Por Héctor García
Supervisando con ojos críticos pero constructivos los trabajos de remodelación de las instalaciones que servirán de escenario a los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, y luego de analizar esas mismas obras junto a varios amigos, veteranos ingenieros civiles, hemos llegado a una conclusión preocupante: las obras marchan con retraso.
La observación no parte de un ánimo de crítica destructiva, sino de la preocupación legítima de quienes desean que el país cumpla con éxito el compromiso internacional asumido. A partir de esas conversaciones técnicas y profesionales, acordamos compartir algunas recomendaciones que podrían contribuir a corregir el rumbo, aunque también reconocemos que los tiempos actuales son distintos y las soluciones no siempre pueden replicarse como en el pasado.
A simple vista, muchas de las instalaciones presentan retrasos evidentes, especialmente en lo relativo a las partidas más delicadas de toda obra: las terminaciones. Es precisamente en esta etapa donde suelen surgir los mayores contratiempos y donde se requiere mayor precisión en los cronogramas de ejecución.
Otro aspecto que genera inquietud es la falta de claridad en torno a la adquisición de equipos e implementos deportivos, así como en lo relativo a su instalación en los distintos escenarios de competencia.
La logística deportiva es un componente esencial del éxito de cualquier evento de esta magnitud, y cada día de retraso en ese proceso puede tener repercusiones importantes en la organización final.
Sin embargo, la preocupación más grande entre analistas deportivos, ingenieros civiles y economistas tiene que ver con el complejo contexto internacional. El mundo vive hoy tensiones que, en la práctica, colocan a varias regiones en un estado cercano a la guerra.
Ese escenario global podría provocar un incremento de entre un 20 y un 25 por ciento en los costos finales de los Juegos.
El alza sostenida del petróleo incidirá directamente en múltiples áreas: en el costo de los equipos e implementos deportivos, en el transporte de las delegaciones, en los boletos aéreos de los miles de participantes, en la alimentación, en el transporte interno durante la justa y, en general, en toda la logística que requiere un evento de esta dimensión.
Conviene recordar que nuestro país ya enfrentó un reto similar cuando organizó los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974. En aquella ocasión, el entonces presidente Joaquín Balaguer adoptó una serie de medidas extraordinarias para garantizar la celebración exitosa del evento.
Balaguer promulgó más de diez decretos y disposiciones especiales orientadas a descomprimir el presupuesto nacional y garantizar los recursos necesarios para los Juegos.
Uno de esos decretos obligaba a todas las instituciones del Gobierno a colaborar con el comité organizador en todo aquello que fuera necesario.
Otra medida, que incluso generó comentarios jocosos en la época, estableció un descuento mensual de un peso (RD$1.00) en los salarios de los empleados públicos, dinero que se depositaba en una cuenta especial destinada a la alimentación de los atletas y al pago de entrenadores.
También se aplicaron impuestos especiales a hoteles, moteles, cigarrillos y bebidas alcohólicas, y durante dos meses se restringió la venta de carnes, pescados y mariscos de alta calidad para garantizar el abastecimiento de las delegaciones participantes.
Se implementaron además impuestos a determinadas propiedades inmobiliarias.
En medio de esas decisiones surgió una frase que marcó el espíritu de aquella organización, pronunciada por el periodista Max Reynoso, quien afirmó que los Juegos eran un compromiso de todos
los dominicanos.
Inspirados en esa experiencia histórica, entendemos que todavía es posible tomar decisiones que permitan asegurar el éxito de Santo Domingo 2026. Por ello sugerimos respetuosamente al presidente
Luis Abinader revisar algunas de aquellas medidas del pasado y evaluar cuáles podrían adaptarse a las circunstancias actuales.
Asimismo, proponemos la creación de una comisión técnica integrada por el Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA) y por ingenieros independientes, con el objetivo de realizar una evaluación exhaustiva del estado real de las obras.
Igualmente, sería conveniente establecer tres turnos de trabajo continuos en las principales construcciones, de modo que se pueda recuperar el tiempo perdido y garantizar la entrega oportuna de las instalaciones.
De la misma manera, consideramos oportuno que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional designen personal especializado que pueda colaborar no solo en la seguridad del evento, sino también en
labores de apoyo técnico y logístico en aquellas áreas donde el avance de los trabajos aún luce rezagado.
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2026 representan un compromiso internacional, una vitrina para el país y una oportunidad histórica para el deporte dominicano. Pero el tiempo avanza sin
pausa.
Todavía estamos a tiempo de corregir, acelerar y garantizar que la República Dominicana vuelva a demostrar su capacidad organizativa ante toda la región.
Porque, como bien se dijo en 1974, estos Juegos no son sólo del Gobierno: son un compromiso de todo un país.



