Connect with us

Olímpicos

La armonía entre la ciudad y la montaña inaugura Milán Cortina 2026

La apertura de Milán-Cortina quedará en el recuerdo. Fue la primera de la historia con deportistas de mismas delegaciones desfilando en distintas ciudades. Es lo que tienen los Juegos más dispersos del olimpismo. Milán, Cortina, Predazzo, Tesero, Anterselva, Bormio, Livigno y Verona (ceremonia de clausura).

Momento de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno celebrada hoy en el estadio de San Siro de Milán EFE/EPA/FAZRY ISMAIL

Roma, 6 feb (EFE).- Milán, la gran ciudad. Cortina d’Ampezzo, la montaña. Solo la armonía entre ambas, escenificada en una ceremonia de apertura con sede en San Siro pero dividida en otras cuatro ciudades, permite la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, históricos por ser los primeros con dos pebeteros y los más extensos con un territorio de 22.000 kilómetros cuadrados. 

La apertura de Milán-Cortina quedará en el recuerdo. Fue la primera de la historia con deportistas de mismas delegaciones desfilando en distintas ciudades. Es lo que tienen los Juegos más dispersos del olimpismo. Milán, Cortina, Predazzo, Tesero, Anterselva, Bormio, Livigno y Verona (ceremonia de clausura).

Momento de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno celebrada hoy en e. l estadio de San Siro de MilánEFE/EPA/NEIL HALL

Reto superado con éxito. Una ceremonia emotiva. Con homenajes. Con historia. Con peso escénico. Con ritmo incluso al haber diferentes localidades. Los Juegos de Invierno empezaron por todo lo alto.

Un inicio arrollador

El estadio Giuseppe Meazza (San Siro) estuvo a la altura en su último servicio antes de ser derribado. En el centro, un escenario con forma circular del que se abrieron cuatro caminos en señal de unión con el resto de ciudades participantes en estos vastos Juegos Olímpicos. 

Y, cómo no podía ser de otra forma, todo muy italiano. La primera escena, un homenaje a la belleza italiana y al escultor y pintor Antonio Canova, uno de los grandes exponentes del neoclasicismo. Vitrinas con bailarines inmóviles como estatuas. Dos de ellos con la forma de ‘Amor y Psique’, una de las obras más famosas de Canova. Armonía en forma de mármol.

Unos ‘paparazzi’ vestidos de traje persiguieron entonces a la dama elegante, personificada en la actriz Matilda De Angelis, que hizo las veces de directora de orquesta de los grandes compositores italianos: Verdi, Puccini y Rossini. Los tres con una cabeza gigante. Los tres maestros de la armonía musical italiana.

Tres tubos de colores aparecieron suspendidos en el aire. Los tres colores primarios para crearlo todo. Azul, rojo y amarillo. Toda la ceremonia se tiñó de color con bailarines por todo el escenario.

Caos en la ceremonia para mover a los 61.000 asistentes, para aprovechar y realizar un homenaje a Raffaela Carra con una breve interpretación de la mítica canción «A far l’amore comincia tu» («En el amor todo es empezar», en español). 

Inaugurada la escena musical, llegó el turno de uno de los platos fuertes. Mariah Carey con «Nel blu, dipinto di blu» en italiano que encendió aún más un estadio abarrotado y volcado con la ceremonia. 

Valentino Rossi, Laura Pausini y el homenaje a Giorgio Armani

Momento de pausa. Tiempo para el vídeo. Para la sospecha. Para la adivinanza colectiva. Un tranvía, símbolo de Milán, recorrió las calles de la ciudad. Un personaje de espaldas provocó la incógnita. Subieron abanderados, niños, músicos, ciudadanos de a pie. Y el tranvía llegó a San Siro. 

Sergio Mattarella se reveló como el personaje inesperado. El presidente de la República Italiana se acercó a la salida. Saludó al conductor. Valentino Rossi, leyenda e ídolo italiano, siete veces campeón del mundo de MotoGP.

Y de la ovación a Mattarella y la zimbabuense Kirsty Coventry, presidenta del Comité Olímpico Italiano (COI), en pie tras el vídeo, se pasó al momento más sentido de la ceremonia. Porque llegó el homenaje a Giorgio Armani, emblema de la moda milanesa fallecido en septiembre de 2025. 

Italia presentó su bandera con un desfile de moda. Al más puro estilo Armani. Con trajes diseñados por ‘Re Giorgio’. Aunque, esta vez, pese a haber sido un defensor absoluto de la sobriedad, de colores oscuros como forma de vida, los trajes tuvieron mucho con color. Blanco, rojo y verde. Claro. 

Detrás de las modelos, la bandera que recibieron los Coraceros, un regimiento de caballería de los Carabineros -guardia de honor del Presidente de la República Italiana- que la izó a lo alto de San Siro. Laura Pausini interpretó el Himno de Mameli, el de todos los italianos. 

La ciudad y la montaña se encuentran en San Siro

Superado el momento emotivo, se cerró la escena con la armonía total prometida. La necesaria para entender estos Juegos Olímpicos históricos por tantas cosas. Por su territorio. Por los pebeteros. Por el desfile dividido.

Un baile ejemplificó la unión de Milán y Cortina. La ciudad, lo urbano, lo novedoso; enfrentó a la montaña, a lo salvaje, a lo tradicional, a lo más primitivo. 

Poco a poco, la música y las luces fueron disminuyendo. Hasta que dos bailarines, uno de cada bando, condenados a encontrarse, a entenderse, se quedaron solos. Uno en cada anillo. Separados. Poco a poco suspendidos en el aire. Observándose hasta que se unieron en un abrazo escénico que provocó su descenso, de nuevo, a la tierra. Ya sin anillos, como un ente casi único, como unos Juegos Olímpicos sólidos.

Unificada la montaña con la ciudad, los Juegos quedaron preparados. Los círculos se multiplicaron y aparecieron otros tres. Entre los cinco, poco a poco, suspendidos en el aire, compusieron el mítico emblema, aunque con un color de fuego y pirotecnia para añadir más ‘show’ a una ceremonia tremenda.

El desfile y el encendido de los pebeteros

Formado el emblema olímpico, comenzó el desfile. Grecia, como manda la tradición, la primera nación. Empezó el baile de ciudades. Desde todos los puntos pasearon los representantes de las 92 delegaciones participantes. 

Las instituciones tomaron el palco. Coventry, presidenta del COI; Malagò, presidente de Fundación Milano Cortina; y Sergio Mattarella, presidente de la República italiana que inauguró oficialmente los Juegos Olímpicos.

A las palabras del presidente italiano le siguió la actuación de Andrea Bocelli, que interpretó ‘Nessun dorma’ la ópera Turandot mientras entraron en escena Giuseppe Bergomi y Franco Baresi, exjugadores de Inter y Milan, respectivamente, para entregar la antorcha a las campeonas olímpicas de voleibol Anna Danesi, Paola Egonu y Carlotta Cambi.

La antorcha salió entonces de San Siro y, después de un mensaje de paz de la sudafricana y estadounidense Charlize Theron, inspirado en Nelson Mandela; así como de la interpretación del himno olímpico con el pianista Lang Lang y la mezzosoprano Cecilia Bartoli, se procedió al encendido de los dos pebeteros de estos Juegos. 

Los pebeteros, que presiden dos lugares emblemáticos de sendas ciudades huéspedes, fueron encendidos por los esquiadores Alberto Tomba y Deborah Compagnoni, ambos tres veces campeones olímpicos, en el Arco de la Paz de Milán; y por la también esquiadora Sofia Goggia, campeona olímpica en 2018, en la Plaza Dibona de Cortina d’Ampezzo.

 Así, entre la elegancia italiana, la épica olímpica y la emoción colectiva, el fuego olímpico marcó el inicio de Milán Cortina 2026, unos Juegos Olímpicos ya históricos. EFE

Tomás Frutos

Click to comment
Cemento PANAM

Boletín

Recibe nuestro boletín en tu bandeja de entrada.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Trending

Opinión

More in Olímpicos