La agónica victoria de la Juventus en Moscú (1-2) obligaba al triunfo al Atlético para poder certificar su clasificación y viajar a Turín a finales de mes a pelear la primera plaza mano a mano con su verdugo del curso pasado.
Thomas mira el balón que acabó entrando en su propia portería. MARTIN MEISSNER AP
Este Atlético que vive al límite del resultado y del resultadismo, que sobrevive en LaLiga y en la Champions con medios tiempos, se despeñó en Leverkusen, donde cosechó su primera derrota europea del curso.
Esta vez no tuvo ni esos 45 minutos dignos. Se despachó un partido de infrafútbol, por llamarlo de alguna manera, que maquilló en los minutos finales con el orgullo tocado, un gol de Morata en el descuento y otra ocasión seguida del nueve que le hubiera dado un empate inmerecido.
Ni lo uno ni otro se trajo de Leverkusen. Para el Bayer, la caída del Lokomotiv le daba aún la posibilidad de dignificarse entrando en la batalla por la tercera plaza que otorga un puesto en la Liga Europa.
Esos alicientes eran el caldo de cultivo ideal para un inicio de partido trepidante que no se dio. El Atlético, como es costumbre, no quiso saber nada de la pelota y cuando pretendió hacer algo con ella no le salía nada. Un despropósito grosero.
Y eso que se había plantado en el campo con un rombo clásico, con Thomas de cinco puro, Saúl y Koke de volantes y Correa de enganche.
El dibujo propició una sangría de pérdidas, con Correa a la cabeza, después de una serie de partidos prometedores.
La doble punta Morata-Costa se deshizo en dos pegotes a los que Bender y Tah les limpiaban cada balón aéreo.
El empeño de Simeone por darle vuelo a la pareja no acaba de fructificar. A un equipo al que le falta tanto fútbol, esa alternativa le resta un centrocampista, llámese Herrera, Vitolo o Lemar.
vía: El Pais




