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Vlad Jr.: «Con amor al juego, entre humildad y autenticidad» (Videos)

“La temporada es larga, pero aun en el día libre estoy aquí por amor al juego y por quien me hizo amarlo”, expresó, destacando la constancia que exige la profesión.

Vlad Jr., su esposa e hija en una foto de familia. Fuente Externa

Por Alexander Gómez

En un deporte de calendario extenso y exigente, el compromiso trasciende los días de competencia. Incluso en una jornada libre, el pelotero reafirmó su presencia por una razón clara: el amor al béisbol y a quienes le enseñaron a sentirlo desde niño.

“La temporada es larga, pero aun en el día libre estoy aquí por amor al juego y por quien me hizo amarlo”, expresó, destacando la constancia que exige la profesión.

Al hablar de sus influencias, el jugador trazó un mapa personal de formación. Señaló a su padre como la base de sus valores y a dos íconos dominicanos como referentes de identidad y confianza.

“Mi papá me enseñó a ser humilde. David Ortiz me enseñó a ser arrogante. Manny Ramírez me enseñó a ser yo mismo”, afirmó.

Ramírez, añadió, fue su héroe de la infancia, una figura que marcó su manera de entender el juego más allá de las estadísticas.

En ese equilibrio entre disciplina, carácter y autenticidad, el pelotero encuentra la motivación diaria para sostener su carrera en las Grandes Ligas.

Para Vladimir Guerrero Jr., un día libre no significa desconectarse del béisbol, sino reconectar con sus raíces. Entre fritura dominicana, compras en Yorkville y algunos swings extra, el estelar inicialista de los  Blue Jays reafirma por qué la ciudad canadiense de Toronto se ha convertido en su segundo hogar.

Guerrero Jr., quien   firmó el contrato más grande en la historia del deporte canadiense, desafía la idea de que Toronto es una ciudad “aburrida”.

“Toronto es mi hogar desde hace muchos años.  Y cuando finalmente tengo un día libre, voy directo a buscar la mejor comida dominicana.  El Camion La Fritanga”

Para él, el ritmo del centro, la energía de sus calles y la diversidad cultural hacen que la ciudad tenga una vibra difícil de explicar, pero fácil de sentir.

Acompañado siempre de su círculo cercano —familiares y amigos con los que creció—, el dominicano nacido en Montreal aprovecha sus días libres para buscar sabores que le recuerdan a casa.

“Yo no desayuno. Hago solo dos comidas. Ellos desayunan, yo no”

Su parada obligatoria es la fritura dominicana, donde platos como la yaroa,  se convierten en su comida de confort.

“Si me quedara con una comida, comería frito con salami. Puedo hacer eso, y no sé cocinar”

Incluso fuera de competencia, Guerrero Jr. no se despega del juego.

Tras comer, suele pasar por el estadio para tomar algunos turnos en la jaula de bateo, convencido de que la constancia diaria es parte de su identidad como pelotero y heredero de una tradición familiar ligada al béisbol.

Fuera del terreno, su estilo también habla por él. Autodefinido como amante de la comodidad, el inicialista posee entre 200 y 300 pares de tenis, muchos de ellos exclusivos.

Su pasión por la moda urbana y la música lo lleva a recorrer tiendas especializadas y disquerías locales en busca de piezas únicas.

Al final del día, entre videojuegos,  y recuerdos de su infancia, Guerrero Jr. deja claro que Toronto no es solo el lugar donde juega béisbol.

Es la ciudad donde ha aprendido a equilibrar fama, familia y raíces, devolviendo a la afición el cariño que recibe cada vez que pisa el terreno.

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