
Por Andrés P. Sención Villalona
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Lo que está ocurriendo con el negocio del beisbol que rige la organización denominada MLB por sus siglas en inglés. Organización esta que influye en el beisbol de otros países; sobre todo, en los que están dentro de sus áreas de influencia.
Parece que con el firme propósito de lograr que el negocio sea más rentable de lo que ya es, y de esa manera cumplir con las exigencias de su principal sostén económico que lo es La Televisión, la MLB va a terminar haciéndole un gran y posiblemente irreversible daño al béisbol.
El propósito no es nuevo; se inició hace unos 30 años y se ha ido implementando paso a paso por medio de decisiones, que en mi opinión han ido distorsionando las esencias del juego.
Las distorsiones han surgido, como producto de la decisión de los dueños de la MLB y de las grandes cadenas de televisión, de hacer más rentable el negocio que las involucra.
Las distorsiones se iniciaron, con el tema de los esteroides anabólicos.
Buscando una mayor producción de carreras por medio de una mayor producción de jonrones, se permitió de manera disimulada y casi oculta, el uso de las sustancias que ya mencioné.
A partir de entonces surgió entre otras, la famosa competencia de Mark Mcgwire y Samuel Sosa; de paso y como complemento, también se aumentó la capacidad jonronera de jugadores, que en condiciones normales ni por asomo tenían la capacidad que de repente adquirieron, como lo era la de conectar jonrones a un nivel, que ni ellos mismos se lo creían.
Como consecuencia del uso y abuso de los esteroides anabólicos, fueron pulverizadas varias marcas de jonrones, y en alguna ocasión, lo hicieron más de un bateador en la misma temporada.
A esos dos casos puntualmente señalados, con el tiempo se fueron sumando otros que involucraban a figuras más señeras del juego; figuras que ya fuera con evidencias o no, terminaron siendo afectados por las medidas que posteriormente fueron tomadas, a partir del escándalo haber alcanzado un tan inocultable alto y serio nivel, que provocó la intervención del Congreso del país. Fue entonces, que se decidió tomar acciones que penalizarían el uso, de lo que con cómplice silencio hasta entonces se había permitido.
En esa dirección, ocurrieron muchas suspensiones y hasta impedimentos de calificar para ingresar al denominado Salón de la Fama; esto último, poco a poco lo han ido atenuando, porque la complicidad de los que aplican los impedimentos, éticamente los descalifica.
Los lanzadores no estuvieron al margen del tema, pues algunos también usaron y se favorecieron de uso de esas sustancias.
En sentido general; lo más grave todavía no ha sido explicado y ni siquiera someramente tocado; me refiero, a que el uso de las sustancias permitió, que quienes las usaron compitieran con ventaja frente a sus compañeros.
La complicidad parece ser mayor de lo que en un principio limité a dos partes, pues hay un silencio casi colectivo, en los medios que promueven el negocio-deporte que es el beisbol.
Hay quienes han pretendido justifica el uso de esas sustancias, alegando que los buenos bateadores no necesitan del uso de las sustancias para seguir siendo buenos; pero resulta y viene ha ser, que jugadores que ya mostraban evidencias de estar entrando en las postrimerías de sus carreras, de repente y a veces hasta luego de ser cambiados de equipo, resurgieron con más calidad, y llegando inclusive, a ser premiados con importantes premios, como los son el MVP y el Cy Young.
Esas dos cosas las silencian, los que han tratado de justificar su uso.
.Continuará



