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Beisbol

Cuba, más allá del Clásico Mundial

El béisbol cubano tiene  y necesita pensarse más allá del Clásico Mundial, no puede ser una fiebre, ni efímera pasión, lo vivido fue lindo, es cierto, pero por detrás de eso hay mucho que solucionar.

Por Darién Medina Bonilla

La realidad actual del béisbol cubano no es la de celebrar los triunfos, es la de festejar un supuesto futuro lleno de éxitos para el pasatiempo nacional, sumido en una crisis de resultados internacionales que ha tocado, hasta en algún momento, el ridículo.

El 4to lugar en el Clásico Mundial, ha despertado la pasión alrededor de un equipo nacional que se vio necesitado de abrirle las puertas a varios de esos nombres que un día salieron en la búsqueda de otros terrenos, de otros sueños y que fuimos renuentes por muchos años a reconocerle su valía y sentirlos parte nuestra.

El alboroto de un lado y de otro, levantó debates, criterios y de por medio la omnipresente política, tan arraigada ya a nuestro béisbol, es una unión de años, que por más que quieran negar, más de una de las decisiones relacionadas a la pelota cubana, han salido de los despachos de figuras políticas.

Cuba cerró su andar en el máximo torneo beisbolero internacional en Miami, ante un equipo estadounidense que desató toda la furia ofensiva contenida hasta el momento en el certamen, los cubanos llegaban nuevamente desde Asia, tierra en las que de 5 Clásicos Mundiales, en tres, han desarrollado la fase de grupos, bien distantes de las sedes de América, donde la calidad fue mayor.

Superó Cuba la primera fase entre cálculos matemáticos y dos victorias finales que le abrieron las puertas a los 4tos de final, donde se las vería ante Australia, victoria, ilusiones y vuelo hacia la capital del sol.

Mientras en el terreno el equipo cubano libraba su batalla, desde fuera este país se debatía alrededor del sobrenombre dado al equipo, un polémico Team Asere que había pasado bien desapercibido tras las dos primeras derrotas, pero que luego levantó revuelo tras la seguidilla de tres triunfos.

Cuba volvía a soñar alrededor del béisbol, esa sensación que parecía extinguida junta a otras muchas alegrías desaparecidas en esta isla. La valiente decisión de llamar a esos que un día decidieron partir, comenzaba a dar sus frutos y demostrar que no solo los que permanecemos habitando en esta tierra tenemos derecho a llamarnos cubanos.

El orgullo patrio renacía alrededor de un grupo de jugadores que cargaron con ese juego alegre ya desaparecido desde hace mucho tiempo, no eran ni de aquí ni de allá,  eran sencillamente cubanos, y eso pasa por encima de todo, porque ya se cantó una vez desde esta tierra: todo el mundo cuenta.

Y hablan del comienzo de nuevos triunfos, en ese poco confiable tono optimista que tantas veces nos ha llevado al engaño, queda mucho por hacer, y comienza desde esta propia casa, en donde el torneo doméstico cada vez carece de más brillo, y  la salida de atletas parece indetenible.

El béisbol cubano tiene  y necesita pensarse más allá del Clásico Mundial, no puede ser una fiebre, ni efímera pasión, lo vivido fue lindo, es cierto, pero por detrás de eso hay mucho que solucionar.

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