Por Nick McCarvel
Cuando Bobbi Gibb irrumpió en la Maratón de Boston de 1966, la mayor distancia en una carrera oficialmente autorizada para mujeres era de apenas 1,5 millas.
«¡Una milla y media! ¿Puedes creerlo?«, exclama Gibb en una entrevista con Olympics.com.
En ese momento de la historia, las maratones eran carreras exclusivamente masculinas debido a la creencia de que el cuerpo femenino era demasiado frágil para soportar una carrera de 26,2 millas (42,195 km).

La maratón (masculina) formó parte de los primeros Juegos Olímpicos de Atenas 1896, y la primera Maratón de Boston se celebró al año siguiente, en 1897.
Pero el desafío de Gibb cambió la historia del atletismo de fondo a partir de entonces.
Boston se convirtió en la primera maratón con una división femenina –en 1972– y, 12 años después, las mujeres fueron incluidas en la maratón de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.
Este año, la edición de la Maratón de Boston del 20 de abril marca 60 años desde la histórica decisión de Bobbi Gibb. Los organizadores conmemoran el aniversario de este hecho con una estatua de bronce a tamaño real de la corredora, ubicada cerca de la línea de salida.
Pero no solo eso: la estatua, además, fue esculpida por ella misma.
«Se suponía que sería Joan Benoit, pero ella insistió en que la estatua debía ser mía”, confesó Gibb, refiriéndose a la campeona olímpica de maratón en 1984.
Gibb, también escultora en arcilla, completó la obra antes de que fuera fundida en bronce. Fue inaugurada en 2021 bajo el título “The Girl Who Ran” («La chica que corrió»). El mes pasado, los organizadores de la maratón y la Fundación 26.2, que ayudó a encargar la pieza, la trasladaron cerca de la línea de salida de la Maratón de Boston.
Bobbi Gibb llegando a la meta en 1966.
Bobbi Gibb estuvo acompañada por dignatarios durante la inauguración de la estatua en marzo de 2026. Gibb estuvo presente para el corte de la cinta.



