El fuego llegó a comienzos de julio a Machu Picchu desde las pirámides precolombinas de Teotihuacán, en México, de uno a otro gran monumento de la cultura ancestral de ambos pueblos.

Por Manuel Robles Sosa
El fuego llegó a comienzos de julio a Machu Picchu desde las pirámides precolombinas de Teotihuacán, en México, de uno a otro gran monumento de la cultura ancestral de ambos pueblos.
En la fase culminante de su recorrido de más de seis mil kilómetros y más de una veintena de ciudades, llegó a Caral donde la portaron la descubridora y guardiana de Caral, Ruth Shady, y la ministra de Transportes y Comunicaciones, María Jara, y siguió rumbo al Callao.
Tras su llegada al principal puerto del país, esta tarde recorrerá las calles porteñas desde el estadio Miguel Grau hasta la Escuela Naval, donde embarcará en el velero Unión, buque escuela de la Marina peruana, para llegar a la Costa Verde, donde la antorcha será desembarcada y recorrerá las huacas, vestigios precolombinos, de la ciudad.
El periplo de la Antorcha Panamericana culminará mañana cuando llegue al Estadio Nacional y, en la ceremonia inaugural de los Juegos Panamericanos, el último corredor encenderá con ella el pebetero que hasta el 11 de agosto simbolizará el espíritu de los juegos.
El acontecimiento es precedido por la expectativa de conocer al último portador del emblema, cuyo nombre es guardado en secreto y del que solo se sabe que será alguien que ha aportado mucho al deporte peruano, según dijo ayer el secretario general del Comité Olímpico Peruano, Carlos Lazarte.



