(XVI)
Por Jesús Alberto Rubio
Quien también destacó en el ámbito periodístico de mediados del siglo XIX fue el ilustre Ignacio Ramírez “El Nigromante”.
Su rectitud vinculada a su modestia no lo dejó que asumiera el papel de caudillo para deslumbrar a las multitudes, sino que permaneció siempre en una atalaya desde la que dominó todo, como un general en un campo de batalla.
Su obra está en pie, sus resoluciones no han sido abatidas por doctrinas contrarias ni por hechos contrarios a su doctrina. Porque en verdad era una conciencia libre, un hombre de buena fe, una voluntad indomable siempre al servicio de la humanidad, un paladín de la verdad y de la justicia que obraba siempre con rectitud, cayera quien cayera. Tenía el temple de don Benito Juárez, Melchor Ocampo y de don Santos Degollado.
Como escritor fue el mejor prosista y más alto poeta de su tiempo. Cada época tiene su escritor representativo, y Ramírez es quien representa a las letras en la época de la Reforma al triunfo de la República. Nadie más alto que él, pues Altamirano, ya célebre, se complacía en llamarle su maestro.
Prensa / literatura y Altamirano
De acuerdo a nuestra metodología seguida en esta serie hagamos un alto en el camino para resumir con una retrospectiva lo acontecido a mediados del siglo 19 en torno a la prensa de México:
No sólo el periodismo de los liberales influyeron en la sociedad mexicana durante la época de la Reforma; también hubo periódicos conservadores y de oposición que jugaron un papel relevante, como La Voz de México y El Pájaro Verde.
Sin embargo, debemos reiterar la notable contribución con sus ideas/pensamientos y acciones de miembros del grupo liberal de políticos/intelectuales/escritores/periodistas más importante de la época:
Los más notables, Ignacio Ramírez, “El Nigromante, Ignacio Manuel Altamirano, Francisco Zarco, Ponciano Arriaga, Santos Degollado, Valentín Gómez Farías, José María Mata, Melchor Ocampo, todos fieles seguidores de Benito Juárez.
Ignacio M. Altamirano
De ellos, debo detenerme con Altamirano, considerado el padre de la cultura y la literatura mexicana y una figura/personaje incansable en la defensa de los valores indigenistas y su decidida apuesta por las ideas de progreso y la educación.
Representa sin duda el escritor más destacado de su época; trasciende como periodista, maestro y político, pero su obra literaria retrata la sociedad mexicana de su tiempo y, entre sus libros más importantes destacan “Navidad en las Montañas”, “Julia”, “Clemencia” y “El Zarco”.
Las tres primeras se consideran fundamentales para la narrativa mexicana ya que puso de relieve los males que aquejaban al país: el militarismo, la deficiente enseñanza y las desigualdades sociales.
“El Zarco”, la más importante de todas, es rica en matices expresivos, giros idiomáticos y descripciones del paisaje. Es una novela que narra las aventuras de un bandido de ojos azules, líder de la banda “Los Plateados”.
De Ignacio Manuel Altamirano, “El Maestro”, se dice fue el apóstol de la cultura como Juárez de la libertad mexicana.
Se integró a la Revolución de Ayutla en 1854 y más tarde también participa en la Guerra de Reforma y la intervención francesa.
En 1869 funda la revista Renacimiento, órgano cultural de resonancias imperecederas, en la que colaboran escritores de todas las tendencias literarias, cuyo objetivo era hacer resurgir las letras mexicanas.
La Ley de Lares
Un paréntesis para señalar que fueron las Leyes de Reforma las que propiciaron la modificación del uso de la imprenta, principalmente como consecuencia de la separación entre la Iglesia y Estado que posibilitó la rápida secularización y desarrollo cultural.
Sin embargo, es imposible dejar a un lado ese negro capítulo para el periodismo mexicano a partir de que el 23 de abril de 1853 se expidió la Ley de Lares –cuya autoría fue de Lucas Alamán- sobre libertad de prensa, calificada la más opresiva que había conocido el país.
Fue tan restrictiva, que, entre otras cosas, estableció una censura previa ya que antes de publicar cualquier impreso, se debía otorgar un ejemplar al gobernador y otro a los promotores fiscales. Esta ley es considerada como la más restrictiva de la libertad de imprenta del siglo XIX.
Pedro Echeverría V., en Voces del Periodista, señala que Alamán, el ideólogo de la ultraderecha en el Siglo XIX, desató implacable persecución contra el gremio periodístico y la libertad de expresión, mediante el decreto de mayo de 1830 que le facultó para aplicar a su arbitrio multas y penas corporales a los presuntos infractores, a quienes invariablemente se les daba el calificativo de “libelistas”.
Treinta y tres años después, durante el último periodo del dictador Antonio López de Santa Anna, a lo largo del cual se le vendió el territorio de La Mesilla a los Estados Unidos, arremetió nuevamente contra el gremio periodístico, con en base en la ley de 1853.
Fue, esa legislación, la más opresiva hasta entonces en México.
En provincia únicamente sobrevivieron los periódicos oficiales y, en la capital, las publicaciones se redujeron a informar sobre cuestiones mercantiles, sociales y efemérides, con prohibición absoluta de ocuparse de temas políticos, bajo sanción de cierre si violaban las disposiciones emitidas por ese ordenamiento, cuya autoría se acreditó a Alamán, precisamente.
Pedro Echeverría establece que a través de la historia de México se ha demostrado, con hechos, que Alamán está en los primeros lugares como represor del ejercicio periodístico en el conflictivo siglo XIX, no obstante que la libertad de pensamiento era muy necesaria, porque las ideas se debatían en busca del rumbo adecuado para el país.
Por fortuna, el 28 de diciembre de 1855, se dio la Ley Lafragua que concedía de nueva cuenta la libertad de imprenta, suprimida por la Ley Lares que emitió el gobierno de Santa Ana.
Vendría enseguida el periodo que ya abordamos sobre el papel de la prensa al triunfo de la Revolución de Ayutla, la caída de Santa Anna que permitió recobrara su libertad de expresión y la aparición de una diversidad de publicaciones periodísticas, además de lo acontecido con el periodismo en la Intervención francesa que formó el II Imperio en México.



