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Ajustes y martirios para llegar a Tokio 2020

Después del aplazamiento en 2020 por la pandemia de la Covid-19, las oficinas de los responsables fueron cubiertas por sombras en múltiples ocasiones y razones nunca faltaron para dudar de la realización porque -dicen- hay de todo y nada es seguro en la viña del Señor.

Por Gonzalo Crespo, enviado especial

Tokio, (Prensa Latina).- Los organizadores de Tokio 2020 protagonizan una auténtica carrera de obstáculos y bajo fuego cruzado ajustan hoy los últimos detalles cuando el calendario advierte la cercanía de la esperada lid olímpica.

Después del aplazamiento en 2020 por la pandemia de la Covid-19, las oficinas de los responsables fueron cubiertas por sombras en múltiples ocasiones y razones nunca faltaron para dudar de la realización porque -dicen- hay de todo y nada es seguro en la viña del Señor.

Toca recordar que, a pocas semanas de la apertura, la cuarta ola de la enfermedad sacudió a Japón, el apoyo de los ciudadanos siguió en caída libre, el proceso de vacunación careció de ritmo y tomó auge la protesta de médicos y enfermeros.

Todo ello ensanchó los márgenes para una posible suspensión, esa que -a todas luces- ya no tendrá lugar, aunque el camino esté lejos de ser expedito.

«Durante estos últimos 15 meses hemos dudado todos los días. Cuando anunciamos el aplazamiento de los Juegos por un año, no sabíamos lo que iba a pasar. Y ha sido más difícil de lo que imaginamos», afirmó Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) en una conversación con las agencias de prensa.

Los riesgos ya comenzaron a deambular en la mismísima Villa Olímpica, lugar que debería ser el más seguro en cuanto a la situación sanitaria y ahora vive un incipiente caos luego de la detección de los dos primeros atletas positivos a la Covid-19.

Ello genera incertidumbre entre deportistas, entrenadores, personal médico y -por supuesto- organizadores, cuya «burbuja» puede explotar si no son capaces de frenar una situación inédita en el concierto del olimpismo.

Según trascendió, los deportistas contagiados no son de nacionalidad japonesa, dieron positivo dentro del período de 14 días tras la entrada al país y quedaron totalmente aislados.

Por motivos de confidencialidad, el Comité Organizador no brindó mayores detalles; empero, volvió a reconocer que un escenario de este calibre estaba previsto, mientras el designio no cambia: la salud del pueblo nipón y la familia olímpica en su totalidad.

«Nunca dijimos que fuera a ser un espacio libre de Covid-19», comentó a la prensa acreditada Masa Takaya, portavoz de Tokio 2020. «Siempre manejamos que sería un lugar seguro».

Así, suman tres contagios en el «templo» olímpico de los atletas, ya que antes un funcionario extranjero tampoco solventó satisfactoriamente la prueba PCR en tiempo real.

Este amasijo de dilemas vuelve a colocar en la mesa las ideas de quienes exigieron la cancelación, pero el golpe económico -y hasta moral- iba a ser demasiado demoledor para el país anfitrión y el COI.

Por ende, a cinco días de la inauguración oficial, es válido exponer que ni la Covid-19 pudo destronar un evento que solo fue suspendido por las Guerras Mundiales (ediciones de 1916, 1940 y 1944).

La suerte quedó, entonces, para aquellos que siempre fantasearon con observar el pebetero de Tokio 2020 y ahora se frotan las manos a la espera de los hechos sorprendentes que siempre ocurren en la más glamurosa de las lides deportivas.
mv/jdg

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