputación de tirador consistente.
• Geronimo Rubio, alero con capacidad de abrir el campo.
• Damari Monsanto, escolta con buena selección de lanzamientos y proyección profesional.
• Deywilk Tavárez, otro joven que destaca por su confianza en el tiro exterior.
Y no se puede obviar el caso de Omar Silverio, quien ha ganado espacio con la selección mayor gracias a su excelente efectividad de tres puntos, mostrando que puede ser una pieza de valor inmediato.
El panorama luce distinto a otros ciclos. El esfuerzo de la Federación Dominicana de Baloncesto, encabezada por Rafael Uribe, ha sido clave para sembrar estas semillas a través de campamentos internacionales y procesos de categorías de formación que han identificado y desarrollado perfiles con talento ofensivo.
Con la llegada de Brea, el crecimiento de Silverio y la camada que sube desde la NCAA, la selección dominicana parece estar ante la oportunidad histórica de superar una de sus carencias más arraigadas: la falta de un tirador puro que pueda definir partidos en el máximo nivel internacional.



