Por Alexander Gómez
José «Boyón» Domínguez recordó que dirigir la selección nacional de baloncesto implicaba tomar decisiones difíciles, incluso cuando significaban dejar fuera a jugadores populares.
Al referirse a la ausencia de Hansel «Kikima» Salvador en el Centrobasket de 2004, el exdirigente aseguró que nunca actuó por motivos personales, sino por las necesidades del equipo.
«A los entrenadores nos ponen ahí para meter a los jugadores, hacer el equipo, pero también para sacarlos», afirmó Domínguez al ser entrevistado por Ricardo Rodriguez y Vian Araujo en Abriendo el podcast, este domingo.
Convencido de la elección realizada, defendió el resultado con una frase que resume su legado: «Yo formé mi equipo y por suerte gané una medalla de oro invicto… elegimos bien».
Boyón explicó que optó por Ricky Soliver para fortalecer la posición de armador y recordó que el base terminó convirtiéndose en una pieza importante de la selección durante varios años.
Con la serenidad de quien mira el pasado sin rencores, Domínguez confesó que entendía el dolor de ser descartado porque él mismo lo vivió cuando era apenas un adolescente.
Contó que fue el último jugador cortado de una preselección juvenil y que regresó llorando hasta su casa, donde su abuela lo consoló diciéndole: «Olvídate de eso. Tú vas a viajar a muchísimos países».

Aquellas palabras marcaron su carrera y moldearon su manera de dirigir.
«Si ha habido un carajo aquí en Dominicana que le ha dado la oportunidad a los jóvenes se llama Boyón Domínguez», expresó al recordar el torneo Clásico Boyón Domínguez, del que, según explicó, han surgido decenas de jugadores que luego alcanzaron el baloncesto superior y la selección nacional.
El veterano entrenador también abrió la puerta de los recuerdos para revelar que el verdadero secreto de sus selecciones no estaba solo en la táctica, sino en el liderazgo dentro del camerino.
Señaló a Jack Michael Martínez como el hombre que mantenía unido al grupo en los momentos de mayor presión y evocó el discurso que cambió el rumbo de un torneo tras una derrota inicial.
«Jamaico era mi capitán… el que llamaba la atención, el que ponía el ejemplo, el que llevaba el ritmo», relató. Después de aquella reunión privada entre los jugadores, República Dominicana encadenó victorias hasta conquistar la medalla de oro.
«Le dije a todos los muchachos: ‘Retírense ahora que ganaron oro, porque ya nadie es malo'», recordó Boyón, cerrando un relato donde las decisiones polémicas, el liderazgo y la confianza terminaron escribiendo una de las páginas más exitosas del baloncesto dominicano.



