Lionel Messi reacciona con frustración al empate ante Cádiz. Manuel Queimadelos/Quality Sport Images/Getty Images
Jordi Blanco/Corresponsal en Barcelona
El Barcelona elegirá el siete de marzo a un nuevo presidente que tendrá ante sí la tarea, enorme, de darle la vuelta por completo a un club que vivió en la opulencia de los títulos a la vez que se hundía en su economía.
Ganador de 21 trofeos en la última década, desde la victoria de Josep María Bartomeu en las elecciones de 2015, su derrumbe financiero fue una constante que le ha acabado situando al borde del colapso, con una deuda superior a los $1,400 millones y un futuro inmediato muy cuestionable a todos los niveles.
El nombre de Lionel Messi, quien acaba contrato al final de esta temporada, es uno de los puntos centrales de la campaña electoral pero a la sombra del astro argentino, de su renovación, muchas son las decisiones que deberá tomar la nueva junta directiva surgida de las urnas, entre las más trascendentales frenar una masa salarial desbocada, que devora más del 70 por ciento de los ingresos del club y que pasó de ser muy preocupante a convertirse en crítica a partir de la aparición del coronavirus.

La relación entre Josep Maria Bartomeu y Lionel Messi se fue deteriorando con el tiempo. Getty Images
Mucho antes de la pandemia
Que la pandemia fue una bomba que estalló en los clubs deportivos de todo el mundo, en mayor o menor medida, es tan cierto como que en el caso del Barcelona se convirtió en «la puntilla a una crisis galopante», según reveló a ESPN Deportes un destacado integrante de una de las candidaturas que acuden a las elecciones.
Y esa suerte de denuncia no es, en absoluto una exageración sino que, atendiendo a los resultados económicos de los últimos años se descubre que era prácticamente inevitable verse en una situación cercana a la desesperación.
El Barça cerró la temporada 2014-15 con el segundo triplete de su historia y un beneficio superior a los $18 millones, pero en el apartado de gastos correspondiente a los salarios del personal deportivo ya se pasaba de los 269 millones de la anterior temporada a los 365 millones, un aumento cercano al 36 por ciento que provocó los primeros avisos desde diversos ámbitos financieros… Que la directiva de Bartomeu no consideró preocupante porque el aumento de ingresos, en su carrera hacia los mil millones, se entendía perfectamente soportable.
Era la época en que todo se veía con buenos ojos alrededor del Camp Nou. Mejoras de contrato, renovaciones muy al alza y el discurso de que el club tenía «blindada a la plantilla» ante cualquier ataque exterior ocultaba otra realidad: la masa salarial del primer equipo se comía, poco a poco, pero de manera continuada, el crecimiento global de los ingresos siendo el mayor indicador de los gastos.
Un año después, en 2016, se volvió a mostrar músculo: un doblete (Liga y Copa del Rey) en el terreno de juego y cerca de $25 millones de beneficio. Para dar más énfasis a la que se presentaba como una gestión magnífica se daba cuenta de los 97 millones de pérdidas con que se despidió la junta de Joan Laporta en 2010 y los 200 de beneficios acumulados en los siguientes seis ejercicios…
Para entonces los ingresos se habían disparado hasta los $823 millones… Pero los gastos alcanzaban los 763, con una masa salarial de la plantilla de 527 millones que suponía un 69 por ciento del total del gasto. Y un aumento, respecto al año anterior, cercano al 36 por ciento.

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Carrera desesperada
«Para seguir siendo competitivo, mantenerse en la élite, se precisaba hacer frente a ese peso salarial con un aumento considerable de los ingresos y ello solo se podía hacer buscando nuevas vías, nuevos patrocinios» se advierte hoy desde una de las candidaturas a las elecciones. Y en eso se volcó la gestión de Bartomeu.
La salida de Neymar, siendo un golpe deportivo económico, habría podido aliviar la tensión que empezaba a adivinarse en las cuentas del club, que cerró con 21 millones de beneficio el siguiente ejercicio haciendo juegos contables puestos en duda desde varios ámbitos… Pero los casi 270 millones de dólares pagados por el PSG fueron reinvertidos en Dembélé, en Paulinho, Semedo, Yerry Mina, Deulofeu, Marlon… y Coutinho en enero de 2018.
Si ingresaron $282 millones en traspasos (Neymar, Mascherano, Tello), se gastaron más de 472 en fichajes y si se ahorraron más de 40 millones en salarios, se sumaron gastos por valor de casi 90… Y llegó la firma con Beko, la renovación con Nike, el fichaje de Rakuten. Y la sonrisa indisimulada de la junta, convencida en sus tesis de que la marca Barça era, más que indestructible, sólida para cualquier sponsor.
Cuando en el verano de 2019 el Barça acordó con el Valencia el intercambio entre Cillessen y Neto, contabilizando los 42 millones de ingreso por la salida del portero holandés antes de cerrar el ejercicio 2018-19 para evitar pérdidas ya se encendió la luz de alarma. Òscar Grau, director general del club azulgrana, enfatizó que el Barcelona había alcanzado $1,200 millones de ingresos, la cifra más alta de la historia, la cifra más alta en el universo del fútbol… Pero pasó de puntillas al referirse al resultado del ejercicio: 21 millones de beneficio. Sin la operación de Cillessen se habría cerrado por primera vez desde el año 2011 una temporada con pérdidas, que habrían sido superiores a los $20 millones.

La Roma fue el inicio de la debacle del Barça durante este último lustro en Champions. Getty Images
De las urgencias al derrumbe
Destrozado en Europa, donde enlazaba eliminaciones humillantes ante Juventus, Roma y Liverpool, el palmarés seguía salvándose con la Liga, con la Copa y con un discurso que, centrado en Messi, apartaba del escenario cualquier atisbo de crítica.
«Pero ya en el invierno de 2019 se sabía que la situación era grave», se apunta. Dos años antes, en noviembre de 2017, el club firmó la renovación más costosa de su historia, prolongando el contrato del capitán hasta 2021 por más de 670 millones de dólares en total entre salarios y contratos de imagen, más una prima de fidelidad provocando, sumando las renovaciones de Umtiti, Busquets o Jordi Alba, que la masa salarial de la plantilla en la temporada 2018-19 se disparase hasta los $630 millones, lo que ya suponía un 70 por ciento del total de gastos, el ratio crítico en consideración de la FIFA.
Y llegó la pandemia del coronavirus. Y con ella el derrumbe ya sin freno en las cuentas de un Barcelona que pasó de las urgencias al drama indisimulado. Ni acordando primero con la plantilla una rebaja de salarios que supuso un ahorro de $60 millones (en realidad el acuerdo difería los pagos en temporadas siguientes) ni haciendo un nuevo juego contable con el intercambio entre Arthur y Pjanic después que provocó un beneficio contable en el balance cercano a 20 millones se evitó que la temporada 2019-20 se cerrase con unas pérdidas cercanas a los $120 millones… Y dibujase un futuro inmediato aún más desolador.
Ni títulos ni dinero
Para entonces, septiembre de 2020, la situación global del Barça era ya crítica en todos los sentidos. El terremoto de Messi, cuando el jugador argentino remitió un burofax al club solicitando su baja, había quedado atrás pero el club había cerrado por primera vez desde 2008 una temporada sin ganar títulos y afrontaba el nuevo curso, el actual, con más dudas que certezas.
Sin afición en los estadios, con suerte, hasta que comience la temporada 2021-22, se especula que las pérdidas de la presente superarán los $250 millones y la nueva directiva que resulte de las elecciones del siete de marzo se encontrará el panorama más desesperado, se afirma, de los últimos 60 años.
En 1961 el Barça, que tras conquistar cuatro títulos en las dos temporadas precedentes perdió la final de la Copa de Europa ante el Benfica, se encontraba en una situación económica alarmante. Hundido por las deudas que provocaron la construcción del Camp Nou, estaba al borde del colapso financiero y se vio abocado a una política desesperada de supervivencia que desembocó en una crisis deportiva que le mantuvo hasta 14 años sin ganar la Liga, conformarse con un puñado de títulos menores y perder el paso de los grandes del continente, siendo en España apenas un rival de segundo orden para el imperial Real Madrid.
Ahora la situación no se teme mucho mejor. Si en 1961 se marcharon de una tacada Kubala y Luis Suárez, ahora se está en plena cuenta atrás para conocer la decisión de Leo Messi cuando acabe su contrato al finalizar la temporada y la reconstrucción del equipo, y del club, dependerá tanto de lo que solvente el astro argentino como de lo que sea capaz de hacer la nueva directiva en todos los órdenes.
El Barcelona ganador que estrenó su tiranía con Pep Guardiola en el banquillo y se mantuvo en lo más alto con Luis Enrique o sobrevivió a una caída lenta pero continuada con Valverde es ya historia. Los títulos, sin embargo, taparon una gestión económica que se ha descubierto terrible. Un hundimiento en todos los órdenes que aboca al Barça a un futuro lleno de espinas.
Via: ESPN.com



