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Bale, el ‘Dragón Rojo’ que huía con su madre

Bale deja el fútbol como el jugador con más partidos en la historia de la selección galesa, con 111 encuentros, siendo el máximo goleador, con 41 tantos, y como el anotador más joven de los ‘Dragones Rojos’, con 17 años y 83 días.

Gareth Bale perdió el interés en el fútbol hace mucho. EFE/EPA/Peter Powell

Londres, 9 ene (EFE).- Gareth Bale perdió el interés en el fútbol hace mucho. Su carrera en clubes fue cuesta abajo desde 2018 y su cabeza viró hacia otros deportes y emociones. Sin embargo, la pegatina de un dragón en su camiseta ha sido durante años motivación suficiente para que el mejor jugador de la historia de Gales haya seguido comprometido a su selección y haya roto todos los récords de los británicos.

Bale deja el fútbol como el jugador con más partidos en la historia de la selección galesa, con 111 encuentros, siendo el máximo goleador, con 41 tantos, y como el anotador más joven de los ‘Dragones Rojos’, con 17 años y 83 días.

Pocos podían anticipar por entonces que aquel chico que jugaba en el Southampton se convertiría en todo lo que vino después.

El que vio el potencial fue John Toshack, por entonces entrenador de los galeses, que se vio forzado por las lesiones a llamar a Bale, habitual de la sub-21, para una serie de encuentros en mayo de 2006.

Bale no tardó en ser la gran esperanza de Gales, a la vez que Ryan Giggs apuraba sus últimos años en la élite. Bale era el futuro. Ya por entonces era un jugador tímido, que se encontraba muy cómodo en el ambiente familiar de la selección, con algunos amigos que se remontaban a la escuela, pero que no dudaba a la hora de escaquearse de la concentración para irse a comer con su madre. Sus compañeros tenían que cubrirle para que el seleccionador no le cazara en sus habituales escapadas.

Toshack fue el técnico que dio a Bale su primera titularidad, en una derrota por 2-0 ante Brasil, y el que vio desde el banquillo su primer gol, una falta a una escuadra ante Eslovaquia en 2006. Si Toshack ejerció como mentor, el que plantó la verdadera semilla para la gran Gales que vino después fue Gary Speed, que se suicidó en 2011 tras once meses como seleccionador.

Ese suceso unió a una selección que había crecido junta y que tenía un objetivo: conseguir que Gales volviera a competir contra los mejores.

Unos días después del suicidio de Speed, Bale, tras marcar contra el Bolton, se quitó su bota izquierda y mostró en ella el mensaje: «Descanse en paz, Gary Speed».

Para 2014, Bale ya era de los mejores futbolistas del mundo y había logrado el mayor traspaso de la historia al cambiar el Tottenham por el Real Madrid. Su influencia fue vital para que Gales, por primera vez, se clasificara para una Eurocopa. La selección de Chris Coleman anotó once goles en la fase clasificatoria para Francia y Bale estuvo involucrado en nueve de ellos.

Bale era el emblema de una selección en la que no se sentía una estrella, era uno más. Los jóvenes se sorprendían al tenerlo al lado dando consejos y los más veteranos destacaban el compromiso de un jugador que estaba entre los mejores del mundo y lo arriesgaba todo en una selección muy por debajo de su nivel.

Pero Bale tenía un objetivo, y este se fue superando año a año. Clasificarse a la Eurocopa de Francia fue un éxito, todo lo que vino después, un sueño. Bale, que anotó tres tantos en aquella cita, vio a un equipo que no debía estar ahí luchar contra Portugal por un puesto en la final, mientras que Inglaterra caía en octavos y desataba las risas de los jugadores galeses.

Durante muchos días, casi toda Europa fue con Gales y Bale vivió sus mejores momentos como futbolista. Mejor que las finales de ‘Champions’, mejor que sus éxitos con el Real Madrid. Lograr ese hito con sus amigos queda como el mejor recuerdo futbolístico de su vida.

Después llegó la Eurocopa de 2020, en la que Gales llegó hasta octavos, y el gran hito de la generación: clasificarse para el primer Mundial desde Suecia 1958. Ahí llegó el último gran servicio de Bale. Prácticamente apartado del Real Madrid, Bale bailó entre sus lesiones para dar dos últimas sinfonías. Hizo un doblete, incluyendo un golazo de falta, ante Austria en las semifinales del ‘playoff’ hacia Catar y forzó el gol en propia puerta de Yarmolenko en la final contra Ucrania.

Con el trabajo hecho y con Gales en un Mundial 64 años después, Bale llegó a Catar ya con el retiro en el horizonte. Marcó un gol ante Estados Unidos en el primer partido y no pudo hacer mucho ni contra Irán ni contra Inglaterra, ambos partidos perdidos.

Su carrera acabó en el descanso, cuando Robert Page le sustituyó por problemas físicos. «No será la última vez que le veáis con la camiseta de Gales», anticipó el técnico. «Si me quieren y puedo, seguiré jugando», aseguró el propio Bale, que, sin embargo, se ha desmentido meses después.

Su último momento en un campo de fútbol ocurrió en Doha, cuando ya con el partido acabado el icono de una generación salió, junto a sus compañeros, a agradecer a la afición el desplazamiento hasta Catar. No había lágrimas en sus ojos ni excesivas emociones. Quizás ahí Bale seguía siendo el mismo chico que 17 años antes solo quería irse a comer con su madre sin que Toshack le pillara.

Manuel Sánchez Gómez

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