Por Andrés Aragón
Por unos minutos, el estadio quedó en vilo. Al comienzo del quinto juego del partido, después de un peloteo en línea de fondo, Carlos Alcaraz se echó al suelo evitando apoyar el pie izquierdo.
El tenista español se llevaba las manos a la zona del tobillo y apretaba los dientes mientras esperaba a la asistencia médica, y renegaba entre gestos de dolor mientras lo atendían en medio de la pista.
Pero tras unos minutos más de atención en el banquillo, donde le aplicaron un fuerte vendaje, Alcaraz volvió a pista para reanudar un partido que ganaría sin mayores problemas al argentino Sebastián Báez: 6-4 y 6-2 en hora y media de juego.
La lesión quedó en un susto que lo acompañaría durante el resto del partido, una preocupación que pareció no abandonarlo aunque su juego apenas se resentía: más que con la pelota en juego, el problema se hacía más evidente cuando paraba.
«Tuve miedo, no voy a mentir. Cuando planté el tobillo, me preocupé, si digo la verdad, porque al principio no lo notaba bien», confesó en declaraciones a ATP.
Las conversaciones con su equipo revelaban esas dudas que su juego no mostraba: cuando rompió el servicio de Báez en el primer juego después de volver a pista, o cuando la lluvia detuvo el partido poco antes de terminar el primer set.
«En algunas situaciones me duele pero en otras no», se pudo escuchar a Alcaraz mientras hablaba con su fisio, Juanjo Moreno. «Esperamos unos minutos y si no, vamos dentro [a vestuarios]».
Tras abrochar el primer set con un juego en blanco, Carlos Alcaraz volvió a solicitar una breve asistencia médica, pero tan solo para modificar el vendaje. Sobre la pista, todo en orden, como demostró al romper en dos ocasiones el servicio de Báez para poner la directa.
Via: olympics.com



