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Doce títulos (II)

Orestes Kindelán, miembro del Salón de la Fama del béisbol cubano, ha sido cuatro veces campeón panamericano. Foto: Ricardo López Sánchez

Al finalizar los Panamericanos del año 1967, cuatro países se habían proclamado campeones, a saber: Cuba, en dos ocasiones; República Dominicana; Venezuela y Estados Unidos. Y era de esperar que para el evento que se escenificaría en la ciudad colombiana de Cali, en 1971, la rivalidad sería igual o mayor aún.

Fue todo lo contrario. Cuba barrió a todos sus rivales y finalizó con ocho triunfos en línea, con una nueva generación de peloteros, pues ya no estaban los Miguel Cuevas, Pedro Chávez, Manuel Alarcón, Fermín Laffita, Jesús Torriente, Alfredo Street y Felipe Sarduy, entre otros, sustituidos por Agustín Marquetti, Armando Capiró, Braudilio Vinent, José A. Huelga, Santiago «Changa» Mederos, Rolando Macías, Rigoberto Rosique, Walfrido Ruíz, Oscar Romero, etc.

Nadie podría suponer siquiera que este triunfo sería el primero de una larga cadena que se extendió a diez títulos. No conozco a ningún otro equipo (repito: no conozco) que haya podido eslabonar semejante cantidad de medallas de oro consecutivas en Juegos Panamericanos. Si se suman los diez torneos ganados, el total sería de 75 victorias y solo seis reveses.

En ese galardón inicial de 1971 la ofensiva estuvo liderada por Rigoberto Rosique (455), Lázaro Pérez (438) y Agustín Marquetti (387), mientras Armando Capiró (314) fue líder en carreras impulsadas (10) junto a Wilfredo Sánchez (333). En el pitcheo destacaron Rolando Macías (2-0-0,59), Emilio Salgado (1-0-0,90), Braudilio Vinent (1-0-1,35) y José Antonio Huelga (2-0-1,72).

Al finalizar la década de los 70 la selección cubana había conseguido otros dos campeonatos y aumentó a 24 sus triunfos consecutivos. En 1975 destacaron otros nombres recién llegados al equipo, como los del
receptor Evelio Hernández (462) y Osvaldo Oliva (448), mientras en el montículo descolló el veloz Juan Pérez Pérez (2-0-0,00). Cuatro años después otros recién llegados sobresalieron: Pedro José Rodríguez (500 y cinco jonrones), Luis Giraldo Casanova (371) y Fernando Sánchez, con 11 anotadas. Y un veterano se reafirmó, Braudilio Vinent, con cuatro victorias y 0,44 de PCL. Venían entonces los años 80.

SE ROMPE LA CADENA

Durante la década de los 80 solo hubo dos Juegos Panamericanos, en 1983 y 1987. En los primeros, Cuba logró añadirle nueve eslabones a su cadena de victorias que llegó a 33, con cuatro títulos en línea. Pedro Medina promedió 667, además de ser líder en anotadas (9) y colíder en jonrones (4), igualado con el estadounidense Mark McGwire. Otros destacados fueron Juan Castro, con siete jits en diez turnos, y Antonio Pacheco (500), mientras en el box brillaron Vinent y Rogelio García, ambos con 0,00 de PCL.

Si algo sobresaliente aconteció cuatro años después fue ver caer la cadena de triunfos al hilo de la selección cubana, detenida en 37 cuando perdió ante Estados Unidos por 4-6 en el quinto juego, por un cuadrangular en el noveno capítulo del camarero Ty Griffin. Si un récord debe de ser difícil de romper será ese, en mi opinión, el más difícil. Y no solo en Juegos Panamericanos.

Sin embargo, en la final de Indianápolis-87 derrotaron a los dueños de casa, por 13-8 para ganar su quinto título seguido, gracias a la tremenda ofensiva de quien se convertiría en el mejor pelotero cubano, Omar Linares, líder de bateo con 529, 14 anotadas y cinco jonrones. Junto a él descollaron Orestes Kindelán (486, ocho jonrones, 23 impulsadas), Luis Giraldo Casanova (433, 12 anotadas, cuatro cuadrangulares), Antonio Pacheco (429, tres jonrones, 13 anotadas) y Luis Ulacia (406), con un par de zurdos destacados: Pablo Miguel Abreu (2-1-1,08) y Omar Ajete (2-0-1,10).

Así, Cuba comenzaría la década de los 90 con un palmarés excelente de siete títulos, de ellos cinco consecutivos. Y en 1991, con el extraordinario aliciente de ser nuestro país anfitrión de la ya llamada «Olimpiada de América», la selección desarrolló una descomunal ofensiva capaz de anotar 145 carreras en diez juegos, ocho en la etapa clasificatoria y dos más en semifinales y final.

Mencionar destacados sería enumerar a todos los regulares del equipo y a sus mejores lanzadores. Como era lógico, uno sobresalió, el camarero Antonio Pacheco, seleccionado el Más Valioso del torneo en atención a 545 de average, 879 de slugging, 13 anotadas y 15 impulsadas, dentro de un equipo donde jugaron José Raúl Delgado, Lourdes Gurriel padre, Germán Mesa, Romelio Martínez, Víctor Mesa, Luis Ulacia y Jorge Luis Valdés como lanzador, 2-0-0,73 y autor del primer cero jit, cero carrera en siete entradas, ante Canadá.
Faltarían cuatro títulos por reseñar. Pero esos tendrán espacio en el  próximo Tema beisbolero.

Fuentes: http://www.baseball-reference.com, http://www.wikipedia.org

Vía: Granma

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