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Cronistas Deportivos

El Cronista Deportivo Joven y el Adolescente Malcriado

¿A qué me refiero? A que muchos cronistas jóvenes, por la facilidad y exposición que ofrecen estos tiempos, han comenzado a creer que ocupan una posición de superioridad intelectual frente al cronista veterano

En esta era de alta tecnología y redes sociales, todo apunta a que la revolución digital le ha hecho más daño que beneficio a una parte del joven comunicador deportivo.

¿A qué me refiero? A que muchos cronistas jóvenes, por la facilidad y exposición que ofrecen estos tiempos, han comenzado a creer que ocupan una posición de superioridad intelectual frente al cronista veterano, aquel que construyó su carrera en épocas donde informar requería verdaderos esfuerzos.

Antes del internet, el comunicador tenía que desplazarse personalmente a los escenarios para obtener la noticia, o esperar que un medio internacional revelara lo ocurrido en tierras extranjeras. Ese esfuerzo, esa destreza y esa agilidad periodística son desconocidas para muchos de los cronistas jóvenes de hoy.

En ese entonces, conversar con un periodista con décadas de trayectoria era un privilegio. Se aprendía, se crecía, se adquiría conocimiento. El respeto era la base de todo.

Hoy, lamentablemente, lo que se vive en la sociedad, estudiantes que no respetan al maestro, jóvenes que no aceptan guía ni corrección, se refleja también en la crónica deportiva. Vemos cronistas jóvenes que incluso se atreven a llamar “dinosaurios” a quienes abrieron el camino mucho antes de que ellos nacieran.

En el pasado, cuando a la mayoría de los comunicadores solo se les conocía la voz o el nombre porque el público los escuchaba por radio o los leía en los periódicos, la exposición era mínima. Paradójicamente, la sobreexposición actual parece haber hecho más mal que bien a la formación, disciplina y humildad de algunos.

Antes, para trabajar en un medio había que tener calidad. Había que dominar la comunicación, poseer fundamento, lectura, análisis y disciplina. Hoy, con la apertura digital, cualquiera sí, cualquiera puede sacar un teléfono móvil y montar un programa sin haber cursado siquiera lo básico. Y como tienen todos los datos disponibles en internet, creen que lo saben todo.

Treinta años atrás, un cronista debía leer libros, estudiar estadísticas y conocer la historia para poder analizar con criterio. Hoy, desde un parque o la sala de su casa, un joven tiene todo al alcance de un clic, lo cual es una gran ventaja… si se utiliza para aprender, no para inflar el ego.

En vez de aprovechar la sabiduría de los veteranos, muchos prefieren refutar, cuestionar sin fundamento e irrespetar. Con esa actitud, lejos de enriquecer la crónica deportiva, la están dividiendo. Y todo por una exposición visual que, aunque hoy es común, durante décadas solo unos pocos podían alcanzar.

Ojalá que los jóvenes más inteligentes perduren en el tiempo, como aquellos maestros de más de cuarenta años en los medios. Que entiendan que respetar trayectorias no es retroceder, sino avanzar con base. Y que quienes piensan que la edad disminuye el valor profesional recuerden una verdad simple: no es la juventud lo que sostiene una carrera, sino la calidad.

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