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Momento de Gloria

La Habana 1982: RD y el título que quebró la hegemonía cubana

Aquel título, obtenido en casa del principal referente histórico del béisbol caribeño, representó mucho más que un campeonato.

Foto de la época con poca visibilidad. Fuente Externa

Santo Domingo, RD (Nelson de la Rosa/ Prensa CBPC);- La República Dominicana volverá a ser epicentro del deporte regional en el verano de 2026, cuando acoja los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Más allá del reto organizativo, la cita abre una ventana para revisitar episodios que definieron la identidad competitiva del país en estos escenarios.

Uno de ellos, quizá el más significativo en béisbol, fue la medalla de oro conquistada en La Habana en 1982.

La selección dominicana ganó sin dramatismos, con autoridad y regularidad, asegurando el primer lugar antes de disputar su último partido en el formato de todos contra todos, un hecho poco común en torneos de esta naturaleza.

El contexto hacía la hazaña aún más relevante. Cuba, anfitriona de los Juegos, llegaba obligada a reivindicarse tras la derrota sufrida en la final de la Copa Intercontinental de Edmonton 1981. El béisbol era, según reconocía la propia prensa cubana, la mayor responsabilidad deportiva de su delegación. Granma lo dejó claro desde la antesala: el torneo debía reafirmar el prestigio internacional del equipo nacional.

En ese escenario de alta presión, la República Dominicana, bajo la dirección de Luis Montalvo, apostó por un béisbol disciplinado, de ejecución precisa y control emocional. Las victorias ante Panamá (6–3), Nicaragua (5–3), Puerto Rico (2–1), Venezuela (5–4) y las Antillas Holandesas (3–1) se sucedieron sin alardes, pero con una consistencia que terminó siendo decisiva.

Para cuando llegó el duelo frente a Cuba, el título ya estaba asegurado. La victoria cubana 4–1, con Braudilio Vinent desde el montículo, cerró el calendario, pero no alteró el desenlace. Para los anfitriones fue un triunfo de prestigio; para los dominicanos, la confirmación de que el campeonato se había ganado en el trayecto completo del torneo y no en un solo partido.

La propia prensa cubana reconoció la calidad del desenlace. Granma calificó aquel encuentro como un juego intenso entre dos escuelas beisboleras consolidadas, aunque el dato central permanecía intacto: la República Dominicana había roto una hegemonía cubana que se extendía por cuatro ediciones consecutivas de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

El plantel campeón incluyó a lanzadores como Jony Olivo, Julio Domínguez, Ángel Franco, Wilfredo Fernández y Mario Marte, junto a jugadores de posición como Víctor Mercedes, Orlando Guerrero, Pedro Gómez e Iván Crispín. También formaba parte del roster un infielder de apenas 19 años, Félix Fermín, entonces lejos del reconocimiento internacional que llegaría más adelante.

Con el paso del tiempo, la figura de Fermín adquiere un valor simbólico especial. Tras su paso por las Grandes Ligas, se convertiría en el mánager más exitoso en la historia de la Serie del Caribe, consolidando una trayectoria que lo ubica entre los nombres más influyentes del béisbol regional.

Vista desde la perspectiva actual, La Habana 1982 se erige como un punto de inflexión. No solo por el oro, sino porque evidenció que el béisbol dominicano había alcanzado la madurez necesaria para imponerse en el escenario más exigente del Caribe, incluso frente a una Cuba poderosa y urgida de reivindicación.

Con Santo Domingo 2026 en el horizonte, aquel antecedente cobra renovado significado. Organizar los Juegos implica mostrar capacidad, pero también recordar una tradición. La victoria de 1982 no fue casualidad: fue el reflejo de un proceso que continúa y que, cuatro décadas después, sigue siendo parte del ADN competitivo del deporte dominicano.

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