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Olímpicos

¿Cómo consiguió Tokio mantener a raya al COVID-19?

Las pruebas agresivas, las aplicaciones de seguimiento y las restricciones impidieron que un brote generalizado de COVID-19 descarrilara los Juegos Olímpicos, pero hubo problemas.

(Kin Cheung / Associated Press)

Unas pocas docenas de personas se reunieron a lo largo de la pasarela del parque Symbol Promenade, en una noche reciente, para comer y tratar de echar un vistazo mientras los escaladores subían la enorme pared bajo las luces del Parque Deportivo Urbano Aomi.

La voz lejana del locutor flotaba en el aire húmedo y se mezclaba con las súplicas de los policías y los guardias de seguridad a través de los altavoces para que los espectadores siguieran adelante.

“Por favor, no se detenga aquí”, decían los letreros colocados cada pocos metros en inglés y japonés. Se intercalaban con carteles que advertían de “Mantener la distancia física” para protegerse del COVID-19.

El espectro de la pandemia se cernía sobre cada momento de los Juegos Olímpicos de Verano, al igual que el robot Gundam de 2 metros de altura que se alzaba sobre la entrada de un popular centro comercial detrás de la pequeña multitud.

Aunque los Juegos, que terminaron este domingo, no provocaron un brote generalizado entre los 42.000 atletas, funcionarios, medios de comunicación y otros visitantes con credenciales extranjeras, se desarrollaron en sedes sin espectadores en medio del peor repunte de la pandemia en Tokio.

Los casos diarios en la metrópoli de casi 14 millones de habitantes se dispararon de 1.359 el día de la ceremonia de apertura hasta superar los 5.000 en los últimos días de los Juegos, a pesar del estado de emergencia y el uso omnipresente de mascarillas.

Protesters demonstrate near Olympic Stadium in Tokyo on Thursday.
(Carl Court / Getty Images)

Sin embargo, la burbuja olímpica – construida en torno a agresivas pruebas, aplicaciones telefónicas que rastrean la salud de cada persona con credenciales, mascarillas obligatorias y una serie de otras restricciones – permaneció en gran medida intacta. El presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, alabó las medidas en su conferencia de prensa de clausura: “Todas las cifras confirman que este concepto de medidas anticoronavirus ha funcionado”.

En total, 436 personas vinculadas a los Juegos Olímpicos han dado positivo por COVID-19 en Japón desde el 1 de julio. De ellas, 32 eran atletas, 112 personal relacionado con los Juegos, 25 de medios de comunicación, 10 empleados de Tokio 2020, 235 contratistas y 21 voluntarios. Alrededor de dos tercios de los positivos eran residentes japoneses.

La antigua preocupación de que un equipo de alto perfil o un atleta con un nombre conocido fuera retirado de la competencia por una prueba positiva nunca se materializó. Aunque 32 de los casos, incluidos 18 atletas, se produjeron dentro de la villa olímpica – la burbuja dentro de la burbuja –, no desencadenaron un problema mayor.

Al igual que otras personas que viajaron a Japón, los atletas tuvieron que someterse a dos pruebas en las 96 horas previas a su vuelo. El resultado fue que un puñado de atletas estadounidenses, como el jugador de baloncesto Bradley Beal, el golfista Bryson DeChambeau y la estrella del tenis Coco Gauff, se retiraron de los Juegos por haber dado positivo.

Desde el principio, los organizadores decidieron tratar a todos los titulares de credenciales como si no estuvieran vacunados. Esto dio lugar a una rutina diferente a la de cualquier otra Olimpiada, en la que las botellas de desinfectante para las manos parecían más comunes que las imágenes de Miraitowa, la mascota azul y blanca de los Juegos, en la que se comprobaba la temperatura de cada persona antes de entrar en el recinto y en la que se expulsaba a los residentes ordinarios que querían echar un vistazo a una competencia.

Los atletas fueron sometidos a pruebas diarias – a los demás poseedores de credenciales les realizaban pruebas con regularidad, ya que escupir en pequeños frascos de plástico se convirtió en una parte tan importante de los Juegos como escuchar los himnos nacionales – y tenían que tomar precauciones como la colocación de separadores de plástico en las mesas del comedor. Los ganadores de medallas tenían que colgarse la medalla ellos mismos. Solo se les permitía beber alcohol cuando estaban solos en sus habitaciones.

Los atletas tenían que abandonar el país al terminar su competencia, a diferencia de las Olimpiadas anteriores, en las que disfrutar de la vida social en la villa y explorar la ciudad anfitriona después de competir era algo habitual.

Los medios de comunicación fueron sometidos a una cuarentena moderada de 14 días al entrar en el país, limitando los movimientos a los desplazamientos entre su hotel, el centro de prensa principal y las sedes aprobadas, además de la instalación obligatoria de aplicaciones de seguimiento sanitario y de contactos en sus teléfonos.

El transporte público y los restaurantes estuvieron prohibidos durante este período para separar los Juegos de la población en la medida de lo posible. Los carteles pegados en los bancos fuera de los hoteles prohibían el consumo de alcohol para evitar la propagación del virus, mientras que los medios de comunicación iban a menudo apiñados hombro con hombro en los autobuses que los transportaban entre las competencias.

Los recintos estaban vacíos, aparte de los atletas, entrenadores, funcionarios y medios de comunicación, después de que se prohibiera la entrada de espectadores extranjeros en Japón a principios de este año y de que se prohibiera la entrada de espectadores nacionales dos semanas antes de los Juegos. Al inicio de las competencias, los locutores recordaban a la escasa gente que se encontraba en el interior que practicara las medidas de seguridad, llevara puesta su mascarilla y se mantuviera apartada.

“Obviamente, no iba a dejar de haber algunos casos de COVID-19 al celebrarse los Juegos”, afirmó Zachary Binney, profesor adjunto y epidemiólogo de la Universidad de Emory. “Pero no estoy seguro de que el cero fuera el estándar apropiado para que se desarrollaran, porque algunas personas seguirían enfermando incluso si los Juegos Olímpicos hubieran sido cancelados”.

Un puñado de atletas estadounidenses – como el jugador de voleibol de playa Taylor Crabb, la gimnasta Kara Eaker y el bicampeón mundial de salto con pértiga Sam Kendricks – estuvieron entre los positivos en Japón.

“Soportaré esta situación y el aislamiento por amor al juego”, dijo Kendricks en un comunicado en las redes sociales después de que la prueba pusiera fin a sus Juegos antes de que empezaran y le llevara a estar aislado.

Unos días después, añadió: “No pienso ser la víctima de nadie. No renunciamos nunca”.

El único brote entre atletas se produjo entre los nadadores artísticos de Grecia al final de los Juegos. Seis dieron positivo y se aislaron durante 14 días mientras el resto del equipo se retiraba de la competencia. Ningún atleta ha dado positivo durante tres días consecutivos, ya que el número de atletas extranjeros en el país disminuyó a medida que los Juegos iban llegando a su fin.

“Esperábamos un cierto número de casos positivos, y [tendríamos] que tomar medidas rápidas [para] responder a esos casos”, dijo el portavoz de Tokio 2020, Masa Takaya. “Comprendo que todos los atletas emplearon su energía y esfuerzo en venir hasta Japón, y que luego no pudieran participar en los eventos que se celebraban frente a ellos. Estoy seguro de que es muy difícil para los atletas aceptar esta realidad”.

Desde el 1 de julio se realizaron más de 620.000 pruebas a personas con credenciales para los Juegos Olímpicos. El promedio ascendió a 25.000 pruebas diarias en la última semana, más del doble de las 12.000 pruebas diarias para la población no olímpica de Tokio durante el mismo período.

Bach se jactó de que los Juegos fueron la “comunidad con más pruebas en todo el mundo durante las últimas semanas”.

Mientras tanto, el virus sigue asolando a Tokio. Bach se incomodó cuando se le preguntó si los Juegos habían tenido un efecto indirecto en el dramático aumento de los casos.

“Esas afirmaciones de efectos indirectos son infundadas”, dijo. “No conozco ninguna cifra que pueda respaldar tal afirmación”.

Citó a funcionarios del gobierno y a expertos no especificados que han “dejado claro” que “no existe tal influencia, ni directa ni indirecta”.

Los Juegos continuaron. El virus también.

Via: latimes.com

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