
Por Jesús Alberto Rubio
Hoy, un día especial; muy significativo.
Sí, en memoria de Zenón Tiburcio Ochoa y su esposa Amalia Robles Araujo.
Vigentes, eternos.

Ambos, recordará, partieron al cielo tras vivir 97 fructíferos años de vida.
Zenón, una gloria del beisbol mexicano desde la década de los años 30 como jugador, mánager, ampayer, instructor y promotor fomentador de la pelota infantil.
Y sí que sí: Al orgullo de Alvarado, Veracruz, le rodea una gratísima historia por toda su contribución al deporte rey.

Un distinguido miembro Salón de la Fama del Deportista Sonorense en espera de un nicho de esa naturaleza en el Recinto Sagrado con sede en Monterrey.
Y Amalia, su hermosa gran compañera… que si le inspiró en vida.
Hoy, a doña Amalia, se le ofreció misa en su memoria y depósito de sus cenizas en una iglesia hermosillense.
Con gran gusto Gris mi esposa y un servidor acompañamos a tan noble familia.
Don Zenón y Amalia, seguramente estuvieron en espíritu a nuestro lado.

Juntos, hermanados, sus hijos Armando, Marisol y Zenón; sus nietos, Parcival, Elías y Pavel; Abril, su nieta, y Carmen Munguía.
Más tarde llegaron procedentes de la Ciudad de México otro nieto y nieta: Pablo y Fernanda Tiburcio Tapia; el primero, editor deportivo en el periódico Reforma, y la segunda, coordinadora de publicidad en una agencia especializada en cine.

¡Qué gusto fue haberles conocido!
Ya le he contado de mi amistad con Armando, quien radica en Cancún, Quintana Roo, compañero amigo desde el tercer año de la entonces Secundaria Unison y luego en los tres de preparatoria, también de aquella década del 70 en nuestra querida alma mater sonorense.

Armando se formó en la entonces Escuela de Ciencias Químicas y por supuesto que juntos compartimos el juego de beisbol y softbol en el campus universitario.
Tiempos inolvidables.
Le diré que luego de la misa y depósito de cenizas de doña Amalia, tuvimos agradable desayuno, además de disfrutar un cafecito en el restaurante del Hotel Gándara, teniendo una afectuosa visita de Ernesto Gándara Camou, quien se acercó a la mesa para saludarnos.
Marcelo Mojica
Muchos detalles nos contaron Armando y Zenón de su señor padre en su notable incursión en el beisbol y de todos los recuerdos-acervos que conservan de él.
También recordamos a don Marcelo Mojica (+), fraternal amigo de Zenón Ochoa –su nombre de batalla en el beisbol–, quien vivía en Alvarado, donde tuvimos oportunidad de conocerlo y hacer amistad con él y su amable familia.
Marcelo, por cierto, en el 2009, nos compartió un documento que retrata en toda dimensión quien fue Zenón Ochoa, sus logros y todo el valor que representó en vida su paisano.











