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¡Así es la Vida! Juntos Otra Vez

KISSIMMEE, Florida,- Brayan Peña huyó de Cuba al señalar que necesitaba ir
al baño.
Su compañero de equipo Yunel Escobar tomó una ruta mucho más peligrosa para
llegar a Estados Unidos, al subir a una pequeña balsa y flotó en ella
durante dos días sin comida o agua hasta llegar a las costas de la Florida.
Ellos son amigos de toda la vida, dos peloteros que crecieron juntos en La
Habana compartiendo bates, guantes y hasta zapatos, como hermanos de sangre
sin serlo.
Ahora, después de huir de su patria con cinco años de diferencia entre sí,
ambos quieren disfrutar de la libertad y de la oportunidad de jugar al
béisbol en las Grandes Ligas, y nuevamente están juntos ahora con la
organización de los Bravos de Atlanta.
«Siempre soñamos en que jugaríamos con los Bravos. Nos gusta la manera como
visten, todo el uniforme de blanco. Teníamos un amigo en México, quien
alguna vez nos mandó una fotografía de él vistiendo el uniforme y la gorra
de los Bravos. Nos encantó la fotografía y desde entonces, amamos a los
Bravos», indicó Peña el miércoles.
Peña, de 25 años, espera quedarse en el equipo de Grandes Ligas de los
Bravos como receptor sustituto. Por su parte, Escobar, de 24 años, es una de
las promesas más fuertes en esta pretemporada y ha sido destacado en los
informes del piloto Bobby Cox.
Sin embargo, Escobar, un jugador de cuadro, probablemente pasará un año más
en Ligas Menores.
Ciertamente, nada de esto hubiera sido posible si ninguno de ellos hubiera
tomado la decisión de desertar para salir de Cuba. Peña fue el primero en
escapar.
En 1999, cuando jugaba para el equipo nacional juvenil de Cuba, en una serie
que disputaban en Venezuela, Peña vio su gran oportunidad.
En ese entonces apenas tenía 17 años y sabía que tendría que dejar atrás a
sus familiares y amigos, pero eso no lo disuadió.
«Uno no piensa en ello, pues si lo haces, tus sentimientos te traicionan»,
agregó.
Una mañana, en el hotel donde se hospedaba el equipo, Peña se levantó muy
temprano y bajó hacia la entrada para desayunar. Naturalmente, fue seguido
por un guardia cubano, quien estaba bien enterado de que muchos peloteros
buscarían aprovechar una situación así para desertar.
«Le dije que necesitaba ir al baño. Me respondió ‘tengo que ir contigo’ y le
respondí ‘vamos, son apenas las siete de la mañana. Déjame ir solo’ y
entonces él respondió ‘Está bien, Peña, ve’ y se dio la vuelta y mientras
conversaba con la recepcionista me fui», recordó Peña.
Un conocido suyo en Cuba consiguió que Peña subiera a un auto y saliera de
Caracas. Viajó durante varias horas y rogaba que no hubiera algún retén que
lo obligara regresar a Cuba.
«Cuando uno esta así de desesperado, uno hace cualquier cosa», indicó Peña,
y por ello no le informó de sus planes ni a sus padres, ni a sus hermanos,
ni a Escobar.
«Me sorprendió. Pero sabía en mi corazón que algún día estaríamos juntos de
nuevo», indicó Escobar.

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