Conéctate con nosotros

Olímpicos

¿Cómo lidian los atletas con el síndrome del impostor?

Síndrome del impostor en el deporte: Cuando los mejores atletas dudan de sí mismos y cómo lidiar con la falta de confianza

Alex Yee winning gold at Paris 2024 in triathlon Foto por: 2024 Getty Images

Por Nicolas Kohlhuber y Marta Martín

No importa lo grandes que sean tus logros: a pesar de ello, puedes seguir dudando de ti mismo.

Algunos de los grandes campeones en el mundo del deporte saben qué eso. Medallistas olímpicos como Sergio Camello, Alex Yee, Sunisa Lee, Caeleb Dressel o Gabby Thomas tuvieron que ganar contra sí mismos; tuvieron que ganar contra el síndrome del impostor, antes de seguir ganando en el mayor escenario.

Pero, ¿qué es el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor es la «sensación de que tus logros no son reales o de que no mereces elogios o éxito», según define el Diccionario Cambridge.

Puede darse en todos los ámbitos de la vida, pero suele estar relacionado especialmente en entornos laborales.

En el mundo del deporte, el síndrome del impostor provoca problemas de ansiedad a los atletas y, en ocasiones, esto crea una barrera mental que les impide alcanzar más éxitos. Intrínsecamente, el síndrome del impostor está relacionado con una falta persistente de confianza o autoestima.

En el Mes de la Salud Mental, Olympics.com ha recopilado algunas historias en las que los mejores atletas del mundo han luchado, y ganado, al síndrome del impostor, que realza lo difícil que es ser tu propio rival cuando te falta confianza en ti mismo.

Alex Yee

El palmarés de Alex Yee cuenta con cuatro medallas olímpicas, de las cuales dos son de oro, lo que le convierte en uno de los mejores triatletas de todos los tiempos.

Sin embargo, en 2019, cuando empezó a competir entre los mejores del momento y entró en el circuito profesional, sufrió «una forma leve del síndrome del impostor».

«No me sentía digno de estar en la línea de salida», confesó a la BBC sobre sus inicios en las competencias de máximo nivel.

«Definitivamente me costó en ese momento tener la autoestima de ser un atleta. Tomó algunas conversaciones difíciles y mucho trabajo darme cuenta de que era digno de estar allí».

Sin duda, demostró que era digno en el escenario olímpico. En Tokio 2020, ganó el oro en la prueba de relevos mixtos, junto con el equipo de Gran Bretaña, y quedó subcampeón en la prueba individual masculina.

En París 2024, cuando rompió la cinta de la línea de meta, la cogió y la miró como si no pudiera creerlo: era campeón olímpico en la prueba masculina, la prueba definitiva para destronar sus propias barreras mentales. Lo coronó con otra medalla, el bronce en el relevo mixto.

Sunisa Lee

Para Sunisa Lee, convertirse en campeona olímpica y ganar tres medallas olímpicas en un solo verano no fue suficiente para comprender el gran talento que tenía. Fue una de las revelaciones de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en gimnasia artística, pero sus pensamientos seguían a la sombra de Simone Biles.

Cada vez que subía al podio en Japón, con una medalla colgada al cuello, se preguntaba si habría sido lo mismo si su compatriota, la gimnasta más laureada de todos los tiempos, no se hubiera retirado de la competición.

La propia Biles le ayudó a responder a esta pregunta.

«Simone me dijo: ‘¡Tienes que darte cuenta de quién eres! Has ganado esta medalla de oro [en all-around] porque eres una atleta increíble. Tienes que creer en eso, salir ahí fuera, competir y actuar como tal'», recordó Lee para Olympics.com. «Probablemente fue uno de los mejores consejos que me han dado nunca».

Esta sugerencia le ayudó a subir más veces al podio en los Juegos Olímpicos de París 2024. Gracias a dos medallas de bronce, en all-around y en barras asimétricas, y una de oro, en la prueba por equipos femeninos, Sunisa Lee entendió que lo de Tokio 2020 no había sido suerte: es una auténtica campeona.

«Creo que por fin estoy comprendiendo lo buena gimnasta que soy y que todo el esfuerzo que he dedicado definitivamente ha valido la pena, que merezco ser feliz», afirmó Lee. «Todas las oportunidades que he tenido han sido increíbles… y es realmente sorprendente que practicar gimnasia me haya permitido estar en la misma sala que algunas de estas personas. Es una sensación difícil de explicar».

Hilary Kpatcha

Hilary Kpatcha experimentó el síndrome del impostor cuando estaba en su mejor momento, o más exactamente en su mejor marca: cuando batió su récord personal en salto de longitud. La atleta francesa superó la barrera de los 7.00 metros en mayo de 2025, cuando alcanzó los 7.02 m en su primer intento en una competición organizada en Kalamata, Grecia.

No podía creer lo que veían sus ojos cuando vio la marca: le costaba creer que acababa de lograr tal hazaña.

«Me dije a mí misma: ‘¿Cómo es posible?’. No lo vi venir, así que, obviamente, intentaba averiguar cuál era el problema. Era extraño, sentía que algo había pasado. ‘¿Hay algún fallo? ¿Me ha ayudado el viento?’. Intentaba buscar una explicación. Cuando supe que todo estaba bien, fue un verdadero shock. Ni siquiera estaba feliz, pensaba: ‘Vale, ¿esto está pasando de verdad? ¿Aquí, ahora mismo?'».

La saltadora de 27 años se hizo muchas preguntas, pero experimentó aún más emociones.

«Quería llorar, pero al mismo tiempo quería gritar. Estaba entrando en pánico. Fue muy divertido porque mi entrenador debió de verme pasar por 36.000 emociones«.

No era la primera vez que experimentaba este síndrome del impostor. Al ser una mujer negra procedente del campo francés, muchos prejuicios acompañaron su ascenso. Durante mucho tiempo, algunas personas consideraron que sus éxitos eran normales, cuando no lo eran. Cuando la gente veía el color de su piel, no veía todos los esfuerzos, todo el trabajo duro y todos los sacrificios que había hecho para alcanzar sus sueños.

«Directamente, la gente dirá que tenemos cualidades, que tenemos genes que nos han ayudado a alcanzar este nivel, como si fuera algo normal. ‘Siempre supimos que Hilary saltaría 7.00 m’. Pero no, hay una historia detrás. Se sabría si fuera tan fácil».

Caeleb Dressel

Cualquiera puede tener dudas y Caeleb Dressel es la viva prueba de ello.

El nadador estadounidense habló sobre el síndrome del impostor tras los Juegos Olímpicos de París 2024. Ganó dos medallas en el Paris La Défense Arena, el oro en el relevo 4×100 m libre y la plata en el relevo 4×100 m estilos, pero aseguró que el síndrome del impostor estaba estrechamente relacionado con su increíble trayectoria olímpica.

Sí, Caeleb Dressel ha ganado en total nueve medallas olímpicas, incluidas ocho de oro, pero sufrió por ello.

«En cada edición de los Juegos siento que tengo el síndrome del impostor, que no merezco estar aquí«, declaró Dressel a Olympics.com.

«Ayuda pensar que has hecho tu parte al superar las pruebas de selección, en las que quedaste entre los dos primeros en tu prueba, pero sigo teniendo el peso de los nombres que me han precedido, los que vendrán después de mí y los que compiten conmigo actualmente. Así que, sí, simplemente estoy feliz de ser miembro del equipo».

Gabby Thomas

Gabby Thomas es sinónimo de excelencia, tanto dentro como fuera de la pista de atletismo.

La velocista estadounidense es cinco veces medallista olímpica y se graduó en la Universidad de Harvard, donde estudió Neurobiología y salud global.

Si su talento ha sido reconocido con numerosos galardones, tanto medallas como títulos, ha sido tras años de lucha. Para hacerse un hueco, para comprender que ese es su lugar.

«No siempre he sido una estrella. Y cada vez que empiezo en una nueva área, me desafío a mí misma y me pongo en una situación en la que no me siento cómoda. Así que, en lo que respecta al atletismo, me mudé a Austin, Texas, para entrenar con atletas olímpicos».

«Cuando me mudé aquí, yo no era olímpica. Ni siquiera estaba cerca de serlo. Nadie hablaba de que yo fuera a formar parte del equipo olímpico. Así que cuando me mudé aquí y le dije al resto: ‘Estoy entrenando para los Juegos Olímpicos’, me sentí como una impostora. Nunca antes había formado parte del equipo estadounidense. Así que tuve que trabajar y llenar ese vacío. Y al final lo conseguí. Ahora soy olímpica, medallista olímpica y aspirante a la medalla de oro. Pero no siempre lo fui. Tuve que esforzarme mucho para llegar hasta aquí», declaró a Sky Sports antes de los Juegos Olímpicos de París 2024, donde ganó tres medallas de oro, incluida una en los 200 metros femeninos.

«Lo mismo ocurrió cuando fui a Harvard. No era la mejor estudiante del instituto. No sabía lo que se necesitaba para ser médico o dedicarme a la Neurobiología. Pero estaba en una clase con los mejores estudiantes del mundo, literalmente. Así que, por supuesto, sentía que no encajaba allí. Pero seguí trabajando y me obligué a estar en ese lugar hasta que sentí que encajaba allí», prosiguió en la entrevista.

Incluso Gabby Thomas, que ganó el oro olímpico en los 200 metros con un tiempo de 21,83 segundos, es la prueba de que, a veces, se necesita tiempo para sentirse cómodo en un lugar en el que estás de una manera más que legítima.

Paula Sevilla

El síndrome del impostor afectó a Paula Sevilla cuando comenzó la temporada 2025 con una prueba nueva e inesperada: aunque su carrera en atletismo siempre había estado ligada a los 100 y 200 metros, compitió por casualidad en los 400 metros en el Campeonato de la Comunidad de Madrid en pista cubierta. Ganó la carrera y, una semana después, también consiguió la medalla de oro en el Campeonato de España en pista cubierta en la misma distancia.

El éxito de Sevilla llegó de un día para otro. Además de ser la estrella del histórico equipo español de relevos 4×400 m femenino que ganó la medalla de oro en los Mundiales de Relevos de 2025, solo media hora después de ganar la plata en los 4×100 m, también alcanzó individualmente la medalla de bronce en el Campeonato de Europa por Equipos, entre otros logros.

Quizás fue ‘demasiado’ éxito de golpe para alguien ‘nuevo’ en la disciplina.

«Este año estoy trabajando con un psicólogo y me está ayudando un montón a gestionar. Creo que los dos vamos aprendiendo porque, como son situaciones nuevas, nunca sabes cómo vas a reaccionar. Yo antes iba al 200 y sabía lo que podía esperar, lo que no podía esperar, los objetivos… Y esta vez [en el 400] voy un poco sin saber qué esperar», reconoció en una entrevista con Olympics.com previa al Mundial de Atletismo 2025.

«Estoy preparada, estoy entrenando un montón, pero que no sé cuál va a ser el resultado o no sé lo que esperar. Creo que estoy aprendiendo un montón a gestionarlo, aprender a identificar las emociones, las sensaciones que tengo en cada momento, y [el psicólogo] me está ayudando un montón», explicó para Olympics.com

Allan Corona

«Cada vez que me pongo los esquís, me enfrento a una batalla. Lucho contra el frío, la dificultad para mantener el equilibrio, la delicadeza de la técnica, los dolores de un cuerpo cansado y las constantes subidas. Pero, ¿cuál es la lucha más dura? La que mantengo contra la voz interior que me susurra ‘impostor’«.

Allan Corona está encaminado a ser el atleta que represente a México en esquí de fondo en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026. Dado que los Comités Olímpicos Nacionales (CON) tienen la autoridad exclusiva sobre la representación de sus respectivos países en los Juegos Olímpicos, la participación de cada atleta en los Juegos de Milano Cortina dependerá de la selección de su CON para representar a su delegación en Milano Cortina 2026.

Obviamente, este no es el camino habitual para un mexicano hacia los Juegos Olímpicos. Hace tres años, antes de mudarse a Oslo, Allan Corona ni siquiera sabía lo que era el esquí de fondo.

Incluso cuando obtenía buenos resultados, lo suficientemente buenos como para ser elegible para los Juegos Olímpicos de Invierno, esa voz interior le seguía diciendo que era un impostor.

«Después de ver vídeos o fotos mías esquiando, a menudo empiezo a creer que es verdad esa duda», dijo Corona en su Instagram hablando del síndrome del impostor.

Sin embargo, también va en camino de sobrepasar esos pensamientos intrusivos. «El ánimo [de mis seres queridos] ahoga la negatividad y la sustituye por un coro de apoyo que resuena en mi interior cada vez que vuelvo a la nieve».

Nadia Erostarbe

Algo similar a lo que le pasó a Corona le ocurrió a la surfista española Nadia Erostarbe.

Debutó en los Juegos Olímpicos de París 2024, y eso supuso un antes y un después para ella. «Son como dos Nadias diferentes. Completamente diferentes», declaró en una entrevista con Olympics.com este verano.

«La primera Nadia no creía que fuera buena, o no creía que tuviera el potencial para hacerlo. Y ahora mismo siento que pertenezco a este lugar y que pertenezco a los buenos resultados».

«Cuando viajas con las mejores surfistas del mundo y cuando compites con ellas, te sientes cada vez más cómoda y crees más en ti misma tan pronto como consigues buenos resultados», reflexionó la española, que fue quinta en sus primeros Juegos Olímpicos y que ahora ya no tiene dudas de cuál es su lugar.

Sergio Camello

Para su compatriota Sergio Camello los Juegos Olímpicos de París 2024 también cambiaron su vida.

El futbolista llegó a los Juegos Olímpicos como suplente y terminó como campeón olímpico y héroe de la final contra Francia, cuando marcó los dos goles decisivos en la prórroga para ganar el partido (5-3).

Antes de ese día, no tenía mucha confianza en sí mismo tras su «peor temporada en los últimos años» con su club, el Rayo Vallecano. También admitió a Olympics.com que «no esperaba ni ser llamado para los Juegos».

Sin embargo, una vez más, el hecho de contar con una buena red social a su alrededor hizo que los pensamientos intrusivos se desvanecieran. «Tanto el cuerpo técnico como los jugadores me hicieron creer que iba a ser yo el que iba a dar la victoria. Cuando lo escuchas tanto y te lo están repitiendo todos los días, al final hay algo que se activa en ti. Dices: ‘Eres bueno, puedes hacerlo’. Y entonces me lo creí tanto que lo hice realidad. Así que esos dos goles cambiaron mucho en mí», recordó en la entrevista.

La salud mental es un tema fundamental para Camello, quien ahora recuerda que el mejor mensaje que recibió tras la final olímpica fue el de su antigua psicóloga, quien empezó a trabajar con él sin saber que su paciente era jugador de fútbol.

«Me encantó ese mensaje porque me hizo darme cuenta de hasta dónde llegan los Juegos Olímpicos. Yo valoro mucho la figura del psicólogo porque es una persona que no te juzga. Esta psicóloga no sabía quién era yo cuando fui a su consulta, no sabía que me dedicaba al deporte».

«Ese día [tras la final olímpica] me di cuenta de que los Juegos llegan hasta personas, como ella, que en la vida imaginé que vieran un partido, en ese momento lo hicieran. Y me parece muy bonito: ese mensaje para mí fue recibir las palabras de cariño de una persona que tiene mucha culpa de que yo haya conseguido todo esto».

Via: olympics.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Recibe nuestro boletín en tu bandeja de entrada.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

More in Olímpicos