Por Elwin Peña “El Súper Profe”
Las cosas no han estado del todo bien en Bameso, pese a un arranque esperanzador en el Prudential Center y un balance de 3-3 que los mantiene abrazados a una posición de avance en el TBS del Distrito Nacional. Sin embargo, la fuerza que los llevó a disputar dos finales en los últimos tres años parece desvanecerse, y las contrataciones no han tenido el impacto acostumbrado.
¿Qué está pasando con el equipo del Mejoramiento Social? ¿No fueron las mejores contrataciones sus refuerzos? ¿O será que falta una figura de peso que imponga respeto y liderazgo dentro del grupo?
Tras la firma de Jassel Pérez para jugar en Europa, el club se vio en la necesidad de contratar a Jonathan Bello, un joven con proyección que brilló con El Millón Yireh en la temporada pasada y fue figura con los Marineros de Puerto Plata en la LNB, donde fungió como capitán. Además, se coronó campeón con Plaza Valerio en el superior de Santiago y llevó al equipo a la final en La Vega, confirmando su talento y madurez.
El equipo también trajo de vuelta a un viejo conocido, Trashon Burrell, recordado por la fanaticada bamesiana. Campeón con el club en 2022 y de reciente paso por los Leones de Santo Domingo, Burrell aportó su acostumbrada energía y puntería, pero esta vez el efecto no ha sido el mismo.
Las circunstancias no han ayudado.
El conjunto ya ha utilizado cuatro refuerzos en apenas seis partidos, si recordamos que Jassel Pérez inició la temporada, aunque solo pudo disputar un encuentro —precisamente el de New Jersey— antes de partir.
El más reciente intento fue el estadounidense Hysier Miller, quien jugó en la LNB 2025 con Pueblo Nuevo. En su debut sustituyendo a Bello, se fue de 0/3 desde el campo, sin puntos, con apenas dos rebotes, dos asistencias, dos pérdidas y una sola recepción: números que reflejan desconexión y falta de ritmo.
El equipo luce joven, talentoso, pero carente de una voz fuerte. En el Prudential Center se vio chispa y energía, sobre todo con Pérez como protagonista ante el poderoso Mauricio Báez, pero el grupo no transmite estabilidad ni liderazgo constante.
Quizás la pieza que falta no sea tanto un refuerzo extranjero, sino un líder probado.
Y ese rol, en la historia reciente del club, lo ha cumplido mejor que nadie Víctor Liz, el santiaguero conocido como “El Capitán”.
Liz, más allá de sus estadísticas, representa liderazgo, disciplina y control emocional, tres elementos que parecen ausentes hoy en el camerino bamesiano.
Su paso por Bameso dejó huellas profundas, no solo en títulos, sino en la manera en que unificaba al grupo y marcaba la ruta.
Actualmente, Liz navega cómodo con San Lázaro, equipo con gran talento joven y la figura más determinante del torneo en las últimas tres temporadas. Su liderazgo es visible dentro y fuera de la cancha, manteniendo al grupo enfocado y alejado de las distracciones que a menudo afectan a otros clubes.
No quiero equivocarme, pero lo que se ha visto en cancha deja una conclusión clara:
a Bameso puede faltarle un “Matador”, pero lo que seguro le falta es un “Capitán”.



