
Por Rafael Baldayac
El periodismo deportivo no es solo narrar resultados o quién ganó la carrera, metió el gol, el canasto o el jonrón decisivo. Es pasión, cultura popular, identidad y, sobre todo, historias que nos conectan, que nos unen.
Con motivo de celebrarse este jueves 2 de julio el Día Internacional del Periodista Deportivo, queremos rendir homenaje a nuestros compañeros, a todos aquellos profesionales de la comunicación dedicados a informar sobre el mundo deportivo.
La creación de esta efeméride surgió en 1995 por iniciativa de la Asociación Internacional de Prensa Deportiva (AIPS), durante el Congreso Mundial de Quebec. Se eligió como fecha el día 2 de julio para conmemorar la creación de dicha institución en 1924.
Muchos de nosotros, los cronistas deportivos que hemos recorrido varias décadas en este mundillo, estamos viendo como la profesión se ha ido transformando con el tiempo, teniendo que adaptarnos a los avances tecnológicos y a la propia evolución del deporte.
Un proceso de evolución muy acelerado durante el presente siglo, tomando en cuenta que para encontrar el origen del periodismo deportivo, tenemos que viajar retrospectivamente al siglo XIX.
En aquel entonces, los periódicos apenas reservaban unas líneas para hablar de boxeo, carreras de caballos o cricket. Es con el paso del tiempo, poco a poco, que el deporte empezó a interesarle a más gente. Con el auge del fútbol, surgieron secciones fijas y hasta suplementos especiales en los países europeos.
En América Latina, a comienzos del siglo XX, los grandes diarios incluyeron páginas deportivas y aparecieron las primeras revistas dedicadas solo al deporte. Fue el inicio de una relación intensa entre la prensa y el mundo deportivo.
Todo comenzó a cambiar a partir del siglo XX, periodo que fue testigo de una total transformación. Primero llegó la radio y cambió todo: ya no había que esperar al día siguiente para leer el resultado en los diarios, el fanático podías escuchar el partido en vivo.
Más tarde llegó la televisión, con imágenes en directo y narradores que hacían vibrar a millones de emoción. Y con el tiempo, el periodismo deportivo se profesionalizó más: análisis tácticos, estadísticas, entrevistas exclusivas, coberturas internacionales.ç
Hoy, en plena era digital, la información deportiva está al alcance de la mano, 24/7. Redes sociales, sitios web, aplicaciones y transmisiones en streaming han revolucionado la forma de contar el deporte y han generado comunidades globales de fanáticos.

El periodismo deportivo no solo nos informa, sino que nos emociona, nos une y nos hace soñar. Ha ayudado a popularizar deportes, a crear ídolos, a llevar el fútbol, el básquet, el beisbol, el automovilismo, el atletismo a todos los rincones del mundo.
No todo es color de rosa, también ha tenido un rol importante al denunciar casos de corrupción, dopaje o desigualdad, obligando a mejorar las reglas de juego dentro y fuera de la cancha. En pocas palabras, ha sido un actor clave para el crecimiento y la transparencia del deporte.
Con la labor del periodista deportivo el deporte ha tenido una gran influencia cultural y social a través de los medios de comunicación. Gracias a los medios, el deporte se volvió parte de nuestra cultura cotidiana.

Un partido puede paralizar un país como ocurre en República Dominicana cuando su selección juega en el Clásico Mundial de Beisbol. Un gol puede unir a comunidades. Un triunfo puede inspirar a generaciones.
El periodismo deportivo transforma hechos en relatos épicos, convierte jugadores en leyendas y nos ayuda a construir identidad. Además, promueve valores como la disciplina, el trabajo en equipo y la resiliencia.
Celebrar hoy el Día Internacional del Periodismo Deportivo es reconocer todo esto: la capacidad de contar historias que nos hacen vibrar, soñar y reflexionar.

La historia del periodismo deportivo es también nuestra historia como sociedad. Cambió con la tecnología, con los gustos de la gente y con la propia evolución del deporte.
Hoy, más que nunca, necesitamos un periodismo deportivo responsable, creativo y apasionado, capaz de seguir contando esas historias que nos emocionan y nos unen como nación./



