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Premiación

Adriano Miguel Tejada agradece honra de UDESA

Palabras de agradecimiento de Adriano Miguel Tejada al recibir el premio «Hans Hieronimus»que otorga la Unión Deportiva de Santiago, el cinco de noviembre del 2019.

DSC_0093Severiano Rosa, doña Julia Lora vda Hieronimus y Guillermo José Saleta, entregan la placa al peridista Adriano Miguel Tejada.

 

SANTIAGO.- Acepto con profundo sentimiento de humildad este reconocimiento que me otorga la Unión Deportiva de Santiago y que honra la memoria de ese extraordinario deportista y promotor deportivo que fue Han Hieronimus.

Agradezco sinceramente a los miembros de esta prestigiosa entidad que me honraron con su voto para añadirme a la extraordinaria lista de recipiendarios del premio, entre los cuales distingo a tantas personas merecedoras de los más altos honores que me ruborizo al encontrarme entre ellos.

Reconozco la presencia en este acto de las distinguidas personalidades, representativas de todo el ámbito político, social y deportivo de esta provincia.

Recibo emocionado este premio porque el mismo se otorga también en esta ceremonia de manera póstuma, a un distinguido amigo con quien colaboré siempre, pero particularmente cuando iniciaba su fecunda gestión al frente de la Federación Dominicana de Béisbol.

Tito Pereyra llevó nuevas ideas a un deporte que a pesar de ser el preferido de los dominicanos estaba pasando por una etapa de transición que afectaba los resultados que son indispensables para mantener el entusiasmo de la población. Tito llevó organización y método a la Federación y revivió la mística y el prestigio del béisbol dominicano. Sus esfuerzos fueron premiados con triunfos y reconocimiento internacional.

El homenaje que hoy le rinden Santiago y la UDESA no debe verse como un acto regional, sino como la confirmación del aprecio de todo el país por una obra responsable, bien hecha y de entrega total hasta el último latido de su corazón generoso.

Del mismo modo, para mí, Hans Hieronimus fue un motor de fuerza extraordinaria capaz de mover montañas. Con él, el tenis de mesa logró el empuje que dio a esta ciudad y al país el despegue definitivo y habiendo hecho eso no podía dejar de colaborar con proyectos de más largo alcance. Llegué a conocer de sus angustias, de sus planes extraordinarios, de sus esperanzas en el desarrollo de Santiago como una potencia deportiva no solo en el plano atlético, sino también organizativo, y por su valer moral y su desprendimiento fue figura clave para la formación de esta Unión Deportiva y para la unidad de criterio que culminó con el logro de los XV Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe realizados en esta ciudad del 24 de junio al 5 de julio de 1986, y que él vio con alegría desde el Cielo.

Queridos amigos:

Yo amo profundamente a Santiago. Viajaba a esta ciudad desde mi natal Moca, desde que era un niño y me quedaba en el hogar de dos maestros distinguidos de esta ciudad, Héctor y doña Luz Tejada, los padres de quien fuera presidente de esta institución y gran promotor deportivo, Rafael (Panchón) Tejada.

Estudié en la Universidad Católica Madre y Maestra, donde luego fui profesor por más de 20 años y compartí por lustros mi morada en Villa Olga con distinguidos santiagueros de todas las clases sociales. Tuve el privilegio de dirigir su diario emblema, y sus principales sociedades culturales me han honrado.

Este pequeño recuento solo tiene el propósito de que todos puedan apreciar el inmenso agradecimiento que tengo por esta ciudad donde nacieron dos de mis hijas y donde viví uno de los períodos más fecundos de mi vida, gracias a lo acogido que me sentí en todos los ámbitos sociales, culturales, deportivos y de desarrollo de esta Ciudad Corazón de la República.

Precisamente por ello, quisiera aprovechar la oportunidad para reconocer que mis modestos logros no son míos sino que fueron posibles y están cimentados en las obras de santiagueros ilustres, humildes y generosos que dedicaron sus vidas al empresariado, al arbitraje, a la crónica y a la promoción deportiva.

Como olvidar, por ejemplo, al Chino Ramos, a Nonón  y Capimpo de la Cruz, a Rafaelito Sánchez, a Ogilbe Peralta, a Radhamés Peña, a Adolfo Rodríguez, a Pedritico Espaillat, a Coki Flete, Oscar Peña, a William Liriano, a Gilberto (el chino) Santos, a Belmán Mejía, a Príamo Cruz y a Viruta Peña, entre los árbitros y a Ángel Blanco Veras, a Francisco
Vicente,  a Roberto Mata, Delgy Peralta, Pelo Fino Ureña y a Nakin González, entre los anotadores.

Como no recordar al inmenso Pappy Pimentel, con quien transmití por años el béisbol de las Grandes Ligas, junto a Luichy Sánchez, Virgilio Cepeda y Kevin Cabral, muchas veces desde un conocido motel de la ciudad por la parábola de que disponía, lo que me trajo algunos problemas, a Domingo Saint Hilaire, a Reynaldo Firpo, a Apolinar Medina Díaz, a Mickey Rodríguez, a Félix Bruno, a Héctor García, a Pappy Pérez y en ellos a la venerable Asociación de Cronistas Deportivos de Santiago, de la que fui directivo en varios períodos.

Me sale del alma una mención especial a ese portento que fue Freddy Elmer Toribio, con quien compartí cabina de radio y responsabilidades en el equipo campeón nacional de béisbol de la UCMM y de Santiago.

No puedo dejar de reconocer el apoyo que siempre recibí de monseñor Agripino Núñez Collado, de J. Armando (Poppy) Bermúdez, de Luis Midence, de Félix García, de Víctor Tejada, de Ramón Antonio (Negro) Veras, de Aníbal Medina, de Winston Llenas, de Nicolasito Vargas, de Tito Hernández, de José Darío Suárez, de Rosina de Alvarado, de Guanchy Sánchez, de los muchachos de La Información encabezados por Carlos Manuel Estrella, Ramón Lora, Tuto Tavárez, Servio Cepeda y de tantos otros santiagueros que aman esta ciudad con pasión casi mística.

Al mencionar estos nombres, ustedes podrán apreciar lo profundo de mi gratitud por esta hermosa ciudad que me ha acogido tan generosamente y lo conmovido que me siento al recibir este reconocimiento que acepto con el más hondo sentimiento de agradecimiento a UDESA, a su presidente, Severiano Rosa, a doña Julia viuda Hieronimus, a esta ciudad bendita y a todos ustedes que tan amablemente han venido a compartir mi alegría y la de mi familia.

Permítanme concluir con una pequeña reflexión sobre esta ciudad.

Santiago no es solo presente luminoso de nuestro país, sino que representa el futuro espléndido que nos espera a los dominicanos, pues en ella se conjugan, como si fuera magia, una tierra pródiga y el valor y la iniciativa de hombres y mujeres esforzados que se enfrentan cada día a los retos de construir una mejor ciudad y un mejor país.

Santiago, que salvó la Independencia, que se inmoló para restaurar nuestra soberanía y que siempre ha aportado generosamente corazón e inteligencia a favor del bien patrio, se nos presenta hoy como el faro que ilumina el porvenir de la República.

Por eso se puede decir, sin temor a equivocación, que como vaya Santiago irá el país, porque Santiago es la Ciudad Corazón de esta tierra bendita.

Muchas gracias a todos desde el fondo de mi alma.

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