
Claudio Rodríguez Otero
JAPON.-El ex manager de la selección japonesa de béisbol, Hideki Kuriyama, fue exaltado este jueves al Salón de la Fama del béisbol nipón por su invalorable aporte a la pelota local, que incluye haber ganado invicto el Clásico Mundial 2023 y haber desarrollado a Shohei Otani como un pelotero de doble rol.
Kuriyama fue exaltado al Salón de la Fama nipón este jueves
Su carrera como jugador duró apenas 7 años (1984-1990) debido a una lesión que le impidió continuar viendo acción sobre el terreno y fue seguida por más de dos décadas de trabajo como analista deportivo, un rol que luego le abrió las puertas al puesto de manager.
Es probable que ni él mismo hubiese podido anticipar el enorme éxito que tuvo una vez que se sentó sobre el banquillo. En 2012, su primer año como manager de los Luchadores de Nippon Ham, ganó el título de la Liga del Pacífico y clasificó a la Serie de Japón.
Eso se dice fácil, pero no fue nada sencillo lograrlo. Tuvo que dejar en el camino a los Leones de Seibu, campeones de liga y de la Serie de Japón en 2008, y a los Halcones de SoftBank, también campeones de liga y de la Serie de Japón en 2011.
Al final, cayó derrotado en la Serie de Japón 2012 ante los Gigantes de Yomiuri en 6 juegos, pero dio una mucha pelea ante un conjunto de gran calibre y, más importante aún, sentó las bases para un club que fue uno de los principales protagonistas de la Liga del Pacífico en la década del 2010.
Por si eso fuera poco, en octubre de 2012 tuvo el increíble acierto de haber seleccionado a Shohei Otani en la primera ronda del Draft de la NPB, dando inicio a una de las sagas más trascendentes en la historia del béisbol profesional, no sólo en Japón sino a nivel mundial.
Originalmente, Otani tenía planeado irse directamente a las Grandes Ligas sin pasar antes por el béisbol japonés, razón por la cual pidió no ser seleccionado en el Draft de la NPB de 2012. Si algún conjunto lo elegía, iba a perder su tiempo porque él no firmaría con ninguno de ellos.
Casi todos los clubes locales respetaron su deseo, con la excepción de Nippon Ham, que liderado por Kuriyama seleccionó a Otani a último minuto y, como ningún otro conjunto lo hizo, ganó automáticamente los derechos para negociar con él.
Otani estaba furioso y confirmó que no firmaría con Nippon Ham, pero su padre lo convenció de al menos escuchar la oferta del equipo antes de rechazarla y Kuriyama, demostrando unas dotes diplomáticas envidiables, se encargó del resto.
Kuriyama convirtió a Otani en un pelotero de doble rol
Su oferta a Otani fue tan sencilla como contundente. Primero, le dijo que ellos estaban al tanto de que él quería irse a la MLB y le explicó que ellos no querían evitar que lo hiciera, sino sólo ofrecerle un camino distinto para llegar al mismo destino.
Segundo, le ofreció darle el uniforme número 11 que el club había retirado temporalmente después de la partida de Yu Darvish y, tercero, y más importante de todo, le prometió utilizarlo como un jugador de doble rol: abridor y bateador designado.
Los 3 puntos tuvieron un gran impacto en Otani, especialmente el último, ya que esa era una oferta que jamás hubiese recibido en la Gran Carpa, donde los equipos lo querían sólo como lanzador y no tenían planes de dejarlo batear.
Una vez convencido Otani, Kuriyama tuvo que concentrar sus esfuerzos en convencer al resto del béisbol japonés de que utilizar al joven talento en dos roles distintos era una buena idea, cosa que no fue nada sencilla porque la oposición a esa movida fue dura y ruidosa.
No obstante, después de un primer año de ensayo y error en 2013, Otani comenzó a brillar en sus dos roles en 2014, cuando se convirtió en el primer pelotero en casi 100 años en sumar 10 victorias como lanzador y 10 jonrones como bateador en una misma temporada.
La arriesgada apuesta de Kuriyama pagó todos sus dividendos en la campaña 2016, cuando Otani dejó un récord de 10-4 y una efectividad de 1.86 en 20 aperturas como abridor y además bateó para .322, con 22 jonrones y 67 empujadas en 104 juegos como designado.
Esos números lo llevaron a ser nombrado Jugador Más Valioso de la Liga del Pacífico y a ser seleccionado al Equipo Ideal del circuito como lanzador y designado, que es algo que nunca había ocurrido antes. De hecho, los periodistas locales pidieron cambiar las reglas para hacerlo posible.
Esa mágica campaña de Otani llevó a Nippon Ham a ganar el título de la Liga del Pacífico y también la Serie de Japón en 2016 y consagró a Kuriyama como el manager del año en la NPB y uno de los estrategas más astutos de la pelota nipona.
Kuriyama se convirtió en el manager de Japón en diciembre de 2021
La partida de Otani a la MLB en 2018 y el descenso en el rendimiento de Nippon Ham en la tabla de clasificación convenció a Kuriyama a renunciar a su cargo luego de finalizada la temporada 2021, pero ese retiró le abrió las puertas de la selección nacional y le permitió hacer historia otra vez desde el banquillo.
Fue nombrado manager del Equipo Samurai el 2 de diciembre de 2021 con el objetivo específico de preparar al conjunto para el próximo Clásico Mundial, que había sido postergado de 2021 a 2023 debido a la pandemia.
La selección japonesa venía de ganar invicta la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio en 2021 y contaba con un sólido grupo de jugadores. Sin embargo, volver a ganar el Clásico requería la ayuda de los japoneses que estaban activos en las mayores, que no participaban en el torneo desde 2009.
Por lo tanto, la primera movida de Kuriyama como manager de Japón fue, precisamente, reunirse con y convencer a los peloteros nipones que estaban en la Gran Carpa de participar en la cita y para ello viajó personalmente a los Estados Unidos en agosto de 2022.
Al final, sólo reclutó a 3 peloteros, pero los 3 fueron claves para el éxito posterior del equipo: Shohei Otani, Yu Darvish y Lars Nootbar, cuya madre es japonesa y, debido a ello, siempre tuvo el sueño de representar a Japón en un torneo internacional.
Esos 3 refuerzos fueron suficientes para armar un equipo soñado y para que Kuriyama mostrara su astucia como estratega, ya que su roster no estaba repleto de nombres importantes sino de una excelente mezcla de veteranos con talentos emergentes.
El estratega se tomó incluso la molestia de entrevistar personalmente a varios de los mejores managers colegiales japoneses para escuchar sus consejos con respecto a disputar un torneo corto como el Clásico, ya que éstos cuentan con sobrada experiencia en ese departamento.
Lo más importante que escuchó de ellos fue algo muy sencillo: no esperar demasiado para hacer cambios, ya que un torneo corto no otorga el tiempo suficiente para corregir un problema importante, especialmente en juegos de muerte súbita.
Las decisiones de Kuriyama fueron claves para el éxito de Japón en el Clásico 2023
Teniendo eso en mente, Kuriyama brilló en esa área, especialmente en la semifinal ante México y la final ante los Estados Unidos, donde casi todos los cambios que realizó les pagaron frutos inmediatos y les permitieron ganar los 2 encuentros que le dieron a Japón el tricampeonato en la cita.
Otros managers han ganado muchos más títulos que Kuriyama durante sus carreras, pero el haber llevado a Japón a ganar invicto el Clásico Mundial 2023 y haber desarrollado a Shohei Otani, quien para muchos es ya el mejor pelotero en la historia del béisbol profesional, son logros muy difíciles de superar.
Mientras disfruta de su nuevo estatus de miembro del Salón de la Fama del béisbol japonés, Kuriyama, de 64 años, se mantiene trabajando en la gerencia de los Luchadores de Nippon Ham, donde ha ayudado a construir un equipo joven y talentoso que se mantiene como uno de los principales candidatos a ganar el título de la Liga del Pacífico en el futuro inmediato.
Incluso si ya no logra volver a hacer historia en el futuro como lo ha hecho hasta ahora, su aporte al béisbol japonés ha sido invalorable y merece sin duda alguna el puesto que se acaba de ganar en el panteón de los inmortales de la pelota nipona.












