Por Nelson de la Rosa
Han pasado más de treinta años desde que Javier Sotomayor, de Cuba, estableciera el récord mundial absoluto de salto de altura con 2,45 metros, en Salamanca, España, el 27 de julio de 1993. Desde entonces, ningún atleta ha logrado superar esa marca, que se ha mantenido como un verdadero techo humano en el atletismo mundial.
Desde 2014, ningún atleta ha logrado superar los 2,40 metros, lo que mantiene a Sotomayor como la referencia inalcanzable para la nueva generación.
Entre los competidores más destacados en la actualidad se encuentran Mutaz Essa Barshim, de Catar, quien logró su mejor marca de 2,43 metros en el ya lejano 5 de septiembre de 2014, y Gianmarco Tamberi, de Italia, campeón mundial 2023, que regularmente salta entre 2,36 y 2,39 metros.
La promesa joven más sólida es JuVaughn Harrison, de Estados Unidos, quien alcanzó oficialmente 2,36 metros el 14 de mayo de 2021 en College Station, Texas, y repitió la misma marca el 22 de agosto de 2023 durante el Campeonato Mundial en Budapest.
Romper el récord de Sotomayor no será tarea fácil. Para acercarse o superar los 2,45 metros, un atleta necesita combinar varias condiciones extraordinarias.
En primer lugar, se requiere una altura y envergadura óptimas que permitan un centro de gravedad favorable y un impulso suficiente. Sotomayor mide 1,95 metros y tenía una ligereza relativa que le permitió mantener la aceleración vertical sin perder estabilidad.
Además, el salto exige una técnica casi perfecta: la curva de aproximación, la transición a la elevación y la flexión del cuerpo sobre el listón deben ejecutarse con precisión milimétrica. Sotomayor dominaba cada uno de estos aspectos de manera excepcional.
Según los especialistas la elasticidad y potencia muscular también son fundamentales. El atleta debe generar un impulso explosivo con los músculos de las piernas mientras mantiene un control absoluto del torso y la cabeza durante la elevación. Sotomayor poseía una combinación de fuerza, coordinación y elasticidad que hoy se considera fuera de lo común.
Por último, la estabilidad psicológica es un factor determinante: la concentración, la confianza y la capacidad de ejecutar el salto bajo presión son tan importantes como la fuerza física.
Entendidos en la materia consideran que en los próximos 3 años la probabilidad de superar los 2,45 metros es muy baja, dado que ningún atleta actual cumple de manera consistente todas estas condiciones.
A medio plazo (4–10 años), existe alguna posibilidad si surge un talento excepcional que combine altura, ligereza, elasticidad, técnica impecable y fortaleza mental. A largo plazo, con avances en la ciencia del entrenamiento y la preparación psicológica, el récord podría romperse entre 2030 y 2040, aunque seguirá siendo un logro reservado para un atleta fuera de serie.
El récord de Sotomayor no solo es histórico, sino que representa un desafío al límite humano. La marca inspira a cada nueva generación de atletas a superar lo imposible. Si algún día alguien logra saltar 2,46 o 2,47 metros, no será solo un nuevo récord: será la confirmación de que los límites de la física humana aún pueden estirarse.

