Héctor García
Satisface que el presidente Luis Abinader haya supervisado la semana pasada los avances en la construcción y remodelación de las instalaciones deportivas del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte,
escenario de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
Satisface, además, porque evidencia el interés del mandatario en evitar que a estos Juegos les ocurra lo mismo que a los de Santiago 1986 y Santo Domingo 2003, que iniciaron con varias obras inconclusas, marcadas por la ineficiencia de los entonces ministros de Obras Públicas, los ingenieros Pedro Delgado Malagón y Miguel Vargas Maldonado, respectivamente.
Según la palabra empeñada del presidente Abinader, “las obras en el Centro Olímpico y el Parque del Este alcanzan un 90 % de ejecución general”. Excelente; no habría razón para dudar de la afirmación del primer mandatario, quien, planos en mano, ofreció sus declaraciones con dominio técnico.
Precisamente eso es lo que se buscaba con nuestras expresiones anteriores: llamar la atención sobre la preocupación existente por posibles retrasos en los trabajos. Nunca hubo otro interés, ni lo habrá, pues estamos plenamente identificados con el éxito de los Juegos, que se celebrarán del 24 de julio al 8 de agosto de este año.
Otro aspecto destacado por el presidente Abinader durante su visita fue la calidad de las instalaciones, asegurando que se construyen “bajo estrictos estándares internacionales”, lo que permitiría no solo el éxito del evento, sino también la celebración futura de competencias de alto nivel, como pruebas de atletismo y hasta partidos de la NBA.
¡Majestuoso! Resulta alentador, igualmente, el anuncio de que, tras la cita deportiva, todas las áreas quedarán habilitadas para el uso y desarrollo de los atletas dominicanos.
En otro orden, es prudente subrayar que ese “10 %” restante, según las propias palabras del presidente constituye el tramo más delicado dentro de la llamada ruta crítica de la construcción, donde convergen las terminaciones, ajustes finales y detalles que suelen consumir más tiempo del previsto.
Ojalá los ingenieros contratistas y los supervisores oficiales no caigan en la complacencia, para evitar repetir los errores del pasado, cuando el tiempo jugó en contra y las deficiencias quedaron expuestas de manera vergonzosa en plena competencia.
Sin embargo, y aquí radica el punto esencial, aun reconociendo y valorando el optimismo del presidente Abinader, persiste una duda razonable sobre el ritmo real de ejecución de las obras.
La experiencia indica que no siempre los porcentajes reflejan la complejidad del trabajo pendiente. Por ello, insistimos en la necesidad de intensificar las jornadas laborales, aumentar la mano de obra y garantizar los recursos económicos necesarios.
Porque al final, más allá de cifras alentadoras, lo que verdaderamente cuenta es que cada instalación esté lista, funcional y a la altura del compromiso internacional asumido.
Y hoy, a pocos meses del evento, la interrogante sigue vigente: ¿ese 90 % es realmente garantía de cumplimiento, o una cifra optimista frente a un 10 % que aún podría comprometer todo?




Vicente Mejia
abril 28, 2026 at 3:49 pm
Nos identificamos con su trabajo y análisis.
Igual, esperaremos esperanzados en que en esta oportunidad el país no sentirá vergüenza, sino orgullo por el compromiso cumplido.