En una conversación sin exclusividad ante la enorme legión de medios argentinos deseosos de hacer preguntas a Delfina, aceptó con una carcajada que su nombre la ayuda en las piletas y resaltó su felicidad con las dos conquistas áureas.
Delfina Pignotiello, levanta su brazo izquierdo como señal de triunfo.
Por Fausto Triana, Enviado especial FotosPL: José Tito Meriño
En los 800 no dio tregua desde la misma largada. El Centro Acuático de la capital peruana enmudeció ante el despliegue de la chica de San Isidro, en el norte del Gran Buenos Aires, ‘donde seguramente alguien estaba pendiente de mi’.
Siempre sonriente y propensa a las bromas, indicó a Prensa Latina que cada prueba es un nuevo paso en el objetivo de clasificar para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. ‘Me lo tomo en serio, pero trato también de rebajar las tensiones y nadar y nadar’, acotó.
En una conversación sin exclusividad ante la enorme legión de medios argentinos deseosos de hacer preguntas a Delfina, aceptó con una carcajada que su nombre la ayuda en las piletas y resaltó su felicidad con las dos conquistas áureas.
‘Me quedan los mil 500 y el relevo, porque todo es aquí un aprendizaje para mi con el sueño de Tokio en la cabeza, y el enorme anhelo de comerme un asado’, comentó un tanto en broma.
Bella, de vivarachos ojos claros, repitió que su rutina la lleva a dos horas de entrenamiento en las piscinas y un tiempo adicional en el gimnasio. Por eso soy fan de la música, canto veo películas de aventuras, añadió.
Para ser la estrella fulgurante de la cita limeña Delfina deberá vencer la barrera de la norteamericana Margo Geer, quien acumula tres preseas doradas.
‘Vine a buscar tres medallas individuales y ojalá una más para mi país, porque Argentina es muy importante en mi carrera deportiva’, subrayó la ondina rioplatense.


Delfina Pignotiello, levanta su brazo izquierdo como señal de triunfo.
En los 800 no dio tregua desde la misma largada. El Centro Acuático de la capital peruana enmudeció ante el despliegue de la chica de San Isidro, en el norte del Gran Buenos Aires, ‘donde seguramente alguien estaba pendiente de mi’.
