Antes de la salida de Cole del edificio el pasado viernes, se sentó vestido con un par de jeans, una camiseta y zapatillas tenis, para conversar con Lou Cucuzza, uno de los padrinos del clubhouse, mostrándole alegremente algo almacenado en su teléfono.

i-8

 

TAMPA, Florida. – El otro día, Gerrit Coleingresaba calmadamente al clubhouse del complejo primaveral de los New York Yankees’ por primera vez, mirando rápidamente las placas ubicadas encima de cada vestidor, con el fin de conseguir la correspondiente a su nombre y puesto. Los hermanos Cucuzza, Rob y Lou, toman las decisiones con respecto a dónde se sienta cada quién y estos le asignaron a Cole el vestidor previamente ocupado por Aroldis Chapman, quien, debido a su veteranía entre los lanzadores, fue mudado al puesto cotizado y espacioso que ocupó CC Sabathia durante varios años.

Cole se hizo con un muy buen vestidor, ubicado justo por debajo del televisor del clubhouse; algo bastante útil en los días de la “Locura de Marzo” del baloncesto universitario de la NCAA y, por cuestiones del azar, se encuentra justo al lado de un excompañero de sus días con los Pittsburgh Pirates, J.A. Happ. Cuando Happ se dirigió a su puesto, Cole le saludó alegremente, extendiendo su antebrazo, después de notar que ambos usaban el mismo modelo modesto de reloj.

En Pittsburgh, Happ y Cole eran compañeros a la hora de hacer ejercicios de atrapar, quienes compartían el diario ritual de lanzar una pelota de béisbol, y ahora están reunidos en esta actividad. Tal como bromeó Cole gustosamente, se siente aliviado de no ser aquél tipo a quien sus compañeros dejarán por fuera.

Mientras que los excompañeros de Cole, los peloteros de los Houston Astros, se encuentran pagando su condena en la prisión de las excusas al otro lado del estado, sentenciados a servir una pena indefinida de culpas y señalamientos; él se encuentra aquí, viviendo algo similar a lo que siente un estudiante universitario, emocionado en sus primeros días de clase, conociendo un nuevo lugar e invirtiendo su tiempo con un nuevo grupo de amigos.

Es importante aportar cierto contexto: Cole no formó parte del equipo de los Astros de 2017 el cual, según el informe de la Oficina del Comisionado publicado en enero pasado, se impuso a los Yankees en la Serie de Campeonato de la Liga Americana mientras participaban en una trama sistemática de robo de señas. Cole lanzó con Houston en 2018 y 2019. Cuando se le preguntó en la jornada del jueves al manager de los Yankees Aaron Boone si se necesitaba construir un puente que vinculara a Cole con sus nuevos compañeros; éste entendió mal la pregunta al principio porque, tal como aclaraba el estratega, dicho puente ya existe. Cole ha sido adoptado gustosamente por sus nuevos colegas en Nueva York.

El diestro se incorpora a los Yankees para convertirse, en teoría, en la pieza valorada en $324 millones que dará el acabado final para armar un equipo capaz de ser el primero en vestir el uniforme de Nueva York y gane una Serie Mundial desde 2009. Los Yankees cuentan con un bullpen dominante, su alineación fue líder de la liga en carreras anotadas el año pasado; pero Cole parecía ser la diferencia entre los Astros y los Yankees a la hora de los playoffs. El as del pitcheo, el abridor número 1 de la rotación. Actualmente, Cole es propiedad de los Yankees y usará la camiseta con el número 45. En lo que respecta al lanzador derecho, la carga de las expectativas (la llamada “Doctrina Steinbrenner”, cuyo axioma es “Ganar la Serie Mundial o morir”), no es pesada en absoluto.