Tres tienen contratos de ligas menores en los Estados Unidos y el  53% de las jugadas que se revisaron fueron ratificadas

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Los árbitros están expuestos al peligro en cada lanzamiento, en cada jugada de los partidos.
Por Napoleón Pérez Neró

SANTO DOMINGO.- Son empleados informales de pagos magros en un negocio millonario, tienen autoridad para influir en el ánimo de millones se seguidores a quienes poco les importan y su trabajo suele pasar inadvertido, aunque nunca salen de la diana. Están expuestos a humillaciones, frecuentes acusaciones infundadas, falta de respeto desde el terreno hasta las gradas y su seguridad peligra en cada juego. Rara vez tienen algo que decir a los medios.

Desde que la pelota dominicana estrenó las luces del Quisqueya (1955-56) y el otoño-invierno como temporada requirió de árbitros estadounidenses.

Pero la Lidom lleva 15 años coqueteando con quitarse la carga económica que representa la importación de ese recurso humano y el experimento más reciente navegaba sin contratiempos hasta que el round robin ha apretado y hay que buscar responsables por derrotas definidas por pulgadas.

Ya la campaña 2004-2005 (en época donde Águilas-Licey monopolizaban las coronas y las pasiones desbordaban) se jugó con árbitros nativos; en la 2012-2013 se inició, aunque 45 días después hubo que traer “refuerzos”, pero en la 2016-2017 se completó el calendario solo con dominicanos.

Esta vez hubo razones de “pesos” para irse todo el camino con criollos. En época de vacas flacas el precio de un norteamericano ya supera los US$150 por encuentro, más otros US$40 de dieta, sumado al pago de hospedaje, transporte y gastos de salud. En la Liga dicen que cuesta “una millonada” traerlos.

Los criollos están divididos en categorías A, B y C por el desempeño y experiencia y ganan de acuerdo a si trabajan en el home plate o en las bases. Un A devenga RD$3,000 si trabaja un partido en el plato y RD$3,100 si es en las almohadillas, el B gana RD$3,300 y RD$2,800 y el C RD$3,000 y RD$2,500.

La presencia de Ramón Ferrer, que el curso 2019 trabajó en 47 partidos de las Grandes Ligas y ya acumula 89 desde 2016, y Hardle Acosta, con cuatro años en ligas menores, eleva la calidad del arbitraje, que el curso pasado jubiló a un grupo de veteranos.

El desempeño de Félix León le valió para obtener una beca y partió el 27 de diciembre a los Estados Unidos a tomar un entrenamiento que lo puede convertir este 2020 en el tercer umpire criollo en tomar parte de la antesala ligamayorista.

Tres de los 17 jueces que han visto acción en el actual torneo fueron contratados para fungir en el preolímpico de América que tendrá lugar en Mesa, Arizona, en marzo.

El balance

En la Lidom hay un balance positivo y el incremento de críticas de fanáticos, jugadores y técnicos lo atribuye a la fase del campeonato donde el margen de error es menor para determinar los finalistas y el campeón.

Y las revisiones de las jugadas también arroja un saldo favorable para los jueces. El 53% de las jugadas que fueron llamadas a revisión ratificaron la decisión original. En Grandes Ligas, que implementó el sistema en 2014 con una inversión de US$10 millones en la tecnología que la soporta, fue el 51% en 2018.

En la serie regular hubo 165 jugadas llamadas a revisión y solo en 77 se revirtió la llamada original.

Más allá del incidente donde Junior Lake intentó agredir al árbitro de home en la primera semana (que le costó una suspensión de cinco partidos y RD$50,000) los darnos no habían apuntado a los de camisas negras.

Pero la semana pasada la corriente de señalarlos tocó su punto más alto y la Lidom tuvo que imponer multas de RD$50,000 a los cubanos aguiluchos Yunesky Maya y Rangel Ravelo, además de advertir al manejador de las redes sociales del equipo amarillo y al médico. El sábado se lanzó una advertencia por intercambios de palabras de jugadores de los Toros en el partido del viernes contra el Escogido, por lo que Félix Pié y Fernando Abad fueron citados a la oficina del parque Quisqueya.