La esbelta morena dejó en su vertical trayectoria una estela de admiración y respeto por su grandeza, armonía, comunicación y amor al pabellón patrio.

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Miguelina Cobian/ Foto: Armando Hernandez
Por José Francisco Reinoso Zayas

LA HABANA, Cuba.- LA PRENSA deportiva nacional la calificó como la gacela oriental por su explosividad y rapidez en las pruebas de 100, 200 y en el relevo 4×100 metros, y también debido a su lugar de nacimiento en el municipio Songo-La Maya, de Santiago de Cuba. Su nombre y apellidos: Miguelina Cobián Hechavarría.

Cuando tenía 18 años de edad en 1959 (nació el 19 de diciembre de 1941), el famoso corredor checo Emil Zapotek captó a la espigada morena en su terruño natal y la trajo para La Habana con el fin de entrenarla en la Ciudad Deportiva capitalina.

Tuvo rápido crecimiento en el orden cualitativo y debutó internacionalmente en los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (JDCAC), en Kingston, Jamaica 1962, competencia en la que logró medallas de oro y de plata en las pruebas de 100 metros y el relevo corto, respectivamente.

Actuación perfecta desarrolló en las subsiguientes dos citas regionales de Puerto Rico 1966 y Panamá 1970 con seis títulos dorados en total al intervenir en sus tres modalidades preferidas en cada una de las lides.

Hace un trienio, cuando recordó su rendimiento en la tierra del Borinquen, con motivo del 50 Aniversario de la victoriosa delegación cubana que defendió el derecho de nuestro naciente movimiento deportivo a participar en el certamen multideportivo, declaró a la Televisión nacional para el Documental La Epopeya del Cerro Pelado: “Yo fui como abanderada con la responsabilidad de salvaguardar la enseña nacional a como diera lugar pues nos la querían arrebatar.

Llegamos, competimos y gané. Cumplimos con todos, con la Patria, Fidel, el pueblo que siempre creyó en sus deportistas y con la familia”.

De igual manera sobresalió Miguelina en dos citas continentales, las de Sao Paulo, Brasil en 1963 y en Winnipeg, Canadá en 1967, con tres medallas de plata en la competencia del país suramericano y oro en el relevo 4×100, plata en 100 metros y bronce en 200 durante el certamen de la nación en el norte de América.

La distinguida atleta se erigió en la primera cubana en acceder a una final olímpica con un quinto lugar en el hectómetro de la Olimpiada de Tokio, Japón, en 1964 y cuatro años después, además de ocupar el octavo lugar en los 100 metros de los Juegos Olímpicos de México, alcanzó la gloria del podio con la medalla de plata como integrante del relevo junto a Fulgencia Romay, Violeta Quesada y Marlene Elejalde.

Otros éxitos conquistó la espigada deportista, con seis nuevos títulos en competencias de la velocidad, correspondientes a la Confederación Centroamericana y del Caribe de Atletismo (Cacac).

Tales resultados convirtieron a Miguelina en la principal figura femenina del deporte cubano en la década de los 60 del siglo XX, con muchos reconocimientos, entre ellos, la selección varias veces como atleta Destacada de Cuba y  también de América Latina, en la encuesta anual de la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina.

Una lesión le impidió intervenir en los Panamericanos de Cali, Colombia, en 1971 y en la Olimpiada de Múnich, Alemania, en 1972, lo que determinó su retiro del deporte, pero no de la actividad pues trabajó con atletas escolares y juveniles hasta su jubilación.

Sin duda, Cobián ha constituido un baluarte del deporte cubano y dos hechos internacionales así lo confirman: en 1982, con motivo de los multideportivos centrocaribes efectuados en La Habana, fue seleccionada para integrar el Comité de Honor y en el año 2005 la exaltaron al Salón de la Fama de la Cacac.

La esbelta morena dejó en su vertical trayectoria una estela de admiración y respeto por su grandeza, armonía, comunicación y amor al pabellón patrio, al pueblo cubano, la familia y los deportistas de diferentes disciplinas que apreciamos en ella un ser extraordinario.

Hoy, cuando acompañamos con dolor a esa extraordinaria velocista en su despedida física, luego de luchar durante años contra una penosa enfermedad, todas y todos, junto a las glorias deportivas y el pueblo, trasmitimos nuestras condolencias a los familiares y entre aplausos, cariño y admiración damos el último adiós a la Gacela del movimiento deportivo cubano.

Vía: JIT