
Por Alexander Gómez
SANTO DOMINGO. -Erik González no habla desde la nostalgia, sino desde la claridad que dan los años y la experiencia.
Con 12 temporadas en la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (LIDOM) y una etapa reciente de alta productividad, el infielder de los Leones del Escogido ofreció una mirada amplia sobre el proceso personal y profesional que ha vivido en los últimos dos años, marcados por lesiones, decisiones difíciles y una renovada convicción de su lugar en el juego.
González atribuye su mejor rendimiento reciente a la integración temprana con el equipo, un cambio clave respecto a etapas anteriores en las que llegaba tarde por compromisos en el béisbol organizado de Estados Unidos.
“Integrarme desde el primer día me permitió desarrollarme en una temporada completa y entregarme de lleno”, explicó.
Seleccionado por el Escogido en el draft de 2013, en una generación que incluyó a Jorge Polanco y Gregory Polanco, González destaca que la exigencia de la liga dominicana fue determinante para su crecimiento mental. “Aquí aprendí a manejar emociones, a lidiar con la presión de la fanaticada y a mantener el enfoque. Si te descuidas, la liga te come”, afirmó Erik al ser entrevistado por Luis Tomás Rae para Grandes en los Deportes.
Ese aprendizaje fue vital en uno de los momentos más complejos de su carrera, cuando la inestabilidad y las lesiones en Estados Unidos lo llevaron incluso a considerar dejar el béisbol.
En ese proceso, el respaldo del Escogido fue decisivo. “La organización confió en mí cuando otros te echan a un lado. Eso me hizo entender que todavía soy valioso para jugar a este nivel”, señaló.
La temporada pasada, en la que los Leones conquistaron el campeonato pese a largas rachas negativas y a que González jugó gran parte del Round Robin y la final lesionado, ocupa un lugar especial en su memoria. La define como “inolvidable”, impulsada por el hambre de ganar tras años de frustración y por una química de grupo que nunca se rompió.
En ese contexto, resaltó el liderazgo de Jimmy Paredes, a quien calificó como una pieza fundamental para mantener la armonía y la fe del clubhouse.
A sus 34 años, González también habló con franqueza sobre su decisión de salir del sistema del béisbol organizado estadounidense y aceptar la oportunidad de jugar en México.
Reconoce que fue una elección basada en la realidad económica y en la etapa de vida que atraviesa.
“Uno tiene que rentabilizar su trabajo. México es una opción más viable que quedarse estancado en AAA sin garantías”, explicó, sin cerrar la puerta a un eventual regreso si se presentan condiciones claras.
Más allá del terreno, el infielder aseguró estar preparado mental y financieramente para el retiro cuando llegue el momento.
No se visualiza como dirigente, sino en roles administrativos o de evaluación de talento, además de continuar desarrollándose en el negocio inmobiliario, en el que ya está involucrado.
De cara al presente, González mantiene la ilusión de vivir su primera Serie del Caribe y expresó satisfacción por la estructuración del equipo dominicano rumbo al Clásico Mundial, destacando la importancia de que los partidos se jueguen en el país y de que cada jugador tenga un rol definido.
“Hoy estoy en paz con mi realidad”, resume. Una frase que sintetiza el recorrido de un pelotero que, más allá de estadísticas, encontró en la liga invernal dominicana un espacio para reinventarse y reafirmar su valor.














