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El sorpresivo arresto y la renuncia del manager Abe

   Tan pronto como se dio a conocer la noticia, los aficionados reaccionaron visceralmente solicitando el despido del estratega y al equipo no le quedó otra opción que anunciar una investigación inmediata para averiguar lo ocurrido y prometer el castigo más severo posible, dependiendo del resultado de la misma.

   Shinnosuke Abe. Fuente Externa

 Claudio Rodríguez Otero

 El Bate del Samurai

   JAPON.-El mundo del béisbol japonés se llevó una desagradable sorpresa el pasado lunes en la noche, cuando el manager de los Gigantes de Yomiuri, Shinnosuke Abe, fue arrestado por la Policía Metropolitana de Tokio por sospecha de violencia doméstica.

Abe anunció su renuncia en una rueda de prensa el martes

   Tan pronto como se dio a conocer la noticia, los aficionados reaccionaron visceralmente solicitando el despido del estratega y al equipo no le quedó otra opción que anunciar una investigación inmediata para averiguar lo ocurrido y prometer el castigo más severo posible, dependiendo del resultado de la misma.

   Luego de registrar el incidente en la estación correspondiente, la policía dejó en libertad a Abe a la media noche y él mismo anunció su renuncia al equipo en una rueda de prensa al día siguiente, en la que admitió su culpabilidad y se disculpó por lo ocurrido.

   Yomiuri es el conjunto más famoso y respetado de todo Japón y su manager debe ser el primero en dar el máximo ejemplo de caballerosidad y buena conducta, por lo que su renuncia del martes fue simplemente la conclusión lógica del escándalo que se desató el lunes en la noche.

   Sin embargo, tanto el reporte policial del suceso como la información revelada durante la rueda de prensa del martes parecen indicar que la situación se agravó innecesariamente y que el castigo final que recibió el dirigente de 47 años fue excesivo en relación a la falta cometida.

   Según el reporte policial, Abe estaba en su casa el lunes en la noche, disfrutando de su día libre después de haberse tomado unos tragos. Sus dos hijas, una de 18 años y la otra de 15, estaban peleando y él decidió intervenir porque estaban haciendo demasiado ruido.

   La hija mayor le respondió de una manera que a él no le gustó y él, en sus propias palabras, “perdió la compostura”, la agarró por el cuello y la empujó al suelo. La hija, no sabiendo qué hacer, consultó con Chat GPT y la recomendación fue que llamara a Servicios Sociales.

   Ella procedió a hacer la llamada y ellos, sin consultar con ella, decidieron llamar a la policía, que poco después llegó a la casa de Abe, lo interrogó, confirmó lo ocurrido, determinó que estaba ebrio y lo arrestó, para sorpresa de sus 2 hijas y su esposa, que estaban todas presentes.

La hija de Abe declaró haber llorado cuando la policía arrestó a su padre

   El reporte policial indica claramente que la hija no sufrió ningún tipo de heridas como consecuencia de lo ocurrido. Es decir, no quedó sangrando, ni con un hueso fracturado, un moretón en el cuello o ningún tipo de trauma psicológico de largo plazo.

   En la rueda de prensa del día siguiente, el representante de Abe leyó un comunicado de su hija en la que ésta explicó que no hubo golpes ni patadas involucradas y que no sólo se sorprendió cuando vio llegar a la policía sino que además se puso a llorar cuando vio que se llevaron a su padre preso.

   Abe, por su parte, admitió de inmediato a la policía tanto el haber maltratado a su hija como el hecho de que estaba ebrio cuando lo hizo, por lo que no cabe duda alguna acerca de su conducta. Así mismo, él tomó la iniciativa de renunciar a su cargo al día siguiente, sin esperar a que el club o la liga realizaran una investigación para determinar su castigo.

   A pesar de la falta cometida y de que la misma le costó su carrera y probablemente su exaltación al Salón de la Fama del béisbol japonés, admiramos y aplaudimos la valentía de Abe a la hora de asumir su responsabilidad y dictar su propio castigo.

   En un mundo en el que está de moda echarle la culpa a los demás y pintarse como la víctima de una malévola conspiración, incluso cuando la evidencia indica claramente que uno es culpable, resulta muy refrescante ver a alguien capaz de reconocer sus propias faltas y aceptar el castigo correspondiente.

   El problema, por supuesto, es que esa no es toda la historia. En el caso de Abe, el castigo final parece ser excesivo en relación a la falta cometida, porque éste no sólo perdió su trabajo, sino el resto de su carrera como manager y, muy posiblemente, su ingreso al panteón de los inmortales de la pelota nipona.

   Todo parece indicar que esta fue la primera vez que Abe agredió a su hija de esa manera y si bien no justificamos para nada su actitud, sí creemos que el problema ha podido manejarse de una manera distinta que no terminara afectándolo de una forma tan definitiva.

   Comparemos su caso con el que protagonizó el lanzador Shun Yamaguchi en 2017, cuando vestía también el uniforme de los Gigantes de Yomiuri. El 11 de julio, el día de su cumpleaños, se emborrachó y participó en una pelea en un restaurante de Tokio en la que se hirió su mano.

El caso de Abe ha podido manejarse como el de Yamaguchi en 2017

   Cuando fue luego al hospital, dañó una puerta y golpeó a un guardia de seguridad, al que terminó hiriendo. Una semana después, cuando se hizo público el incidente, el equipo decidió suspenderlo y un mes después el caso fue referido a la fiscalía de Tokio para determinar si hacía falta presentar cargos en su contra.

   Yamaguchi contactó al guardia de seguridad al que agredió y llegó a un acuerdo financiero con él para que éste retirara los cargos que presentó en su contra. Como consecuencia, la fiscalía abandonó el caso y Yamaguchi no sufrió ninguna consecuencia legal.

   Sin embargo, sí quedó suspendido por el resto de la temporada 2017 y terminó pagando una multa por cada día que estuvo suspendido desde el 11 de julio hasta el 30 de noviembre. Adicionalmente, su salario para el año siguiente fue reducido en un 40%.

   En su momento se debatió si el castigo fue muy duro o muy suave, pero el hecho es que después de cumplido el mismo Yamaguchi pudo continuar su carrera y hasta logró llegar a las Grandes Ligas en 2020, año en el que defendió los colores de los Azulejos de Toronto.

   Otro ejemplo que podemos mencionar es el de los casos de dopaje. Cuando un jugador da positivo por dopaje, el resultado no se hace público inmediatamente. Primero se le da la oportunidad al atleta de defenderse y explicar lo ocurrido y el positivo sólo se anuncia una vez que se han agotado todas las avenidas de defensa.

   Abe, sin duda alguna, merece ser castigado por haber agredido a su hija, pero su arresto por parte de la policía parece exagerado, especialmente cuando su hija, que fue la víctima, nunca llamó a la policía ni pidió su arresto, como tampoco lo hizo su esposa.

   Su caso ha podido ser manejado de una manera similar al de Yamaguchi, incluyendo una suspensión por el resto del año y una multa significativa, además de otros requerimientos, como cumplir con cierto número de horas de servicio comunitario y consultarse con un psiquiatra.

   De hecho, ya se ha desatado un intenso debate en los medios y las redes sociales japonesas acerca del incidente en el que algunos abogados han declarado públicamente que el arresto de Abe fue injustificado e incluso ilegal.

Una petición en línea para el regreso de Abe recolectó más de 130 mil firmas

   Por otra parte, se abrió una petición en línea solicitando el regreso de Abe a su cargo que ya ha reunido más de 130 mil firmas, lo que refleja que un número significativo de fanáticos también considera que el castigo sufrido por el estratega es demasiado severo.

   Obviamente, a estas alturas el daño ya está hecho y parece difícil que Abe pueda recuperarse del duro golpe que recibió su imagen. Él hizo lo correcto en su caso: admitir su culpabilidad y pedir disculpas por lo ocurrido y eso es algo que tiene mucho valor en la sociedad japonesa.

   Tan pronto como uno admite culpabilidad por sus faltas y pide perdón por lo ocurrido, la penalidad suele bajar considerablemente. Es posible que debido a ello alguna puerta se le abra de nuevo en el futuro, pero tendrá que esperar algún tiempo antes de que eso suceda.

   Insistimos en que no queremos librar de culpas a Abe. Está claro que cometió un error grave y que merece ser castigado por ello, pero también que su penalidad debe ser acorde con las circunstancias y todo parece indicar que, en este caso particular, eso no fue lo que ocurrió.

   El hecho de que su carrera como manager y en el mundo del béisbol en general esté prácticamente finalizada, sobre todo cuando la víctima del incidente no lo estaba pidiendo, nos parece que es un castigo desproporcionado en relación a la falta cometida.

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