
Por Erwin Peña
Durante el único tramo de la temporada en el que fanáticos y cronistas expresaban temor por el rumbo del equipo, cuestionando decisiones de la gerencia y el manejo del dirigente, las Águilas Cibaeñas respondieron de la manera más contundente posible: con resultados.
Hoy, superado el 40 % del calendario, los amarillos exhiben un impresionante récord de 17-3, el mejor inicio para la franquicia en dos décadas, y uno que ha transformado por completo el ambiente en el dogout. De dudas pasaron a certezas; de presión, a convicción.
El mejor inicio desde 2004-05
Las Águilas igualan así su memorable arranque de la temporada 2004-05, cuando el equipo dirigido por Félix Fermín también abrió con marca de 17-3 en sus primeros 20 partidos. Aquel conjunto, fue campeón en la final ante los Tigres del Licey, contaba con una ofensiva temible:
Edwin Encarnación, Mendy López, Luis Polonia, Alberto Castillo, Guillermo García, Alex Fernández, Alexis Gómez, Víctor “Choby” Díaz, Bernie Castro, Raúl Mondesí, T. J. Peña Jr. y Matt Cepicky.
En el pitcheo, la profundidad también marcó la diferencia:
Santiago Ramírez, Juan Peña, José Vargas, Juan Carlos Oviedo, Wandy Rodríguez, Fernando Hernández, Hipólito Pichardo, Jim Bullinger, Nelson Cruz y Arnaldo Muñoz.
Un roster que aún hoy se recuerda como uno de los más completos del siglo.
Comparación con la temporada anterior
El cambio respecto al año pasado es notable. Después de 20 juegos, la tabla 2023-24 lucía así:
• Leones: 16-7
• Tigres: 14-10
• Estrellas: 13-12
• Águilas: 10-14
• Gigantes: 10-14
• Toros: 9-15
Hoy, las Águilas no solo lideran: dominan. Y lo hacen con una identidad marcada.
Un equipo que responde bajo presión
Más allá del récord, lo verdaderamente sorprendente es cómo han ganado.
Las Águilas han estado debajo en el marcador en 8 de sus 17 victorias. En 7 de esas 8, la remontada fue por dos o más carreras, demostrando aplomo y madurez competitiva.
Cuando anotan primero, son intocables: 10-0.
Cuando llegan ganando al séptimo, son un candado: 13-0.
Incluso en escenarios adversos, mantienen pulso firme: han llegado empatados al séptimo una vez (ganaron) y tienen marca de 3-3 cuando entran perdiendo al mismo tramo, cifras que reflejan un relevo eficiente y un equipo que no se desconecta.
¿Cómo termina esta historia?
En el ambiente del equipo se percibe algo distinto: orden, confianza, armonía y un enfoque colectivo poco habitual en un torneo tan corto y exigente como LIDOM. La sombra de la temporada 2004-05 recuerda que un gran inicio no garantiza un final feliz; aquel equipo del 17-3 fue campeón en la serie final ante los Tigres.
Sin embargo, lo que se siente hoy en el dogout amarillo es distinto, algo que solo los equipos especiales transmiten desde temprano.
¿Cómo terminará esta historia?
La pelota, y el tiempo, darán la respuesta… pero Santiago sueña.












