Albert Traver
Washington, 27 feb (EFE).- La WNBA y el sindicato de jugadoras negocian un nuevo convenio en pleno auge del negocio de la liga. Las jugadoras exigen que el aumento de ingresos se refleje en el reparto del pastel, pero la liga advierte de pérdidas millonarias y el reloj corre: si no hay acuerdo antes del 10 de marzo, el inicio de la temporada previsto para el 8 de mayo podría peligrar.
En su última propuesta, la liga ofreció un límite salarial de 5,65 millones de dólares por franquicia para la temporada 2026, lo que supondría un salario medio de 535.000 dólares por jugadora.
Aunque representa un aumento significativo respecto a la situación actual (1,5 millones), el sindicato de jugadoras (WNBPA) considera que es una cifra desfasada ya que los ingresos de la liga se han disparado en los últimos años, reclamando un límite salarial de 9,5 millones. Una cifra que la liga ha tildado de «poco realista».
Para endulzar el acuerdo, la WNBA propone repartir un 15 % de los beneficios futuros entre las jugadoras, mientras que el sindicato aspira a un 27,5 %.
Lo cierto es que desde la llegada de Caitlin Clark a la WNBA en 2024, la liga ha disparado audiencias, patrocinios y el valor de sus franquicias, con nuevas expansiones y mayores contratos de televisión, lo que alimenta las demandas del sindicato.
Nneka Ogwumike (Seattle Storm) preside actualmente el sindicato, que cuenta en su junta con pesos pesados de la liga como Breanna Stewart (New York Liberty), Napheesa Collier (Minnesota Lynx) o Kelsey Plum (Los Angeles Sparks).
16 meses de negociaciones
El sindicato de jugadoras decidió no renovar el convenio colectivo suscrito en 2020 -bajo unas condiciones muy distintas- en octubre de 2024, cuando las New York Liberty se proclamaron campeonas de la WNBA. Desde entonces, el título ha pasado a manos de Las Vegas Aces.
Durante este tiempo, las jugadoras han trasladado el conflicto a la pista. En el ‘All-Star’ de 2025, todas aparecieron con camisetas negras con el mensaje ‘Pay Us What You Owe Us’ (‘Pagadnos lo que nos debéis’) para mostrar su malestar por el bloqueo de las negociaciones y reclamar su parte del pastel económico.
Más de un año de negociación colectiva, incluyendo dos prórrogas del convenio, terminó el pasado enero con la expiración del acuerdo, poniendo en jaque el inicio de la temporada mientras la liga opera bajo una lógica de ‘statu quo’.
Antes del inicio de la liga, previsto para el 8 de mayo, la WNBA tiene pendiente celebrar un ‘draft’ de expansión para las dos nuevas franquicias (Toronto Tempo y Portland Fire), así como el ‘draft’ universitario y la apertura del mercado para un centenar de jugadoras en agencia libre.
Y también la pretemporada, que debería empezar el 19 de abril.
Beneficios de 2025
La liga ha avisado a las jugadoras de que, si no se avienen a un acuerdo antes del 10 de marzo, todo el calendario podría verse alterado, lo que también afectaría a sus bolsillos.
Pero esta semana se supo que, por primera vez en la historia de la WNBA, el negocio de la liga generó suficiente dinero en 2025 como para activar unos bonos extraordinarios de ingresos para las jugadoras negociados en el convenio anterior, al margen de sus salarios base.
En total, cerca de 16 millones de dólares, la mitad de los cuales a repartir equitativamente y la otra mitad a través de contratos de marketing con un máximo de 250.000 dólares por jugadora.
Para el sindicato, haber cruzado este umbral de beneficios -cuya cifra no es pública- por primera vez demuestra que sus exigencias económicas son razonables. Sin embargo, la liga considera que esas exigencias generarían unas pérdidas de 460 millones de dólares durante la vida del convenio (entre 5 y 6 años), según The Athletic.
«Se trata de encontrar un equilibrio entre un aumento sustancial de salarios y beneficios y la sostenibilidad a largo plazo de la liga», ha defendido la comisionada de la WNBA, Cathy Engelbert.
Presión de Silver
El comisionado de la NBA -empresa matriz de la WNBA-, Adam Silver, ha pedido «urgencia» a los negociadores para cerrar el acuerdo.
«Lo que me gustaría lograr es, de alguna manera, poner presión sobre todos. He pasado por muchos ciclos de negociación colectiva, y muchas veces las cosas se resuelven en el último momento. Y ahora nos estamos acercando peligrosamente a ese último momento en las negociaciones», afirmó.
«Necesitamos pasar a un nivel superior de urgencia y no perder el impulso respecto al increíble avance que hemos visto en el baloncesto femenino», añadió.
La directora ejecutiva del sindicato, la abogada Terri Jackson, calificó de impensable que se ponga en duda la dedicación y el compromiso de las jugadoras en este proceso.
«Es inconcebible que alguien cuestione nuestro compromiso con la negociación y nuestra voluntad de cerrar un acuerdo después de casi año y medio de tira y afloja, reuniones tras reuniones, propuesta tras contrapropuesta», dijo.
«Lo que hemos propuesto es muy realista. Quienes han estado jugando con la negociación son la liga y los equipos», añadió.
