
Por Katy López
Ver a padre e hijo militar juntos en el mismo equipo es poco común. En la duela, es algo que la NBA solo ha visto una ocasión con Bronny y LeBron James, quienes llegaron a de Los Ángeles Lakers para la temporada 2024-25.
Aunque difícil, hay más casos, en más deportes, que han presenciado cómo el sucesor al trono llega a la cancha, de la mano de su predecesor.
Uno de los sueños del ‘King’ en su renovación con los Lakers, consistía en recibir en el profesionalismo a su primogénito en la cancha. Así, Bronny quedó electo como pick 25 en la 2ª ronda en el Draft 2024 y el apellido “James” apareció dos veces en el roster del equipo.
En otras disciplinas, uno de los primeros casos oficiales sucedió hace más de 100 años en la National Football League (NFL). En 1921, Charlie y Ted Nesser se convirtieron en el primer dúo padre-hijo que jugaron a la par en los Columbus Panhandles.
En esta mención hay que acotar que Ted Nesser era además entrenador en el club, donde había muchos veteranos y pocos eran los jóvenes convocados.
Adicionalmente, se registraron dos en la MLB. En agosto de 1990, Ken Griffey y Ken Griffey Jr.compartieron vestidor en los Seattle Mariners. Ken padre ya tenía 40 años y buscaba dejar la Gran Carpa, aunque extendió su contrato únicamente para estar en el campo con su hijo.
Griffey Sr. disputó cerca de dos mil partidos en Grandes Ligas a lo largo de 19 campañas. Hasta hoy son la único combo con estas característica que conectó cuadrangulares consecutivos en un encuentro oficial.
Sucedió el 14 de septiembre de 1990, ante los California Angels, como 2º y 3er bat, de forma respectiva. A la postre, Griffey Jr. cerró su carrera en Las Mayores con 630 jonrones.
En el hockey sobre hielo, no se escribió un capítulo más de padre e hijo, sino de progenitor y sus dos descendientes. Gordie Howe duró 32 temporadas: 26 en la NHL y seis en WHL.
Cuatro de esos últimos años, los alineó con sus hijos: Mark y Marty, para los Houston Aeros, entre 1973 y 1977. Con el tiempo, Mark migró a la NHL y construyó su historia que le valió para ser inducido al Salón de la Fama en 2011.
En el fútbol hay más casos de padre e hijo en el mismo equipo
Se trata probablemente del deporte donde se han dado más oportunidades de reunir a padres e hijos bajo un escudo igual.
En selecciones nacionales se recuerda a los islandeses Arnor y Eidur Gudjohnsen, quienes enfrentaron a Estonia en 1996. En aquel entonces, Arnor cumplió 34 años y al cambio ingresó su hijo, Eidur, de 17.
En el 2013, Rivaldo, campeón del mundo en República de Corea-Japón 2002, el brasileño acompañó a Rivaldinho en el Mogi Mirim, de Sao Paulo, equipo de la 2ª división del Brasileirao.
Tras un breve retiro, Rivaldo regresó en 2015 para un segundo y último encuentro al lado de su vástago.
En 2008, Perú agregó a Juan Carlos y Carlos Alonso Bazalar. Los dos defendieron la camiseta del Cienciano.
Por su parte, México ha atestiguado algunos. En 2013, en el amistoso de Xolos de Tijuana vs América, Fernando Arce, de 33 años, salió de cambio por su sangre, Fernando David, de 17.
En noviembre de 2016, en Estados Unidos, Christian Giménez formó en un Cruz Azul vs Pumasy coincidió en el estadio con Santiago.
Esta experiencia es el encuentro que Cristiano Ronaldo y su pequeño desean lograr, pero habrá que esperar si el portugués puede extender su rendimiento hasta el debut de su primogénito.
En Olímpicos, también
En 2002, gracias a Venezuela, por vez primera padre e hijo compitieron en el mismo escenario, durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City, dentro de la actividad del luge.
Como beneficiarios del programa Solidaridad Olímpica de la Federación Internacional de Luge, encargada de apoyar a deportistas de países sin las facilidades de practicar ciertas disciplinas, Werner (de 48) y Christopher Hoeger (17) concursaron uno frente al otro como rivales.
En los resultados finales, Christopher ocupó el puesto 31 y Werner terminó en el 40. Pero esos números quedaban en segundo plano frente a lo que realmente ocurrió ese día.
Para los Hoeger, coincidir en la misma zona de salida de unos Juegos Olímpicos consistió un hito. Una experiencia marcada por el orgullo, la conexión familiar y la pasión en común a través del trineo.
Mientras que Nino Salukvadze y Tsotne Machavariani se convirtieron en los primeros madre e hijo que participaron en un solo país, Georgia, en Río 2016, en las pruebas de tiro deportivo.
Salukvadze, triple medallista olímpica y una de las tiradoras más destacadas de su nación, se clasificó en ese entonces a sus octavos Olímpicos —sumó en total 10— , dando continuidad a una carrera que comenzó en 1988. Primero con la Unión Soviética, luego en el Equipo Unificadoy posteriormente con los georgianos.
En Río, quedó fuera de la ronda final de pistola de aire a 10 m y 25 m, aunque se mantuvo como un símbolo de longevidad y espíritu deportivo. Especialmente, considerando que habían pasado 28 años desde su primera intervención olímpica.
Machavariani estuvo en pistola de aire a 10 m y pistola libre de 50 m masculina, marcando su debut. Aunque no avanzó a las instancias definitivas, el hecho de clasificarse fue significativo debido a su edad y a su progresión dentro del circuito.
No juntos, pero sí unidos
Hay atletas que quizás no compitieron al lado de sus mamás, pero sí estuvieron con ellas mientras estaban en los Juegos Olímpicos. Varias llegaron a la magna justa cuadrienal embarazadas.
El caso más reciente conocido, el de la esgrimista egipcia Nada Hafez, quien contendió en París 2024 con siete meses. Ganó su primer combate en el torneo de sable, pero cayó en los Octavos de Final.
La ciclista británica Elinor Barker clasificó a París, al igual que lo hizo en Río 2016 y Tokio 2020. Después de su segunda experiencia olímpica descubrió su embarazo, y aun así regresó para conquistar la plata en la persecución por equipos.
En Brasil se había colgado el oro en esa prueba. En tanto, en Francia añadió otro bronce en esa misma y una plateada más en madison. Ahora, en 2025, acaba de anunciar una pausa temporal a causa del nacimiento de su segundo bebé.
El caso más singular es el de la alemana Cornelia Pfohl. En Sídney 2000, la también medallista de plata en Atlanta 1996 consiguió el bronce, en el tiro con arco por equipos, con un embarazo que no pasaba el primer trimestre. Asimismo, en Atenas 2004 se presentó con siete meses de gestación.
La estadounidense Kerri Walsh, poseedora de tres oros y un bronce olímpicos en el voleibol de playa, tenía un mes de embarazo en Londres 2012. En esa edición retuvo por tercera ocasión consecutiva el oro, ¡y lo supo hasta que terminaron los Juegos!
Así son los casos de padres e hijos que, de una u otra forma, compartieron el escenario deportivo, como herederos del legado que construyeron con su talento y esfuerzo. Sin vivir a la sombra de su apellido, más bien en búsqueda de crear su propia identidad, en la cancha, el diamante, la duela o en los Olímpicos.
Via: olympics.com














