Tokio, 6 ago (Prensa Latina) Después de aterrizar en Tokio con su delegación más pequeña en las últimas seis décadas, Cuba ostenta hoy cifras históricas en el escenario olímpico, cuando el libro de relatos todavía exhibe páginas en blanco para nuevas proezas.
Tras la medalla de oro conquistada este viernes por el estelar boxeador Julio César la Cruz, en los 91 kilogramos, la mayor de las Antillas se convirtió en la sexta nación que logra seis títulos con un grupo de clasificados inferior a los 70 miembros desde la justa de Roma 1960.

De hecho, el contexto en Tokio es bastante favorable, porque el territorio latinoamericano tiene en los puños de Andy Cruz la posibilidad de engordar el número de coronas, cuando enfrente el combate final de los 63 kilos en el pugilismo de la capital nipona.
Cruz, considerado el mejor libra por libra del evento, chocará contra el fajador estadounidense Keyshawn Davis, pero todos los especialistas le otorgan un amplio favoritismo. Además, la isla todavía sueña en las aguas, con los canoístas José Ramón Pelier y Fernando Dayán Jorge, ambos en el C1 a mil metros.
A falta de 48 horas para el adiós de los llamados Juegos del Silencio, a causa de las medidas para enfrentar la Covid-19, Cuba, además, ya rindió su mejor actuación de los últimos 13 años, al superar los resultados de Beijing 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016.
Hasta el momento, el balance en Tokio 2020 es de seis premios de oro, tres de plata y cuatro de bronce, por encima de lo sucedido en China (tres-10-17), Reino Unido (cinco-tres-siete) y Brasil (cinco-dos-cuatro).

Todo eso sucede cuando la delegación caribeña marcha en el decimotercer lugar de la tabla, ratificándose como el segundo país (83-69-81) más laureado de todo el continente americano en la historia, detrás de Estados Unidos, y el líder entre todas las naciones hispanohablantes.
Tokio es, entonces, una nueva arrancada para recuperar el terreno perdido y hacer justicia a las décadas de hazañas de atletas que pasaron de simples mortales a leyendas dentro de un territorio deseoso de ver a sus hijos empinarse en el Olimpo de los dioses del músculo.



