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ÁGUILAS CIBAEÑAS

El siempre aguerrido conjunto Águilas Cibaeñas alcanzó el viernes por la noche su decimonoveno título de campeón en el béisbol dominicano. Para ello asestaron una paliza de 10-2 al peligroso contrincante Tigres del Licey.
El hogar de los nuevos campeones el estadio Cibao, ubicado en la parte Norte de Santiago, de los Caballeros, bautizado como “El Valle de la Muerte”, fue escenario de la más avasallante derrota que ha propinado las Águilas ha un adversario en este tipo de serie.
De otra manera no podía ser porque en béisbol, cuando un conjunto es superior en todo a otro y se trata de una serie larga, los resultados son crónicas anunciadas.
De ninguna manera, se les puedes restar méritos a esa gran corona la número 19 de las Águilas, quienes de paso empataron en gallardetes con sus “archirivales” Tigres del Licey.
Los gritos, el delirio, la algarabía entre los seguidores de las Águilas, se mantuvieron durante las nueve entradas y se acrecentaron cuando cayó el out 27, un inofensivo batazo a las manos del jardinero derecho Willie Mo Peña.
En las pantallas de televisión se observó durante la transmisión cartelones procedentes desde distintas comunidades cibaeñas, diciendo presentes y apoyando a su busque insignia.
La Vega, Cotuí, San Francisco de Macorís, Nagua, Sánchez, Samaná, Esperanza, Mao, Montecristi, Santiago Rodríguez, Puerto Plata, Bonao, Moca, en fin representantes de todos esos pueblos buscaron sus figureos en Santiago, diciendo aquí estamos.
No es para menos, las Águilas merecen estar en ese sitial. Como escribió para siempre Fidencio Garris. Las Águilas son las Águilas.
¡Salve campeones!

FELICITACIONES
Congratulaciones a todos y cada uno de los integrantes de ese gran conjunto, primero a mi hijo Miguel García, uno de los entrenadores, al Caballero número tres, de esa gran ciudad Winston Llenas, junto a los demás ejecutivos de oficinas, así como al fraterno Félix Fermín, el dirigente, quien entra a los libros de récord de nuestro béisbol.
Con esta corona arriba a la número cuatro, lugar que solamente era habitado por los afamados Manuel Mota y Felipe Rojas Alou.
¡Loor a Félix Fermín, a sus familiares y a todos en las Águilas!

LA GRANDEZA DE CHILOTE
La noche inició en grande en Santiago, el Cibao y el país, desde que se anunció que ese juego era dedicado a un hombre que creció haciendo reír a diversas generaciones. El Mago Cucharimba.
La grandeza de Chilote Llenas, rebosó la copa, la noche del viernes, cuando entregó un pergamino de reconocimiento al humilde Cucharimba y la pelota para que hiciera el lance simbólico.
¡Cortés y valiente!, así eres tu Wiri. En nombre de Cucharimba gracias, muchas gracias.
Los santiagueros que no pudimos estar presentes en el estadio, disfrutamos el homenaje a Cucharimba, igual que el posterior triunfo.
¡Más éxitos para las Águilas!

OTRO GRAN MOMENTO
Un repleto estadio Cibao disfrutó en carne propio cuando el veterano Luís Polonia, ausente en toda la serie por lesión, agotó un turno al bate en la séptima entrada y pegó un doble contra la pared central.
Sus compañeros aprovecharon la oportunidad para sacar en hombros a Polonia, jugador con 23 temporadas consecutivas en el conjunto de las Águilas.
Ese fue otro gran momento. Se disfrutó. Las Águilas ya tenían el juego de un solo lado y la caballerosidad de la dirigencia de los Tigres del Licey, también se puso de manifiesto permitiendo las celebraciones antes de concluir el juego de pelota.
¡Salud y más campaña para Luís Polonia!

LOS LICEISTAS
Los jugadores y la fanaticada de los Tigres del Licey, volvieron a demostrar por son grandes campeones de nuestra pelota y en el área del Caribe.
Salieron al terreno de juego y colmaron hasta el último instante las graderías defendieron sus colores a sabiendas de que no podían competir en igualdad de condiciones.
Repleto de coraje y de respeto el Licey demostró en esta guerra que termina de perder, que es un verdadero campeón.
Felicitaciones a sus directivos, al dirigente Rafael Landestoy, junto a su equipo de colaboradores, a todos y cada uno de los jugadores y a esa gran fanaticada que solo avasallándola un aguerrido contrario, se dio por vencida.
Esa fanaticada demostró que merece respeto y que les gusta el béisbol, porque al caer el último out del juego reía y compartía las alegría de los ganadores.
¡Ese es el deporte, así son los liceístas!

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