La sexta exaltación al Salón de la Fama del Voleibol de Puerto Rico reunió a una de las generaciones más completas del deporte, dando entrada a figuras históricas, desde la que podría ser considerada la mejor línea de recibo del país hasta olímpicos, atletas de la década de 1980, exaltaciones póstumas, dirigentes y propulsores que marcaron época.
Ante un teatro lleno en el Recinto Metro de la Universidad Interamericana, 34 nuevos miembros ingresaron al recinto de los inmortales.

Uno de los momentos más emocionantes de la velada fue la exaltación póstuma de Pilar Victoriá López, quien estuvo representada por su familia, su entrenador Renato González y miembros de su escuela Notre Dame de Caguas, que este año le dedicó un campeonato en su memoria.
Victoriá falleció de causas naturales en agosto de 2022. Fue encontrada sin vida, a sus 28 años, en un apartamento en Turquía, donde fungía como refuerzo del club Belediyespor. Dio al salto al profesionalismo un lustro antes con el equipo Giovova Baronissi, de la Serie A-2 italiana, tras culminar su carrera colegial con una mención honorífica ‘All-American’ con las Razorbacks de Arkansas en la NCAA.
La esquina puertorriqueña jugó en Italia, Francia y Hungría, al tiempo que se alistaba para debutar en la liga turca previo a su repentina muerte.
Su hermana, Sofía, recibió el reconocimiento.
“Hoy este premio honra la vida y el legado de una de las mujeres más extraordinarias que he conocido. Pilar fue mucho más que una atleta destacada. (Fue) una representación genuina de lo que significa llevar a Puerto Rico en el corazón” sostuvo Sofía, flanqueada por si padres, Luis Vicoriá y Pilar López.
“Desde sus inicios en el voleibol hasta competir a nivel universitario y profesional, Pilar jugó con una intensidad, disciplina y pasión que inspiraba a todos los que la veían, incluyéndome a mí”, agregó, visiblemente emocionada.
Otro momento destacado fue la exaltación conjunta de la línea de recibo integrada por José Rivera y Gregory Berríos, quienes distribuían el balón al también exaltado acomodador Ángel Pérez. Este grupo fue clave en la ofensiva que tenía como principal figura a Héctor ‘Picky’ Soto, máximo anotador del Mundial de 2006.
“Ellos me hicieron el trabajo fácil”, expresó Pérez, al señalar a Rivera, a quien describió como el hombre del control del balón, y a Berríos, quien destacó la inteligencia del colocador. “Ángel hacía maravillas. Aunque teníamos al mejor opuesto del mundo, utilizaba una estrategia muy acertada. Tiene un gran IQ”, añadió.
Pérez y Rivera también jugaron a nivel de clubes en Italia, considerada una de las ligas más competitivas del mundo. En esa misma línea de recibo también brilló Víctor ‘Vitito’ Rivera, exaltado en la Clase de 2024.

De esa Selección Nacional, que conquistó tres medallas de oro consecutivas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, también fueron exaltados los acomodadores Ángel Aja y Fernando Morales, así como los centrales René Esteves y Enrique Escalante.
El primer dirigente de esa racha dorada fue Luis Enrique ‘Quique’ Ruiz, quien también fue exaltado.
“Es una generación especial que cambió el voleibol. El honor es mío de haber compartido con ellos, dirigirlos y ser como un hermano o padre. Son una familia. Este reconocimiento es más que merecido”, expresó Ruiz.
Entre otros exaltados figuraron el atacante Mario Jiménez, el acomodador Iván Muñiz, el atacante Héctor ‘Popeye’ Pérez, el colocador Carlos Luis López y, póstumamente, José ‘Joy’ Rivera.
En la rama femenina, las olímpicas Vilmarie Mojica y Alexandra Oquendo fueron exaltadas, convirtiéndose en las primeras integrantes de la selección que participó en los Juegos Olímpicos de Río 2016 en recibir este honor.
“Coincidí con muchas de las que están aquí. Estoy muy emocionada y agradecida con quienes nos dieron la fuerza para llegar hasta aquí, especialmente mis padres. Sin ellos, no hubiera sido posible”, dijo Mojica.
Ambas también destacaron en el Voleibol Superior Nacional con las Pinkin de Corozal y las Criollas de Caguas, respectivamente, donde ganaron múltiples campeonatos.
“Ahí fue donde empecé”, recordó Oquendo. “Gracias a Francisco Ochoa por darme la oportunidad a los 14 años; a Papo García, que me vio desde los 10 y me llevó a Caguas; a Renato González, Epique Olazagasti, ‘Manota’ Rodríguez y Jun Correa. A todas esas personas las atesoro”.
Asimismo, fueron exaltadas Lourdes Isern, Xaimara Colón, Tatiana Encarnación, Leslie Ann de Jesús, Sheila Ocasio, Jessica Candelario, Amanda Vázquez y Jetzabel del Valle.
En la categoría olímpica, destacaron el jugador de playa Raúl Papaleo, el árbitro Pedro ‘Pedruco’ García y el dirigente Ángel ‘Cholo’ Peña, figura clave del voleibol de playa en Puerto Rico.
“Esto es por el voleibol de playa. Espero que en el futuro tengamos aquí a un campeón olímpico de playa”, expresó Peña.
Por su parte, García reflexionó sobre su trayectoria: “Es un orgullo encontrarse con jugadores a los que arbitré desde jóvenes y verlos desarrollarse como personas de bien. Siempre he sentido respeto dondequiera que voy”.
Papaleo se une a su hermana Vanessa Papaleo, entre los inmortales del voleibol.
También fue exaltado póstumamente el árbitro Ernesto Ríos Figueroa.
El propulsor Arnaldo Sánchez, con experiencia en Norceca y la FIVB, también fue reconocido por su aporte al desarrollo del voleibol de playa.
Igualmente, fue exaltada la apoderada Rosario Vega de Raíces, figura clave en la historia de las Llaneras, organización de la que surgieron múltiples jugadoras destacadas.
En el voleibol de playa también ingresaron Sheila Conley, Yamileska ‘Polanis’ Yantín y Amaury Velasco.
En la categoría de dirigentes, fueron exaltados David Alemán y Luis ‘Papo’ García, ambos con múltiples campeonatos y gran influencia en el desarrollo del voleibol puertorriqueño.
“Le doy mil gracias a Papo, quien me convirtió en acomodadora. Yo era central”, expresó Mojica.
Durante la ceremonia también se destacaron importantes semilleros del voleibol, como Corozal, Naranjito, Caguas, el Colegio Maristas de Guaynabo y la Academia Discípulos de Cristo de Bayamón, por su aportación al desarrollo del deporte en la isla.



